martes, 10 de julio de 2018

Maturità vs. Selectivitat

Para adquirir consciencia del lodazal educativo en el que año tras año nos vamos hundiendo más y más sólo hay que descargar de Internet la prueba de matemáticas de la Maturità italiana:

https://www.blitzquotidiano.it/wp/wp-content/uploads/2018/06/liceo-scientifico-seconda-prova-matematica.pdf

Y compararla con su equivalente catalán, la prueba de Matemàtiques de la Selectivitat de Catalunya:

http://universitats.gencat.cat/web/.content/01_acces_i_admissio/pau/documents/examens_2018/pau_mate18jl.pdf

Mira que en Catalunya tenemos expertos educativos para parar un tren (y ojalá se intente algún día), mira que disponemos del mayor número de gurús pedagógicos por metro cuadrado de toda Europa, pues tú descuida que no los compararán, no.

Porque es para ponerse a llorar.

La prueba de matemáticas de la Selectividad de Catalunya no tiene más objetivo que el de reducir, año tras año, su contenido y ser año tras año un poco más fácil que el anterior, todo para para mantener de forma totalmente artificial unos resultados superiores (o al menos iguales) que el año anterior. Por la política. Por la puñetera política.

Y puesto que el temario no se puede reducir ya más porque es sencillamente imposible (hace años que fueron desterradas la probabilidad, la estadística, la trigonometría, la geometría en el plano...). Los pobres comisarios políticos responsables de dicha prueba no saben ya qué inventar para hacerla aún más fácil. La última tendencia son los problemas "comprueba que...". En la historia de las matemáticas han existido los problemas "demuestra que..." o "calcula el...". Ahora nos hemos inventado el "comprueba que...", que es el fraude más vergonzoso que se puede hacer a un estudiante de matemáticas. Por ejemplo, en el problema 6 se presenta un sistema de ecuaciones en forma matricial, se da su solución y se pide "comprobar que, efectivamente, los valores propuestos son correctos:

En España se realizan 17 exámenes diferentes de matemáticas. Cada región, comunidad autónoma, nación o república en vías de desarrollo hace el suyo, específico, diferente, distinto ¿Y todo para qué? Para regalar puntos. Para inflar artificialmente los resultados (En Catalunya estamos en un 97% de aprobados). Porque ningún territorio quiere quedar por detrás de los demás en los medios de comunicación. Los resultados son falsos, todo el mundo lo sabe, pero todo el mundo calla...

También sabíamos hace quince años que la burbuja inmobiliaria en España explotaría tarde o temprano, pero preferíamos vivir en la fantasía, en la mentira. También todo el mundo callaba.

Y porque los expertos pedagógicos, que son perfectamente concientes de esta mentira educativa, son (por increíble que parezca) los responsables de alimentarla más y más cada día, porque se lucran de ella, porque viven de ella. No me cansaré nunca de denunciarlo: Los expertos educativos y pedagógicos, auténticas garrapatas, son los máximos responsables de la degradación de nuestro sistema educativo, y algún día deberán ser juzgados y condenados por su crimen.

Mientras tanto, en Italia, un mismo examen de matemáticas evalúa a medio millón de estudiantes al final de su etapa pre-universitaria. Un mismo examen de Turín a Palermo. Una prueba de matemáticas que dura seis horas, una prueba sólida, exigente, reflejo inequívoco de un sistema educativo serio.

Los jóvenes catalanes son tan válidos y tan competentes como los italianos, y no se merecen una selectividad mediocre, reflejo de un sistema educativo mediocre dominado por la casta política más mediocre de Europa.

sábado, 23 de junio de 2018

Lenguaje parlamentario (La Vanguardia, 23/6/1918)

La vida política

(La Vanguardia, 23 de junio de 1918, página 10)

La actividad del actual gobierno es realmente excepcional; en todos los Consejos de ministros se aprueban proyectos de verdadera trascendencia y sobre materias diversas, algunas tan complejas como todo lo que a la enseñanza pública se refiere. No hay punto importante de la administración pública en que el actual gobierno no haya puesto su mano; en los cuerpos colegisladores están los frutos de su labor y muchos de estos planes ea las Cortes morirán sin discutirse por efecto de los vicios de nuestro régimen. En esto no tenernos remedio posible; con la reforma última del reglamento y con todas las que se intenten ocurrirá lo mismo; no están en las leyes los medios de cortar añejos vicios, sino en las costumbres que no queremos reformar de modo alguno. Los proyectos de ley se discuten largamente ó mejor dicho ocupan mucho tiempo a los señores diputados porque una cosa es discutir y otra pasar el rato. Además las minorías siguen entendiendo su papel en un sentido negativo; hacer la oposición no es proponerlas mejoras que se juzguen oportunas en los proyectos que el gobierno presente, sino combatir al gobierno y al régimen a propósito de todos loa asuntos y con los motivos menos adecuados a este efecto.
En las discusiones relativas a Marruecos y a las reformas militares se han producido ya desde los bancos do la izquierda violentos ataques contra la Corona, achacándole responsabilidades que ni teóricamente ni prácticamente puede tener. Para esto se proclama y defiende esa inmunidad del diputado de que tanto hemos hablado últimamente. Es verdad que en una de las últimas sesiones el diputado socialista señor Prieto ha dicho dirigiéndose al señor La Cierva: «Siento no poder usar aquí el lenguaje que se emplea en la calle». Es una queja que pinta una época parlamentaria; echar de menos el lenguaje callejero para discutir; sentir tener que guardar las escasas formas de corrección que en nuestro Parlamento se emplean es tener una idea de la representación nacional excesivamente avanzada.



Creemos que tarde ó temprano este bello ideal del diputado socialista se verá cumplido y que se prescindirá de convencionalismos tan interesantes como la buena educación en las polémicas; la energía de la frase se confunde muchas veces con la grosería y el que no tiene medios de hacer un discurso notable por las ideas lo puede hacer inolvidable por los insultos. Algo de esto verifica cierta parte de la prensa radical y asi esta segura del aplauso de las personas de gusto detestable. Convertir el Parlamento en club tiene de bueno que aumenta la concurrencia a las tribunas y hasta llena de curiosos la calles adyacentes al Palacio de las Cortes, Las sesiones en que sólo se cruzan razones de banco a banco son sesiones de una sosería lamentable; cuando se cambian injurias, el espectáculo se anima y la tarde se pasa alegremente.
Como complemento a la singular inspiración del señor Prieto, acerca del lenguaje parlamentario, el señor Domingo contestando a una interrupción del presidente, ha dicho en la sesión del jueves: —«Yo hablo para la calle»—lo cual revela una extraña persistencia en convertir el salón de sesiones del Congreso en algo que se asemeje al mercado de verdura de la plaza de la Cebada. No quiere todo esto decir que los radicales de la izquierda desean que se ponga coto a la retórica parlamentaria; ¡ojalá fuera este su empeño! lo que quieren es substituir a las imágenes  y metáforas de la preceptiva vigente, la frescura y desvergüenza de la retórica callejera que tiene sus frases hechas, encanto de la chulería madrileña y del pueblo inculto de todas partes. ¡Para qué eufemismos! Las cosas claras y entiéndase que por cosas claras queremos decir cosas injuriosas y ofensivas para el adversario, para sus opiniones y para todo lo que haya de respetable en un país.
Este método de expresión tiene su público. En París,donde han tenido su asiento todas las extravagancias y todos los refinamientos del bueno y del mal gusto, había antes de la guerra un café de varietés denominado Cabaret des truands, dedicado a satisfacer este deseo de emplear el lenguaje violento y grosero.
Entraba el parroquiano, tomaba asiento y el mozo se le acercaba para decirle: ¿Qué quiere usted tomar, grandísimo canalla? -Tráigame un bock, cara de animal, —contestaba el cliente.— Pero so burro, dígame si lo quiere grande o chico para poder servirlo —replicaba el camarero.— Cuando no se detalla se trae chico, estúpido — aducía el cliente.—Pues el ladrón del amo nos manda que los sirvamos grandes— añadía el sirviente.—El amo es un ex presidiario como tú; todos los de esta casa sois una colección de asesinos.
Y asi continuaba la conversación con gran contentamiento de los oyentes y de los actores que hacían lo posible por alcanzar el titulo de campeones de la injuria, de la insolencia y de la grosería. Hay gustos para todos en este mundo. Pero ¿qué pasaba en la calle para la cual hablaba el diputado republicano acusando a la Corona de hechos de los que legal y lógicamente es irresponsable? Pues, poca cosa; que se acababa el carbón y que se anunciaba otra nueva subida de ese pan acomodado en su peso al sistema métrico municipal que no concede al kilo más que ochocientos gramos. Es de suponer que ese pueblo de la calle para quien pretenden hablar socialistas y republicanos, esté más interesado en la escasez y subida de los artículos de primera necesidad que en las formas del lenguaje parlamentario. Este kilo misterioso, este kilo madrileño que disminuye paulatinamente en gramos y que aumenta sucesivamente en precio, preocupa más a los trabajadores que las teorías de Karl Marx, aunque otra cosa crean los republicanos y socialistas del Congreso y es una preocupación para el pueblo muy superior al lenguaje que se emplee en el Parlamento para combatir a los ministros.
Y pasaba más fuera de las Cortes mientras el diputado republicano proclamaba solemnemente que él hablaba para la calle y se rebelaba contra los toques de la campanilla presidencial; pasaba que ese monarca a quien injustamente, irrespetuosamente se atacaba, recibía a una comisión de trabajadores, de los que trabajan, en su real cámara; les daba democráticamente la mano; les excitaba a la unión; hacía votos porque consiguieran la realización de sus aspiraciones; les recomendaba la práctica dé las medidas que aconseja la previsión y les ofrecía su apoyo para el logro de sus legítimos fines. Y los obreros entendieron y agradecieron el lenguaje del monarca, esos obreros a quienes sus apóstoles creen tan incultos que no pueden comprender más idioma que el de la injuria y el odio.
Es un contraste digno de anotarse y una lección que no sabernos si aprovechará a esas clases a quienes se hace creer que sólo colaborando en favor de la causa republicana se venderá el pan barato y llegará la carne a todos los hogares. Continuemos los ensayos de un nuevo método de discutir para poder apreciar sus resultados brevemente; pero sospechamos, con permiso de los Quintilianos callejeros, que por decir media docena de groserías a los ministros y unas cuantas injurias a los calificados de burgueses, ni va a aumentar la cosecha de cereales, ni los señores ingleses y norte-americanos nos van a dar mas carbón que el que les venga en gana y a cambio de los productos que consideren necesarios para su existencia.

EMILIO SÁNCHEZ PASTOR

jueves, 21 de junio de 2018

Encuentros en la tercera frase (1)

En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo. 
SEPULTURERO en Luces de Bohemia

Algunas historias exigen cierta geografía previa. Badalona es una ciudad con apartheid casi pertecto delimitado por el Carrer Antonio Bori, el Pavelló Olímpic y la parada de metro del Born. Al Norte, la zona de los blancos, es decir, de los catalanes, de los “BTV” (“Badalonins de tota la vida”). Al Sur, la zona de los negros, es decir, de los charnegos, los charnegros. El Romo es un negro que vive en la zona de los blancos, en una bonita casita de planta baja del carrer La Lluna, con “badiu” (Patio trasero) i “micaquer” (nisperero). Y se expresa normalmente en catalán, la lengua de los blancos. El Romo está plenamente integrado en la vida de los blancos.

Esto ocurrió hace unos quince años. El Romo pasea por el centro de Badalona, y se le acerca una conocida, seguramente del trabajo.

CONOCIDA: Hola Gerard! Com estàs?
EL ROMO: Aquí passejant.

El Romo no sabe quién es esa buena señora pero lo disimula pues supone que no durará mucho la cosa. Pero se equivoca. Aquella señora, aún no sabe a santo de qué, tiene una proposición que hacerle. Le propone, con toda la ilusión del mundo, que se apunte ÉL a no sé qué asociación de por ahí para personas que COMO ÉL, han abandonado la lengua castellana de sus padres para adoptar como propia la lengua catalana.

EL ROMO: No gràcies, no m’interessa.

EL ROMO Se la quita de encima con esta o cualquier frase evasiva. Sigue su camino, entre turbado y humillado.

EL ROMO siempre conservará este recuerdo acompañado de la fantasía de haberle clavado un palillo de dientes en un ojo. ¿Quién narices era aquella mujer? ¿De qué me conocía? ¿Realmente existía una asociación así? ¿Se puede cambiar de lengua como se cambia de equipo de fútbol? Y sobre todo ¿De dónde había sacado aquella mujer que YO había abandonado la lengua castellana?

Tú ríete, pero he hecho números y he deducido que fue por aquel entonces, en la ciudad vecina, en Santa Coloma, cuando a otro charnego, “EL RUFIÁN”, alguien le hizo la misma propuesta. Y él dijo que sí, y ahí lo tienes, sólo por decir que sí, quince años después, de diputado en Madrid por ERC, de la mano del diputado blanco Tardà, pero sacándose sus buenos 5000 euros mensuales, plenamente realizado en su condición de mono amaestrado charnego del independentismo. Sólo por esto. Fue una buena época para los charnegos.


MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.
DON LATINO: ¡Miau! ¡Te estás contagiando!
MAX: España es una deformación grotesca de la civilización europea.
DON LATINO: ¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX: Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

(Luces de Bohemia)

miércoles, 20 de junio de 2018

Reválidas, Bachilleres y Bachillerías (Julio Borrell)

ASPECTOS
Las tesis doctorales

(La Vanguardia, 19 de junio de 1918, página 8)

Ha aparecido en la Gaceta un real decreto restableciendo las tesis doctorales. Esta disposición, que no tiene nada de inesperada, hará recordar a los que estén en antecedentes uno de los más cariosos episodios de nuestra política y nuestra administración de Instrucción pública: la llamada cuestión, de las reválidas. Digo recordar porque las cuestiones de instrucción pública se olvidan pronto y preocupan poco, y a corto número de personas. No hay que fiarse de los tópicos retóricos, de la cultura y la instrucción que suelen  sembrarse en discursos políticos y artículos periodísticos. Son pura bambolla casi siempre. No responden, por lo general, ni a un entusiasmo sincero ni a un razonado conocimiento de estos problemas.

Un buen día, como dicen algunos traductores del francés, el señor Burell salió con un decreto suprimiendo los ejercicios de reválida en general, desde el grado de Bachiller al de doctor. La razón en que, al parecer se fundaba el autor de la inopinada reforma, era que los ejercicios de reválida significaban una innecesaria, duplicación de pruebas, ya que existían exámenes  de asignaturas. No pensó, sin duda, que aún admitido el supuesto de esa equivalencia y esa duplicidad fie pruebas, quedaba una cuestión previa por resolver: la de si sobraban los exámenes de asignatura ó los ejercicios de grado. Una investigación siquiera elemental, de los sistemas de pruebas académicas establecidos en los cultos; un momento de meditación sobre lo que representa una asignatura y lo que representa un título académico o declaración de capacidad profesional hubiera conducido al claro entendimiento del señor Burell a la conclusión de que, de suprimir algo, lo racional era suprimir los exámenes de asignaturas. No hubiera dictado el decreto. Por falta de estas precauciones lo dictó, pensando acaso que iba a granjear el aplauso público y hasta a favorecer a la enseñanza.  Tengo por muy probable que no tardó en arrepentirse  de su iniciativa (¡peligrosa palabra!) y que si hubiera podido revocar la disposición, sin parecer que daba su brazo a torcer, sin confesar el error, lo hubiera hecho do muy buen grado.

La Universidad de Madrid protestó airadamente y a su protesta se unieron la mayoría de las otras Universidades si no todas. Empezaron a surgir dificultades prácticas. El decreto, además de acusar un gran desconocimiento de la cuestión, infringía la Ley de Instrucción pública, infringida en verdad por casi todos los ministros, mas que en esta ocasión tuvo valedores que salieran por su marchita y cien reces esquilmada doncellez. Los doctores que, al amparo del decreto habían sacado el título, como se puede sacar la cédula, se encontraron con que eran tenidos por doctores de segunda clase. Algunas universidades les negaron el derecho a figurar en los claustros doctorales; en algunos tribunales de oposiciones el  hecho de ser doctor no revalidado, se consideró como nota de inferioridad en la carrera. Con todo, el decreto seguía vigente,  aún después de salir del gobierno el señor Burell, por el temor de que los estudiantes promoviesen algaradas si se restablecían las reválidas de los grados inferiores, no la de doctor a la que espontáneamente se iban sometiendo los estudiantes  del doctorado, para no ser considerados el día de mañana como doctores legos.  Las protestas de la Universidad dormían en las mesas del ministerio. El aplazamiento es una delas armas y uno de  los procedimientos  de la Administración, aunque no esté en los reglamentos del  procedimiento administrativo. Por fin, el señor Rodés, que en el poco  tiempo que desempeño el ministerio de Instrucción pública demostró tener más hechura de ministro que la mayor parte da sus predecesores, envió al Consejo de Instrucción pública la protesta universitaria. El Consejo, reducido a una sombra, por el señor Burrell, había permanecido silencioso e inmóvil, en medio de la protesta contra la supresión de las reválidas. Mas al serle comunicada la reclamación universitaria procedió con diligencia y acierto. Se nombró una comisión compuesta de tres eminentes profesores: Ramón y Cajal, Azcárate y Carracido y dio dictamen favorable al restablecimiento de las reválidas, inmediato en las  del grado de doctor; sometido a una información universitaria previa y a una reorganización general de las pruebas académicas en lo tocante  a las licenciaturas y demás grados o títulos de carreras y enseñanzas.

De acuerdo con la primera parte de este dictamen, se acaban de restablecer las llamadas tesis doctorales, que mejor que tesis se deberían llamar Memorias  o trabajos doctorales, ya que el nombre de tesis responde a la tradición escolástica de una argumentación en favor o en contra de ciertas proposiciones, mientras que en los trabajos científicos modernos la investigación y la crítica son dos de los grandes fines, no la habilidad dialéctica.

Repito lo que decía al principio. La cuestión de las reválidas es un episodio muy característico, muy típico de nuestra Administración de Instrucción pública; de los im promptu y las inspiraciones de los ministros, de las Ninfas Egerias de pocas letras, de lo desacostumbrado que es enterarse y hacerse cargo, porque lo mismo que el señor Burell, han hecho muchos, aunque él haya llegado a ser una figura representativa. El preámbulo del decreto del señor Alba, lleno de eufemismos y de circunloquios , para no molestar al señor Burell  (que es el primer convencido de que lo de las reválidas fue un mal paso) muestra que un error es mucho más fácil de cometer que de enmendar. El error se comete de una plumada, en un instante, es como una alegre pirueta del absolutismo ministerial. La enmienda, necesita muchos rodeos, muchas precauciones, basta si me apuran muchas protestas, de que el disparate que se va a enmendar fue una cosa muy bien hecha. Y hay quien piensa que el principio de autoridad padece si no se sostienen con toda energía las equivocaciones.

ANDRENIO




Bachilleres y bachillerías

(Un artículo periodístico de Julio Borell, fecha desconocida)

De todos nuestros hombres políticos solo recuerdo uno con quien jamás haya tenido el honor de cambiar palabra ni saludo. El personaje político es el Sr. Groizard, ministro de Fomento. Alejado de España en altos puestos diplomáticos  allá por la época en que algunos jóvenes demócratas y liberales hiciéramos nuestra entrada en la vida parlamentaria, solo he podido conocer al Sr. Groizard por su fama de jurisconsulto, y ahora más recientemente por sus discutidas reformas.
Mi aplauso y mi cooperación modesta a la obra importantísima del Sr. Groizard son bien espontáneos, como lo es también mi convencimiento, origen a su vez de tal aplauso y de aquella entusiasta cooperación. Las honrosas menciones que de escritos míos defensores del decreto  Groizard hacen catedráticos y publicistas distinguidos en periódicos y en revistas, me confortan contra la incertidumbre. Los partidarios de las reformas van siendo ya legión, y eso que amenazaban los enemigos con dejar tamañiito al ejército de Jerjes.
Claro está que los profesores van por un lado y que por otro marchan los padres de familia, a todo trance empeñados en sacar bachilleres como quien saca pollos de una incubadora industriosa.
Pero por lo mismo que la lucha se determina bien en sus caracteres esenciales, adviértese consoladoramente como con la ruidosa batalla solo se esgrimen por los enemigos de toda saludable y científica transformación las arenas mohosas del utilitarismo y del interos privado, por completo ilegitimas y desdeñables cuando, como ahora, resulta planteado con valentía el problema de la educación, grave para la ciencia, importantísimo para la cultura nacional.
"Vuestros hijos no serán  bachilleres hasta los diez y seis años". "Las matriculas van a costamos un sentido", y no dicen más las votes que pro-testan; si dicen algo mas es para mostrar algún nuevo flaco, algún prurito  de simonía para con la ciencia: —Las asignaturas son muchas; los chicos que van al Instituto en busca de un titulejo fácil, que necesidad tienen de saber Derecho usual ni Estética, ni sistemas de filosofía, ni Historia de la literatura?
¿Qué falta le hace a un bachiller una Teoría sobre el Arte?
¡Claro! Para los abogados de secano y pan los médicos actuantes in anima vili; para la microbiada universitaria que, tarde o temprano, se extiende por el campo de cultivo de las oficinas públicas, con saber garrapatear una firma al pie de una nómina ya huelga toda la ciencia de todas las Salamancas pretéritas y de todas las Sobornas presentes.

***

El Sr. Groizard, con un decreto que no es la perfección ni cosa que a la perfección se acerque; con una reforma que para mí tiene el grave defecto del dualismo científico haciendo bachilleres en ciencias morales y en ciencias físicas, como si tales clasificaciones y apartijos pudieran responder a la enseñanza integral; el señor Groizard, "precipitando un poco los acontecimientos", ha realizado, sin embargo, una obra de gran trascendencia en aquello que su decreto tiene de arranque y decisión pan cortar la anémica cabeza a la vieja enseñanza ritualista, burocrática, mecánica y estéril.
La rutina y la comodidad han recibido un golpe terrible, y al golpe han quedado de una vez y para siempre en desnudez que pide detentes vestiduras.
La Memoria y el librejo aparecen ya en muy secundario lugar. El mísero recitado estudiantil y la tarea nada elevada ni nada trascendente del profesor, reducido a la sinecura de oír con el libro de texto a la vista y de señalar pan el día siguiente la copia y la canturia de otra lección, no van a ser ya procedimientos y métodos de usual y corriente empleo.
El catedrático tendrá que educar; el catedrático tendrá que asistir lentamente en uno y otro curso al desarrollo intelectual del alumno, a la fructificación de las semillas arrojadas sin precipitaciones al surco... Los cuatro o cinco cursos a que son ya de hoy en adelante "dosificadas", metodizadas y organizadas las materias de enseñanza requieren una gran vocación en el profesor y un cuidado de todos los días.
Ya no será posible acabar las asignaturas de un "golletazo", ni catedrático y alumno se perderán de vista de pronto y pars siempre, sin que entre uno y otro quede lazo moral ni comunicación intelectual posible.
Lo que el Instituto y la Universidad deben tener de hogar y prolongación de la familia, lo que da fuerza y carácter al estudio, la persistencia y la unidad, son condiciones imprescindibles en la nueva organización, y este es el gran paso y el gran triunfo del Sr. Groizard.
Es evidente que los padres, deseosos de "sembrar bachilleres para recoger empleados", hallaran en todo esto mucho de música celestial y no poco de música wagneriana.
Los alumnos con ocho o diez altos no son tampoco gran voto en Ia cuesti6n; estos profesores (que si pueden serlo) divídanse en dos bandos:  unos toman las cosas de la enseñanza en serio, y dicen: "Ese es el camino señalado al decreto Groizard", y otros, con toda su alma y con encantadora bonhomie, dicen por lo bajo y aun por el registro agudo: "iVaya  por el señor Groizard, y cerno nos ha reventado, cargándonos de materias que maldito si nos han vuelto a preocupar desde que cogimos Ia  cátedra y escribimos el socorrido y piadoso libro de texto!"
Aplauden generalmente los jóvenes pan quienes todavía la cátedra no se ha convertido en tienda de retazos y desechos de ideas. Se ríen de  la "ocurrencia del Sr. Groizard" y se indignan contra ella (dómines y aventureros de Ia enseñanza, que, sin ocasión ni continuidad de pensamiento y cultura, ven en el Instituto o en la Universidad una oficina del Estado donde, ¡qué demonio!, se cobra poco; pero lo que se cobra es el precio de una media hora de científico chirigoteo.
Entre unos y otros, el Sr. Groizard aparece con la nobilísima aspiración de colocar la balanza en el fiel; y aunque no hay fidelidad posible en balanza humana, basta la intención para ganar el espíritu de justicia.
Ha transigido ya el Sr. Groizard en cuanto podía transigir; los "famosos derechos adquiridos" (no ha habido nunca tales derechos ni tales moutons), a salvo se encuentran con el decreto
Quede, pues, por entero el trabajo de organización definitiva de la reforma. Flaquear ya en ello sería renunciar a otra más grande y, sin duda, más urgente: a la de la Enseñanza primaria, que es nuestro escarnio y nuestra picota.

viernes, 15 de junio de 2018

17 pruebas de matemáticas y un poco de estadística

Dentro de cien años los historiadores lo tendrán realmente fácil  para explicar la realidad educativa de la España actual, bastará exponer el siguiente dato:

En España, los jóvenes para entrar en la Universidad realizan 17 exámenes diferentes de matemáticas, en función de la (táchese lo que no proceda) región, comunidad autónoma, nacionalidad, nación o "República declarada pero todavía no efectiva" en que vivan.

Por ejemplo, en Catalunya no exigimos ningún conocimiento de probabilidad o estadística en la prueba de matemáticas. Por decir algo, los jóvenes catalanes que desean entrar en medicina no han de demostrar el menor conocimiento de la distribución normal. Esto es algo único en el mundo que sólo pasa en Catalunya, un fet diferencial matemàtic digno de estudio en las facultades de pedagogía si en las facultades de pedagogía estudiaran algo que no fueran esas bolitas de lana tan curiosas que se forman en el ombligo bajo una camiseta de invierno.

La estadística es una herramienta matemática muy poderosa, y muy aplicable en la vida real, muy "competencial" como dicen los pedantes de la "nueva educación".

Y la estadística puede ser muy divertida. En Castilla y León se lo están pasando realmente bien con la estadística, comparando los diferentes niveles de aprobados y de excelentes entre comunidades autónomas.


Un ejemplo: Cuando en Castilla y León tienen un 9.55% de excelentes en Historia de España, en Canarias llegan al 34.71%. Y así, claro, los estudiantes canarios llenan el campus de Medicina de Valladolid, en detrimento de los jóvenes castellanos locales que no pueden alcanzar semejantes notazas. El informe se llama "informe Manu" en honor a un joven castellano que se vio imposibilitado para estudiar medicina por este motivo.

Pero, y digo yo, por qué quedarse en un 34% de excelentes, por qué no llegar al 40%, o al 60%, o al 80%. The limit is the sky. ¿Qué les impide a los correctores castellanos dar un 90% de excelentes? Ya te lo digo yo: Nada. Es la grandeza de la "nueva educación".

En Catalunya, a la vanguardia de la "nueva educación", estamos en un 95% de aprobados en selectividad. En un mundo en el que todo el mundo puede hacer cualquier cosa si tiene un profesor adecuado y molón  innovador , en todo caso tendría que ser el profesor el que debe rendir cuentas y cumplir ejemplar castigo por los suspensos de sus alumnos.

En el artículo del País (link) los expertos educativos aportan comentarios realmente brillantes sobre este tema. Oh! Ah! Admiremos todos su incuestionable nivel intelectual:

"...A nivel español la entropía aumenta...”

"...Es un asunto poliédrico y complejo...”

"...el bachillerato es antipedagógico..."

"...El cerebro prioriza la realidad y el exterior es competencial..."

Sin embargo, aún hay individuos que ofrecen resistencia al paraiso educativo de la "Nueva educación". Son los rebeldes gudaris de la educación tradicional que ni siquiera han pedido perdón por el daño causado:

[...]El profesor de Sociología de la Educación en la Universidad Complutense Julio Carabaña está radicalmente en contra de estas tesis. 'Las pruebas de evaluación de cualquier sistema educativo deben incluir los conocimientos de memoria, entendimiento y voluntad que sean necesarios'. 'Los títulos no se dan por las competencias, sino por lo que has aprendido", insiste, y añade que "la memoria es fundamental para aprender". "Me irrita lo competencial que perjudica a los buenos estudiantes que trabajan. Es el triunfo del listo sin más, sin que importe el trabajo"[...]


'Los títulos no se dan por las competencias, sino por lo que has aprendido' Dentro de poco en Catalunya será ilegal y punible declarar esto en público.



 



martes, 12 de junio de 2018

Profesores con miedo

Dos visiones de la educación, dos caminos, dos formas de entender el papel de la escuela:



Educación en lo Universal:

Las matemáticas nos permiten ser críticos, nos permiten armarnos intelectualmente, nos fortalecen. Así ha sido durante toda la Historia de la Humanidad, en todo el planeta. Os recomiendo el siguiente vídeo que aparece hoy en El País, muy interesante:



Educación en lo Particular:

Dice el Conseller de Educación de la Generalitat de Catalunya, sobre los hechos ocurridos el 1 de Octubre: (Link)
"Si tens por de tractar el que està succeint, no formes competencialment els alumnes. No els ensenyes a ser crítics, a reflexionar. I aquest és la por que té el departament"

("Si tienes miedo de tratar lo que está sucediendo, no formas competencialmente a los alumnos. No les enseñas a ser críticos, a reflexionar. Y este es el miedo que tiene el Departamento")

Really?, Conseller, Really? ¿Éste es el miedo que tiene su Departamento?

¿Los hechos ocurridos el 1 de octubre en Cataluña se deben enseñar en las escuelas o por el contrario forman parte de la esfera familiar? ¿Acaso no son los padres los responsables de explicar estos hechos a sus hijos?

¿Para qué está la escuela?

¿Los profesores enseñando qué pasó el 1-O y los padres enseñando matemáticas?

No, gracias. Los hechos del 1-O, como la religión, como la sexualidad, pertenecen a la esfera familiar, y son responsabilidad de los padres. A la escuela se va a aprender matemáticas, música, lengua... a acumular saberes universales que te acompañarán toda la vida.

Dice el Conseller que cada día hay más profesores con "miedo" a decir ciertas cosas. Totalmente de acuerdo: Miedo a decir que a la escuela se va a aprender, miedo a decir públicamente que cada día es más urgente y necesaria una reválida justa y universal que diferencie el aplicado del zángano, miedo a decir públicamente que la cultura del esfuerzo personal es imprescindible, miedo a expresar cualquier crítica a la dictadura de la pedagogía happy-flower impuesta...

Bonus-Track:
Siguiendo el patrón España = Monarquía = Obediencia = Aprendizaje Memorístico vs. Catalunya = República = Criticismo = Aprendizaje Comprensivo os recomiendo el artículo "Breu història de la renovació pedagògica" De Xavier Diez.


sábado, 9 de junio de 2018

La Nueva Educación Catalana Revealed

Después de seis años de "procés" independentista, todo sigue igual y ya nada será lo mismo. Nos hemos vuelto todos un poco más sabios y mucho más lúcidos. Intentaré explicarme.

Hoy publica el diario independentista "Ara" su tradicional monográfico sobre la "nueva educación catalana" (link). Hace años hubiera desperdiciado algo de este maravilloso sábado de primavera en leérmelo para comentarlo mañana en este blog. Una auténtica tortura. Ahora ya no hace falta ni abrirlo.  Te lo cuento:

Que España es una monarquía, y tienen un rey, que es el rey de España. Y por tanto sus habitantes no son ciudadanos sino súbditos, que deben obediencia al rey. Son así de atrasados, los pobres. Y por tanto el sistema educativo español es memorístico porque reproduce este sistema de sumisión y obediencia. La memorización es el aprendizaje que educa en la sumisión y la obediencia. Los profesores y maestros españoles (seleccionados mediantes sistemas memorísticios, llamados también "oposiciones") reproducen en los alumnos esta sumisión mediante la memorización de contenidos. En Catalunya, por el contrario, somos República (aunque algunos ofrecemos aún cierta resistencia) y sus habitantes somos ciudadanos, críticos* y rebeldes. Y por lo tanto, nuestro sistema educativo rechaza la memorización porque rechaza la educación en la sumisión que lleva implícita.

*Críticos se entiende única y exclusivamente en el sentido de ser críticos con los españoles, naturalmente. Si eres crítico en términos absolutos, eso es "ideología".

Todo esto, obviamente, no es más que una soberana sarta de estupideces y majaderías, pero da exactamente igual, porque se puede decir cualquier disparate, absolutamente cualquier disparate con tal de que nos diferencie, nos separe y nos desuna del resto de España.


Y ya está. Y ahora a disfrutar del sábado. Hay en el CaixaForum de Barcelona una exposición realmente interesante sobre el Egipto de los faraones. Allí nos vemos.

sábado, 2 de junio de 2018

Aquí hay gato encerrado

- Pues yo sigo sin entenderlo.

- Te pondré un ejemplo. Una cosa es que yo diga "puede que llueva" porque tengo la persiana bajada y no veo el exterior. Afuera llueve o no, pero yo no lo sé. Pero, ojo, otra cosa es que yo diga "puede que llueva" porque a lo largo del día son tantas y tan variadas las condiciones que pueden provocar la lluvia que ni yo ni nadie sabe a ciencia cierta si lloverá o no. Entonces nos encontramos con lo que se denomina una variable estocástica P(X) que es una función P:(-∞,+∞)→[0,1], con integral Riemann igual a 1 para la cual...

-Uy, uy, para, para. Es que a mí, las matemáticas... Explícamelo de otra manera, que yo lo entienda.

- Piensa en el Gato de Schrödinger. Metemos en una caja de cartón un gato, un frasco con veneno y un martillo. Mientras la caja está cerrada, puede que el martillo haya roto el frasco, liberando el veneno y matando al gato, o no, independientemente de si yo lo veo o no. Y yo digo "el gato puede que esté muerto" en el sentido de que yo no lo sé porque no lo veo hasta que no abra la caja. Pero ¡aquí está la clave! Si atamos el martillo a un dispositivo detector de radiación y una partícula radioactiva, entonces intervienen las leyes cuánticas, y la naturaleza no mata al gato, ni lo deja vivo, se toma las cosas con calma, mientras la caja está cerrada, eso sí. Entonces la supervivencia del gato es una variable aleatoria, está vivo (=1), muerto (=0)  y todo el continuo entre vivo y muerto. Eso sí, si abres la caja obligas a la naturaleza a decidir, y entonces (y sólo entonces) decide si lo mata o no.

- Qué quieres que te diga, cada vez lo entiendo menos.

- Cuando los inspectores entraron en el aula para ver cómo impartía la lección ese profesor de historia de Barcelona, ese tal Francisco Oya, denunciado por homófobo, xenófobo y españolista en pleno "procés", por no seguir el manual de historia oficial canónico de la todopoderosa ANC, estaban preparados para cualquier cosa, menos para ver a un profesor de instituto impartiendo clase en castellano. Aquellos inspectores apuntaron en su informe que tal cosa "puede resultar punible". Escribieron "puede". No escribieron "sí" ni escribieron "no", escribieron "puede". Pero  aquí no expresaban su ignorancia sobre las normas y leyes que regulan la función docente, no. Escribieron "puede" en el sentido de que ni ellos ni nadie sabe si es punible o no es punible, pues ni hay una ley que lo afirme ni hay una ley que lo niegue. O mejor dicho, hay una infinidad de leyes que lo afirman, y una infinidad de leyes que lo niegan. Porque tan inaceptable, tan problemática, tan patriótica y tan poco patriótica es una cosa como la otra. Podríamos decir que ese profesor dando la lección en castellano en el centro de Barcelona es un gato de Schrödinger dentro de una caja cerrada que nadie (el inspector menos que nadie) quiere abrir. Por lo tanto estaríamos hablando de una variable aleatoria P:(-∞,+∞)→[0,1],  función integrable en el sentido Riemann...

- Y dale con el Riemman ese. ¿Pero entonces está o no está prohibido dar clase en castellano en Catalunya?

- Es que si no eres catalán cuesta entender. Volvamos a empezar de nuevo. Una cosa es que yo diga "puede que llueva", porque tengo la persiana bajada...


jueves, 31 de mayo de 2018

Alternative Math

La libertad es poder decir libremente que dos y dos son cuatro. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por sí solo. (George Orwell,  “1984”)

Me gustó tanto esta frase que la elegí como lema para mi blog.

La libertad es poder decir libremente que dos más dos son cuatro. La libertad no es poder decir libremente que dos más dos son veintidós. Eso no es libertad, llámalo como quieras, pero no lo llames libertad. No, nadie tiene derecho a decir que dos más dos son veintidós.


Las matemáticas son algo incómodo en la era de la Post-verdad, pues son verdades absolutas, y la asignatura de las matemáticas es incómoda dentro de la dictadura de la "Nueva Educación". La libertad es como el aire, sólo lo notas cuando te falta.


martes, 29 de mayo de 2018

Sobreformado (Diccionario de la Nueva Educación)

Sobreformado. Adj.

Dícese de aquella persona que ha recibido un exceso de formación. Los individuos que presenten sobreformación pueden tener dificultades para encontrar un puesto de trabajo.

La sobreformación podría repercutir negativamente en el posicionamiento de España en lo alto del ranking de los mejores paises tercermundistas en relación calidad/precio en servicios turísticos (camareros, kellys, etc...). La sobreformación puede ser tan perjudicial como la infraformación, pero es mucho más fácil de prevenir, aumentando el embrutecimiento mental de nuestros jóvenes mediante dosis masivas de móvil y televisión (ver sobreinformación)

Ejemplo de su utilización:

"...El informe [de la Comisión Europea] dice, por ejemplo, que las empresas españolas tienen una «limitada capacidad» para innovar, por el desajuste del sistema educativo esencialmente en manos de las comunidades autónomas y que crea tanto personas sobreformadas como infraformadas..."

(Diario ABC, 24/05/2018, link)

(Notas para un futuro Diccionario de La Nueva Educación)



viernes, 18 de mayo de 2018

De maestro a alpargatero


Una vez normalizada la lengua catalana gracias al trabajo de Pompeu Fabra, en 1918 tocaba a las escuelas catalanas ejercer su función de ser un transmisor de conocimientos, y por tanto de transmitir la lengua (las dos lenguas) a todos los niños y jóvenes catalanes. La escuela como transmisor de conocimientos, de todos los conocimientos sin excepción.

Pero empezó la pedagogía. Y ciertos maestros se hicieron "pedagogos", y empezó la "guerra pedagógica", entre "nuestros pedagogos" y "vuestros pedagogos", y el moco pedagógico se fue extendiendo sin límite.

En el siguiente artículo, de la "Veu de Catalunya" del 18 de mayo de 1918, hace exactamente cien años, encontramos todos los elementos de una guerra político-pedagógica en la que seguimos viviendo cien años después.

"Nuestros" pedagogos contra "vuestros" pedagogos.
Nuestros pedagogos de la "Assemblea de mestres nacionals catalans" contra vuestros gobernantes con "vuestra ineptitud pedagógica" imponiendo el castellano.
Nuestros pedagogos, que no son políticos, que no son "separatistas".

Y cada vez más pedagogía, más y más pedagogos, de uno y otro bando, para una guerra que no ha acabado.

Las víctimas de esta guerra fueron (son) maestros y alumnos, como aquel pobre maestro castellano que fue destinado a Cataluña y no hablaba el idioma de sus alumnos, que acabó dejando la docencia y se hizo alpargatero, Como aquellos niños que no hablaban el idioma de su maestro, niños que así no salieron de su analfabetismo.

Y con esta guerra medraron los políticos, que se alegraron del conflicto (qué terrible frase "...y entonces sí que tendremos que recordar con gusto el caso del maestro...") y medraron los pedagogos, de uno y otro bando, auténticos devoradores de canapés de tortilla de patata. Ninguno ha acabado nunca de alpargatero.






Veus del Magisteri
El català, idioma cooficial en les escoles de Catalunya (IV)

(La Veu de Catalunya, 18 de mayo del 1918, página 9)

El rètol d'aquestes quartilles haurà d'ésser sens dubte un dels principals temes a desenrotllar en la pròxima Assemblea de mestres nacionals catalans que tindrà lloc a la capital de Catalunya. Altres qüestions es tractaran d'interès vital per al Magisteri català, però aquesta de l'ús de la llengua nostra en les escoles de casa deurà ocupar preferència. Així ho suposem, donat que quasi mestres catalans estan d'acord en admetre el gran aventatge que reportaria dita implantació per a l'avenir dels nostres escolars. Si l'Assemblea així ho acorda, com no és d'esperar altre cosa, que decidiran els governants centralistes? Voldran demostrar la seva ineptitud pedagògica imposant altre cop el castellà? ¿No serà una opinió respectable el cos de “referèndum” dels mestres nacionals catalana acordant per unanimitat tal demanda? Aquest acord constituirà l'acte més ferm, de més palesa demostració de ço que venim defenent. Serà una Assemblea de tècnics, de facultatius que ho demanaran, No serà pas cap polític, cap indocumentat dins l'espinosa carrera de la educació; seran com ja hem dit, facultatius la gent que receptaran aquesta medicina per a tractar de curar un mal, l’analfabetisme, que a tots ens avergonyeix.

No vegin els governants de Madrid en la demanda dels mestres catalans separatisme, sinó unió; desig en volguer contribuir a un estat de floreixença que arreu sembla començar i que per llei natural ha de tenir els us fonaments en el conreu de la llengua de cadascun començada en escola. Si a pesar de la petició del plebiscit de mestres catalans continuen imposant-nos el castellà, serà voler que continui en nostres escoles la incomprensió de fins ara entre mestres i alumnes, i llavors si que recordarem amb gust el cas d'un mestre de llinatge castellà que fou destinat a Catalunya i, per tant, mai entès per sos deixebles, i que comprenent-ho així determinà plegar d’educar i fer-se espardenyer per a passar el temps.

TOMAS VICENS



Bonus Track. Hoy publica el diario El País este divertido video de un abogado americano entrando en cólera al oir hablar español a unos dependientes (Link). Se le acusa de racista. Mi capacidad irónica se ha agotado, lo dejo para otro día.


miércoles, 16 de mayo de 2018

En un huerto de Tánger (La Vanguardia, 14/5/1918)

AL MARGEN DE LA GUERRA

En un huerto de Tánger

(La Vanguardia, martes 14 de mayo de 1918, página 8)

Hace años, en el Norte de África, regresando una tarde del cabo Espartel, nos detuvimos a descansar bajo la sombra de un huerto aireado y frondoso, a las puertas de Tánger. Se celebraba allí una boda moruna, o un bautizo, o no sé qué festejo popular y solemne. Sólo recuerdo que su mayor atractivo consistía en entregarse una gran parte de los invitados al ejercicio pintoresco y violento de correr la pólvora. Nuestro guía indígena era amigo o conocido de los que estaban congregados; y así pudimos, a pesar de ser cristianos y extranjeros, participar de la fiesta. Nos apeamos de nuestras cansadas cabalgaduras, desencogimos un instante las piernas, y miramos bajo la sombra templada de los árboles.

Se hallaba situado el huerto en la ladera de una loma que descendía suavemente basta el mar. Entre los árboles frutales y las bajas parcelas de plantaciones simétricas, destacaban enmarañados manojos de chumberas, zarzamoras y pitas. La tarde era calurosa pero despejada. Al pie de la loma se extendía la franja amarillenta de un arenal costeño. Las aguas del Estrecho brillaban al sol de la tarde, salpicadas de espumas que brotaban de improviso y emergían blandamente, como claros penachos, para fundirse otra vez en el fresco y azulado tumulto del mar. Lejos, medio borrada en el vaho caliginoso del aire, se divisaba la parda costa de España. A la derecha, esparcido en la orilla africana, el caserío de Tánger se iluminaba con los rayos oblicuos del sol declinante, Las azoteas, las cúpulas y los esbeltos minaretes de las torres, albeaban sobre la rosada palidez del cielo o el profundo y dilatado silencio del mar. Entre la densidad de los edificios, del fondo impenetrable de sus patios sombríos, brotaban altos troncos de palmera con las ramas inmóviles, perezosamente extendidas al sol de la tarde, entre un lento revolotear de palomas.

La fiesta se celebraba en la parte baja del huerto. En torno de una explanada árida, la muchedumbre moruna formaba una densa valla de albornoces, turbantes y chechias, confusamente agitada y revuelta. Sonaban flautas, zampoñas, rabeles, y un redoblado rumor de tambores con acompañamiento de castañuelas o platillos metálicos. Y en el interior del cuadro, montados en corceles veloces que se encabritaban y retorcían furiosamente, los corredores de pólvora disparaban sin cesar sus carabinas y espingardas, galopando de un cabo a otro de la explanada, a rienda suelta, entre alaridos frenéticos y nubes de polvo.

Mas no fue el espectáculo, con ser para nosotros tan nuevo y vistoso, lo que nos sorprendió entonces y lo que recordamos ahora. Fue un personaje singular que hallamos en el huerto, y que se encontraba completamente alejado del tumulto. Para no turbar con nuestra presencia la intimidad de la fiesta, estuvimos mirándola desde lejos, en lo alto de la loma, sentados bajo los árboles más frondosos del huerto. Y allí, junto a nosotros, acurrucado en el suelo y con la espalda apoyada en el tronco de una vieja encima, vamos a un moro que estaba contemplando la fiesta con el recogimiento imperturbable y sereno de un dios. Aparentaba unos cuarenta años. Estaba envuelto en un amplio albornoz de lana blanca, limpísima. El capuchón que traía no dejaba ver más que el severo perfil de su rostro moreno, sus cejas negras y arqueadas, sus grandes ojos melancólicos, la comisura de sus labios y el ensortijado espesor de su bigote lacio y su barba saliente. Tenía las manos recogidas entre los pliegues del manto, las piernas cruzadas y los pies escondidos a la manera habitual en su tierra. Su expresión era sosegada, dichosa, de hondo e insensible bienestar. Lo único que cambiaba en su rostro era la dirección de su inteligente mirada. Sus ojos oscilaban siguiendo el azaroso tumulto de los escopeteros. Y de cuando en cuando con un gesto pausado, espacioso, se llevaba a los labios un vaso de cristal que tenía dejante, sobre el susto, lleno de agua perfumada con una hoja lustrosa de menta. Rozaba únicamente la bebida, dejaba el vaso y volvía a mirar.

La baraúnda de la fiesta era horrible. Todos gritaban, danzaban, se estrujaban y se enfurecían. Entre los espectadores se levantaban interminables disputas sobre la excelencia de los caballeros. Cada cual tenía su partido predilecto y ponderaba las excelencias y habilidades de unos u otros. Varias veces pareció que la fiesta iba a terminar con una pelea general, atropellándose todos y corriendo la sangre en vez de correrse nada más que la pólvora. Era una tempestad de aullidos, gritos, interjecciones, apostrofes, gestos desaforados y amenazas... Sólo nuestro vecino permanecía inmóvil. No es que estuviera absorto, divagando, perdido en pensamientos íntimos y desinteresado de lo que ocurría en el huerto. Era evidente, por el contrario, que no perdía un solo detalle de cuanto pasaba. Veía más sin duda que los partidarios mismos, porque los abarcaba a todos. Sin embargo, lo único que ejercitaba era su inteligencia. Los gestos y gritos no le interesaban por sí mismos. Es posible que, de estar enfrascado en la fiesta, no habría podido distraerse al impulso de vehemencia general. Pero alejado de ella, recostado contra el tronco de un árbol y en lo alto de la loma, su vasta mirada resumía como una lente diáfana, no sólo el trajín pasajero del escandaloso festejo, sino además la honda suavidad del paisaje.

Terminó la fiesta. Todos fueron saliendo del huerto. Las aguas del Estrecho se teñían de tintas violáceas y cárdenas. La costa de España se esfumaba en la sombra. Sobre el caserío de Tánger se extendía la neblina acuosa del crepúsculo, impregnada de relente marino. Nos levantamos para recoger las cabalgaduras que andaban paciendo. Partimos. En la soledad del huerto sólo quedó el desconocido, en su actitud inmóvil, con el vaso de menta a sus plantas y los ojos perdidos en la borrosa y desierta lejanía del mar.

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El recuerdo de aquel hombre me ha acompañado después innumerables veces, a través del mundo. Su actitud representaba, para mí, una modalidad esencial del espíritu humano. Y cada vez que he debido sumergirme en el torbellino dionisíaco de los sucesos e intereses cotidianos que nos preocupan necesariamente, sin que podamos evitarlos, he recordado con encanto la posición serena, comprensiva, apolínea por excelencia, de aquel moro que hallamos sentado en un huerto de Tánger. ¿Qué es preferible, participar directamente de la baraúnda mundanal o contemplarla de lejos con inteligencia? Más que a causa de sus diversidades étnicas e instintivas, los hombres podrían dividirse en dos clases perfectamente distintas según la respuesta que dieron a aquella pregunta. La vida diaria, la que todos estamos obligados a llevar con esfuerzo, es por necesidad un tumulto, una conflagración constante de tendencias opuestas, inmediatamente irreductibles, que solo se resuelve con la restrucción de unas por las que logran dominarlas. En esta algarabía fatal de lo cotidiano, debemos forzosamente opinar, esto es, tomar partido, renunciar a la armonía comprensiva del conjunto para hacemos activamente partidarios de una de sus fases, la que nos parece mejor y más afín a nosotros, o más conveniente a nuestras necesidades momentáneas pero imperiosas. Luego, con el tiempo, todo se resuelve en una unidad definitiva, en una resultante histórica, y los partidarios opuestos de hoy quedaríamos asombrados si pudiéramos ver cómo se armonizarán mañana nuestras irreductibles contrariedades.

El espíritu dionisíaco es el que goza en la confusión dinámica de los mil incidentes pasajeros que integran la actualidad de la vida, apasionándose por ello- y poniendo su esfuerzo para que triunfen. El espíritu apolíneo es el que tiende a recrearse en la pura y desinteresada inteligencia de los sucesos, con vistas a su cristalización superior y definitiva en el seno de la eternidad. Ambos espíritus son necesarios, sobre todo el primero. Sería tan absurdo imaginar una humanidad compuesta únicamente de espíritus contemplativos, inmovilizados en su propia serenidad, como sería lamentable un mundo formado tan sólo por seres agentes, ebrios de inquietud y de interesado delirio. Unos y otros se necesiten y se compenetran. Y para que pueda haber uno de solo de esos raros espíritus que saben mirar, es necesario que exista una multitud enorme e informe de los que brincan y se retuercen entre las salvas ensordecedoras de la escopetería.

La mayoría de los hombres se inclina, por tendencia natural, hacia esa segunda modalidad de lo dionisíaco. No es de extrañar que, en nuestros días, los pueblos beligerantes estén por completos absorbidos en la actividad ciega y nerviosa que les comunica su propio instinto de conservación. Puesto en su caso, lo raro sería que hombre alguno no hiciera lo mismo. Pero lo más significativo es que hasta los neutrales adoptan, no por necesidad sino voluntariamente, una posición espiritual idéntica. Diríase que lo más propio habría sido dada su abstención forzosa que los neutrales se mantuvieran en la actitud apolínea y serena de un contemplador. Esta actitud no significa desinterés, ni ironía, ni ausencia de opinión personal. El moro que contemplaba la fiesta del huerto de Tánger, denotaba sentir un interés vivísimo por todos sus lances, no se burlaba ni por asomo de los escopeteros y hasta es de presumir que sintiera profunda simpatía por alguno de los bandos y que deseara con toda el alma su mayor lucimiento. Mas por encima de esas particularidades ponía su deseo supremo de inteligencia pura, su interés insuperable de ver claro y de comprender e interpretar exactamente lo que veía: y esto era lo que lo realzaba y distinguía con tanto relieve entre la turbamulta confusa.

Las gentes neutrales (y España es un modelo ejemplar bajo este aspecto) no hacen eso. Han visto la conflagración e inmediatamente han tomado partido por unos u otros, sin contar que sus apreciaciones son absolutamente superfluas. Oyeron gritos, y en seguida se pusieron a gritar con más furor que los mismos interesados en el griterío. Al sacarse las zamponas, ellos sacaron gaitas; y al redoblar los tambores, ellos aporrearon bombos. Parecen los propios dueños de la fiesta: nadie discute tanto como ellos, ni se desgañita tanto, ni conoce con más perfección el programa, ni protesta con tanto denuedo, ni brinca y se retuerce oon un furor semejante. Los mismos interesados se asombran de verles y oírles, de sus comentarios, de sus apasionamientos, de sus estridencias y meneos. Y lo más chocante es que nadie sabe por qué están en la fiesta, pues ni conocen a la novia, ni fueron invitados, ni han de sentarse a la mesa cuando llegue el momento del anhelado banquete.


Todo este estruendo debe ser necesario, sin duda, porque contribuye a desarrollar las circunstancias que han de producir la resultante final. Mas no olvidemos nunca que el torbellino dionisíaco no es más que el ritmo de los elementos pasajeros cuando están en ebullición creadora. Todos ellos se olvidarán para siempre una vez terminada la obra. Esta, el elemento esencial, será la fusión eterna de las contradicciones de ahora en un molde sereno de inmovilidad apolínea. De las guerras pasadas, de los grandes cataclismos del mundo ¿qué queda? Nada de lo que fue su anécdota rencorosa y su trivialidad turbulenta. De aquellos grandes hechos que en su día también despertaron convulsiones tan vastas y complicadas, sólo tenemos la simple y sintética imagen que dejaron en el cristal enternamente límpido y sosegado de la inteligencia. A través del tiempo, de la guerra de ahora no quedará más que un recuerdo comprensivo, puro, como de los dioses antiguos y de los grandes anhelos que despertaron sólo queda alguna pálida e inmóvil estatua de mármol. De esta guerra sólo se perpetuará lo que de la fiesta moruna de Tánger pudo perpetuarse en el mirar de aquel desconocido que la contemplaba con simpatía y fervor, pero serenamente, a distancia, recostado en el tronco de un árbol.

GAZIEL

viernes, 11 de mayo de 2018

Charnegros

La semana pasada vi la película "El buen maestro". Va de un profesor de lengua francesa en un prestigioso instituto en el centro de París. Es un profesor estricto y exigente, y trata con una extrema severidad a sus alumnos, todos blancos. Un azar de la vida le lleva a pasar un año como docente en un instituto de los suburbios, en las "banlieues" de París, donde todos los alumnos son inmigrantes, la mayoría negros. Al principio su rigidez y sus pretensiones académicas no le generan más que disgustos y conflictos con sus alumnos.


Le pasa de todo al pobre, pero al final de curso acaba alcanzando un buen clima en su clase, una agradable sintonía con sus alumnos, en especial con Seidon, un niño negrito especialmente conflictivo y rebelde, un chaval que obtiene en sus exámenes y en sus dictados las mejores notas de toda la clase. Pero  copiando. Y el profesor lo sabe y le deja copiar, a cambio de tenerlo contento. Fraternité, todo muy fraternal, pero a costa de tirar a la basura el principio fundamental republicano de la egalité:  Una misma educación para todos los ciudadanos, blancos y negros. Cuando ese joven negro crezca y compruebe que su educación de suburbio es un fraude que le impedirá acceder a los buenos puestos de trabajo, que quedarán  reservados para los blancos de la educación estricta y exigente del centro de París, ¿estará allí con él, aquel profesor blanco coleguita? Yo creo que no.

La misma situación la vimos hace unos años en la cuarta temporada de la magnífica serie americana "The Wire", una temporada dedicada a la educación.


Un policía quemado profesionalmente (mató por error de un tiro a un compañero en la temporada anterior) decide ejercer como profesor de matemáticas en un instituto de los suburbios de Baltimore. Y las pasa canutas el pobre con aquellos chavales, todos negros, en un contexto social durísimo. Pero al final se los gana, al final consigue un clima agradable de clase. Y todo porque encuentra en el juego de los dados la motivación matemática que aquellos chavales necesitan: Ganar en las timbas de dados que hay por las esquinas del barrio.


La imagen haría las delicias de todos esos majaderos promotores del "aprendizaje por competencias": ¡Un bonito ejemplo de cómo enseñar matemáticas divertidas en contextos difíciles aplicándolas a problemas de la vida real! en este caso el estudio de las probabilidades de ganar a los dados. Si no fuera, ¡ay! por un detalle: Que es todo mentira. Que la probabilidad, para ser realmente aplicable, requiere de una base teórica terriblemente profunda, sólo accesible después de muchísimo estudio abstracto.

No hay nada que pueda substituir a una buena base cultural, no hay nada que pueda reemplazar una educación basada en la acumulación de conocimientos evaluables mediante pruebas objetivas. Las reválidas son el mecanismo mediante el cual el sistema educativo alcanza la grandeza de ser un ascensor social para las clases humildes.

Nuestros padres, los que vinieron a Catalunya en los años sesenta desde el resto de España, tuvieron siempre muy clara su condición étnico-social y la educación que querían para sus hijos. Querían la educación de los blancos-catalanes para nosotros, sus hijos los negros-charnegos nacidos en Cataluña. Porque querían, por encima de todo, que en el futuro sus hijos pudieran acceder a los puestos de trabajo más dignos, los mismos puestos de trabajo que los blancos-catalanes, los sueldos de los blancos-catalanes y las condiciones laborales de los blancos-catalanes. Eso era lo que querían nuestros padres para nosotros. Qué poca épica patriótica, ¡pero cuanta grandeza humana!

No sé si ha quedado claro que para mí, los charnegos somos a los catalanes como los negros son a los blancos en la tele. Lo explicaré de otro modo: Miras la típica película americana, con la típica familia blanca de clase acomodada con la típica hija veinteañera rubia, que naturalmente encontrará el amor de su vida en un joven negro. Pues tú fíjate en el negro. Seguro que es alto, guapo, elegante, lleva un traje carísimo y el último modelo de reloj de platino, tiene estudios en Harvard y es un solicitadísimo profesional en la abogacía (Ahí es cuando tu madre, que está mirando la peli contigo, dice aquello de "mira que negro tan guapo"). Y tú te preguntarás ¿y porqué ese negro es tan elegante, lleva ese traje carísimo y ese reloj de platino, tiene estudios en Harvard y es un solicitadísimo profesional? Porque es un negro. Porque si fuese un blanco podría ir desaliñado y con tejanos porque tendría que demostrar nada a nadie, pero el negro tiene que demostrar siempre su valía. Esa es la diferencia entre catalanes y charnegos. Ellos no tienen nada que demostrar nunca.

En Cataluña ha habido un único sistema educativo, el mismo para blancos y para negros, es decir para catalanes y para charnegos. En Catalunya la educación no fue nunca un fraude, al contrario, fue durante décadas un efectivo y justo ascensor social. Los catalanes querían un sistema educativo propio, y los charnegos queríamos un sistema educativo justo y exigente, y todos tuvimos lo que quisimos. Todos salimos ganando.

Los mismos exámenes para todos, el mismo nivel de exigencia. El charnego que quería acceder a la Universidad sabía que tenía que aprobar el bachillerato catalán y la selectividad catalana. Y eso llevaba implícito aprender la lengua catalana tan bien como los catalanes, y la historia de Catalunya explicada, naturalmente, desde el punto de vista de los catalanes.

Te pondré un ejemplo de cuando yo me preparaba para la Selectividad, hace ya más de veinticinco años. El examen de lengua catalana era rigurosísimo con la ortografía, y escribir por ejemplo "Pere y Miquel", con y griega castellana, se consideraba un pecado mortal ortográfico, quedar como un paleto. Pero en el examen de castellano, escribir "Pedro i Miguel", con i latina catalana se consideraba un pecadillo sin importancia, era lo que se llamaba un "fenómeno de contacto", que en tu alma castellana iba calando el espíritu del catalán. Casi te daban una piruleta.

Para los charnegos la catalanidad era la lengua catalana, y la lengua catalana era la normativa. El catalán llegó en los años ochenta a los colegios del extrarradio de Barcelona de la mano de una niña llamada "La Norma". Y "La Norma" nos explicaba cosas como que los perros en Catalunya no decían "guau guau" sino "bup bup". Por la normativa.  Y no valía el truco de cortar el final de la palabras, porque un cortado no era "cortat", sino "tallat". Y así todo. En TV3, la televisión pública catalana, ha sido  costumbre graciosísima hacer burla del president charnego Montilla por decir "Bona noch, és un chist". Aunque era mentira y jamás Montilla dijo tal cosa, pero daba igual, porque  él era charnego y como charnego tenía que aguantar la "bromita" del blanco-catalán, como el negro trajeado de la película de antes, que tiene que aguantar con su mejor sonrisa la bromita racista del padre de la novia. Quien algo quiere, algo le cuesta. Cuando en América tenían un presidente negro, en Catalunya teníamos un president charnego.

Pero todo esto es anecdótico. Notas para una Historia Sentimental del Charneguismo catalán que jamás será escrita, porque sólo importa a cuatro nostálgicos de los años ochenta como yo. Lo único que importa es que hubo un único sistema educativo para todos, un mismo bachillerato, una misma selectividad y un mismo sistema universitario para todos. Es la grandeza de nuestros padres, que "sólo" (¿acaso te parece poco?) querían un futuro digno para sus hijos, sin lecturas épicas ni patriotismos baratos. Negros que quisieron para sus hijos negros la educación de los blancos. Mi generación tiene una deuda de gratitud con ellos.

A medida que se va degradando el sistema educativo, a medida que se va agrietando se alzan voces para romper el sistema educativo catalán, que denuncian "adoctrinamiento", que exigen bilingüismo en las escuelas ¿Qué quieren, una escuela para blancos y otra para negros? Es la peor noticia posible  para todos, catalanes y charnegos. No importó un pimiento el bilinguismo ni el supuesto adoctrinamiento durante décadas y décadas, cuando los escaños de Convergència eran codiciados en Madrid para alcanzar mayorías parlamentarias. Todos recordamos aquellas noches electorales tan graciosas, cuando en la calle Génova la multitud pasaba de cantar  aquello de "Pujol, enano, habla castellano" con una previsión de mayoría absoluta, a cantar aquello de "Pujol, guaperas, habla como quieras" al ver que serían necesarios los votos del nacionalismo. El Estado Español vendió barata, muy barata la carne charnega al nacionalismo catalán para garantizar la lealtad del nacionalismo catalán a la cultura del pelotazo y la especulación inmobiliaria en todo España, para consolidar y blindar un sistema político corrupto y podrido hasta la médula. Entonces importaba un pimiento el bilingüismo o el "adoctrinamiento" en las escuelas, porque había dinero y "chollos" para todos. No, nosotros los charnegos no debemos ninguna lealtad ni gratitud al Estado Español, jamás hizo nada por nosotros, debemos gratitud a nuestros padres, que llegaron a Cataluña y quisieron el mejor futuro para sus hijos, y lo tuvieron.

¡Oh, oh! ¿Qué es aquello que se atisba en lontananza? ¡Es el Séptimo de Caballería Español, que viene a Cataluña a denunciar que los catalanes reescriben la historia al gusto catalán! ¡No, la van a reescribir al gusto albaceteño, si te parece!

Sí la inmersión lingüística, no al bilingüismo en las escuelas catalanas,
 (Y sí a las Reválidas)