domingo, 12 de noviembre de 2017

Cómo detectar los enemigos de Cataluña

Ahora que, poco a poco, van bajando las aguas del sutnami del "procés", y a la espera de qué nueva idea revolucionaria nos mantendrá entretenidos los próximos cinco o seis años, los catalanes nos dedicamos a señalar a los culpables. Los culpables de todo. Unos dirán que son los radicales de la CUP, otros señalarán a los butiflers del PSC, los más prudentes tal vez señalen con el dedo a Pilar Rahola. No digo que no, pero sólo la Antididáctica nos da un

Método para detectar los Enemigos de la Patria Catalana

(método que sirve igual para la Patria Española o cualquier otra patria, chica o grande)

Paso 1.
Descárguese el examen de matemáticas de la selectividad China (Gaokao)

http://www.toomates.net/experimenta/a2017/SelectividadChina2015.pdf

Paso 2.
Descárguese cualquier examen de matemáticas de la selectividad Catalana.

Por ejemplo:
http://www.toomates.net/Llistes/a2017/jun/pau2017/pau_mate17jl.pdf

Paso 3.Compárense ambos.

Observaremos que el examen chino es una prueba rigurosa, seria, que abarca todos los temas de la matemática básica: Números complejos, geometría analítica, logaritmos, probabilidad y estadística, trigonometría, algorítmica, teoría de funciones... Una prueba que exige al estudiante tener claros los conceptos básicos fundamentales de las Matemáticas. Una prueba exigente, y por eso mismo una prueba que respeta y dignifica al alumnado.

Mientras que la prueba de matemáticas catalana es un refrito de materiales matemáticos universitarios (matrices, cálculo diferencial, álgebra lineal multidimensional pero nontropo), una prueba que año tras año se repite en cuatro o cinco problemas repetitivos sobre los mismos temas, un temario que el alumno deberá volver a trabajar en primero de carrera de nuevo, pero que a la vez impide trabajar los conceptos básicos fundamentales. Una prueba en la que, por increíble que parezca, no existe probabilidad (debe ser la única selectividad del mundo que no pide al alumno conocer la distribución normal, un fet diferencial), ni trigonometría, mientras que exige dedicar sesiones y sesiones a cosas como determinar a mano la matriz inversa, aunque no sepamos para qué.
Una prueba que año tras año va reduciendo su temario hasta convertirse en algo ridículamente esquelético, con la excusa barata de "evaluar las competencias".

Bien. Pues todos aquellos "expertos educativos", profesores o no, que defiendan el "modelo catalán", que clamen que qué barbaridad  esa de compararlo con el modelo chino (esos mismos que no dejan de pretender compararnos con los finlandeses), que a nuestros jóvenes debemos darles una educación basada en la plastelina de 0 a 18 años y después de 18 a 22 años en los macarrones pintados. Aquel que espera paciente, con el carnet de ERC en la boca, ser el próximo conseller en Educació.

Esos. Todos esos son los verdaderos enemigos de Cataluña.


domingo, 22 de octubre de 2017

Una única Europa, una única Reválida

Que dice TV3 que ejecutar el 155 les hace daño a muchos. Que dice TVE que ejecutar el DUI hace daño a muchos otros. Y todos salen por sus televisiones ("sus" televisiones, pero que pagamos todos con "nuestros" impuestos, ¿qué gracioso verdad?)

Y qué quieres que te diga, que a mí me duelen otras cosas, y las pongo es este blog mío porque para eso es mío (y que no cuesta un duro a nadie).

A mí me duele entrar en clase de bachillerato y encontrarme en el corcho una circular de Ensenyament donde dice

"...hay que ir avanzando a un modelo de exámenes más centrado en evaluar competencias que conocimientos..."


No dice estos o aquellos conocimientos, memorísticos o anticuados. No. Todo el  conocimiento. A mí esto me hace daño.

Y encima reclama "la complicidad del profesorado": Que digamos todos ¡sí a las competencias, abajo los conocimientos! Es decir, queremos ciudadanos competentes pero ignorantes, como si no fueran una y la misma cosa. Y todo ello, supuestamente, sin abandonar "los principios de mérito y capacidad".

¡Sólo el conocimiento garantiza el principio del mérito y la capacidad!

El texto no tiene desperdicio: "Como  tal vez sepas, pues los medios se han hecho eco..." porque desde hace muchisimos años las directrices educativas son pùlpfiction para llenar páginas y páginas de dominicales de periódicos subvencionados. ¿Quieres saber cómo va la educación en Catalunya? Lee el diario Ara.

Naturalmente, esta "nueva educación" será estrictamente catalana. Será (ya ves tú qué casualidad) totalmente incompatible con cualquier directiva que mane en la meseta. Sólo los responsables educativos catalanes, nuestros guías espirituales, dominan las claves de la educación del siglo XXI. (Que sí, ¿por qué ríes?). Los de Madrid no. Nosotros los catalanes somos mucho más modernos. Mucho más europeos. Mucho más "nórdicos", dónde va a a parar.

El problema español-catalán es educativo. Y sólo se solucionará cuando la educación se independice de la política. Y esto, en España, sólo se puede hacer desde Europa. Aceptémoslo, nosotros, sin el dictado europeo, jamás "dejaremos de tirar de navaja". El de ValldeRomaní jamás perdonará al de Villatocinos de Arriba que hace un millón de años su antepasado ameba pusiera un tentáculo encima a una pariente  suya. Pero Europa debe ser consciente de esto, debe dejar la comodidad de su proyecto  puramente económico y aceptar su responsabilidad cultural con los países del sur. Debe abordar ya la implementación obligatoria de un Sistema Educativo Preuniversitario Europeo Único, que impida a los nacionalismos la tentación de meter la zarpa en la educación. O eso o nos convertiremos, españoles y catalanes, en el  "Jurassic Park del siglo XIX" de Europa.


Una única Europa, una única Reválida


P.D. Qué ganas tengo que se acabe este siglo XXI.


domingo, 15 de octubre de 2017

Proyecto Pedralbes

Digo yo que alguna cosa habremos hecho bien los catalanes para haber merecido recibir de la santísima providencia ese regalo divino en forma de partido político llamado “las CUP”.

“Las CUP”, que en su anterior etapa municipalista destaparon tantos casos de corrupción en Catalunya, en su actual versión nacional se han crecido, se han venido arriba, y se atreven a enmendar a Marx y aquel rancio “¡proletarios del mundo unios!”. Que no, que lo que tienen que hacer los proletarios no es unirse, sino autodeterminarse.

En su último comunicado oficial exigen al presidente Puigdemont una ruptura sin paliativos con el Estado Español y la proclamación inmediata de la República Catalana.

Puestos a decir disparates, propongo a las CUP considerar la posibilidad de dotar a Catalunya de la bomba atómica, como Pakistán o Corea del Norte.


Naturalmente sólo como elemento puramente disuasorio, para romper la correlación de fuerzas.

(Por cierto, qué manía con referirnos siempre a los países nórdicos, que si Noruega por aquí, que si Finlandia por allá, que si Bélgica eso, que si Dinamarca lo otro... pero ¡ay! nadie nombra nunca el caso del “Sahara español” y el Frente Polisario. Qué invisibles son, qué racistas somos, y qué triste es todo)

A lo que iba. Para que Catalunya se pudiera dotar de su propia bomba atómica necesitaría su propio proyecto “Manhattan”, al que propongo llamar “Projecte Pedralbes”.

Y para desarrollar un proyecto tecnológico de tal magnitud necesitaría científicos, muchísimos científicos trabajando dentro del país. Muchísima tecnología, muchísima ciencia propia.

Y para desarrollar toda esta cultura científica se necesitan matemáticas. Matemáticas sólidas, potentes, una educación matemática nacional de primerísima calidad. Que es justo todo lo contrario de lo que se está haciendo ahora y lo que se pretende hacer en el futuro, con este currículum “competencial” patético, penoso, ridículo, infantil.

Proclama la CUP en su comunicado: “La gent és l’única estructura sòlida que té aquest país”, “La nostra força és la gent”...

No. La fuerza de un país es su nivel cultural, y su tesoro más valioso es un sistema educativo sólido, basado en contenidos, y que fomente el valor del mérito, el esfuerzo y la superación personal.

Un sistema educativo como el nuestro, que se degrada a marchas forzadas ante nuestros ojos, es garantía de una total dependencia.

P.D. El comunicado de la CUP especifica: “La gent és, també, la que va anar a votar perquè ho tenia previst; La que va votar SÍ i la que va votar NO; però també qui no ho va fer per por”.

(“La gente es, también, la que fue a votar porque lo tenía previsto; la que votó que SÍ y la que votó NO; pero también quien no lo hizo por miedo”)

¡Vaya! Resulta que yo, para la CUP, no soy gente.


Os dirán que el renacimiento contemporáneo de Cataluña empieza en tal o cual aventura política, en el "cierre de cajas", en la "campaña de los cuatro presidentes" o en cualquiera otra majadería por el estilo. No. Hay que ver más hondamente las cosas. La historia del renacimiento contemporáneo en Catalunya empieza el día en que Juan Palau, de vuelta de Alemania, rico, artista -tal vez por inclinaciones voluptuosas de temperamento, indolente-, dijo con decisión a su familia y a sus amigos, admirados, que "quería ser maestro de escuela".

Eugeni d'Ors, 1918

sábado, 23 de septiembre de 2017

Matemáticas, nacionalismo y berberechos

Empecé este blog y me inventé el concepto “antididáctica” hace cuatro años, con la entrada “Principis de l’Antididàctica de les Matemàtiques”, para denunciar el despropósito de un currículum oficial de matemáticas de primero de ESO (12 años) absurdamente retorcido, barroco, prácticamente ilegible.

Escribía yo entonces: “Cuando una parte significativa de nuestros alumnos nos llegan de primaria sin saber las tablas de multiplicar, estos gurús de la didáctica quieren que los evaluemos como si fueran becarios del CSIC, con beca Ramón y Cajal y postgrado en Cambrige. Estos gurús son como aquellos paletos de los años ochenta, que iban locos por comprarse aquellos relojes CASIO con calculadora, cuantos más botones mejor (“mira mira el mío hace hasta logaritmos y tó”) y piden más y más, en un ejercicio de esnobismo estéril y desmotivador inflando más y más una burbuja educativa-especulativa que antes o después tendrá que estallar”.

Cuatro años después, en Catalunya ha estallado la burbuja y no ha sido educativa, sino política. La política. Todo ha sido política. Dicta la metodología que, después de descartar todas las hipótesis falsas, aquella que quede, por descabellada que parezca, será la verdadera. Pues bien, la única hipótesis que me queda es la política.

El currículum de matemáticas de Catalunya ha sido tan retorcido y absurdo porque su objetivo era el de ser tan diferente y incompatible con el español como fuera posible. Un ejemplo más de la politización nacionalista que hemos vivido. Llego a esta conclusión porque después de cuatro años no se me ocurre otra, y a tenor de los hechos actuales.

El problema (ay!) es que las matemáticas son, seguramente, el objeto cultural más internacional, menos nacionalizable, que existe.

No es como la filología. Se puede influir en una población para que digan “escopinyes” en vez de “berberetxos” (otra cosa es que lo consigan, claro, link)

Se puede influir en la historia para “nacionalizar” los hechos ocurridos hace siglos. Para llevar el agua del pasado épico al molino político.

¿Pero se puede nacionalizar la matemática? Al menos lo han intentado. En España tampoco es tan descabellado, pensemos, por ejemplo, que se realizan cada año diez o doce pruebas diferentes de matemáticas de Selectividad, repartidas por todo lo ancho y largo de la península.

¿Se puede politizar la matemática? Al menos lo han intentado.

Los cimientos de una asignatura están en su currículum y sus criterios de evaluación. Sin unos buenos cimientos, sin una buena estructura, todo el edificio del aprendizaje amenaza ruina. Hace cuatro años pretendí denunciar públicamente que el currículum y los criterios de evaluación de las matemáticas eran inestables, inseguros, estaban torcidos. Cuatro años después, la ruina educativa se extiende más allá de las matemáticas, a todo el sistema educativo entero. Y paralelamente, contemplamos la ruina política.  Pero las matemáticas son más importantes que la política. Y nuestros jóvenes estudiantes merecen respeto, merecen unas sólida formación matemática.


sábado, 9 de septiembre de 2017

La revolución más barata del mundo

Este humilde blog pretende estar a la altura de los momentos revolucionarios políticos y educativos de Catalunya, con un merecido homenaje a uno de los diseños más bellos y elegantes de la historia de la ingeniería civil, una obra magna, un hito de la ciencia. Me estoy refiriendo al “puente más económico del mundo”, del insigne ingeniero Mr. Arnold Buckinson de Massachussets. Su construcción es maravillosamente simple, elegante, baratísima:

 “El puente se reducía simplemente a un método por el cual un tren avanzaba por una rampa acercándose al canal a una velocidad suficiente para impulsarlo de una parte a otra, describiendo una curva parabólica de modo que aterrizaba en las vías del otro lado

El “puente de Buckinson” es no poner puente.

Nuestos amados dirigentes políticos, los arquitectos de la nueva Catalunya, se han ganado un lugar en la historia por diseñar y ejecutar “el proceso de autodeterminación más económico del mundo”, basado en la ausencia total de proceso: Se lanza a toda máquina el tren Catalunya, con la población catalana dentro, por el extremo español del precipicio, y aterrizaremos, después de realizar una bonita trayectoria parabólica, en el otro extremo del barranco, en la tierra prometida de la república catalana independiente.

No se ha hecho nada ilegal. Ni tampoco nada legal. No se ha hecho nada. No hay puente. No sé si me explico.

A lo largo del verano ha cesado o dimitido toda la cúpula de la Consellería d’Ensenyament, tal vez porque interesa que el tren vaya cuanto más ligero mejor, y un sistema educativo sólido y estable, es algo que se presenta pesado, incómodo, rígido, estéticamente contrario a la imagen volátil de un tren lanzado por el cielo en bonita trayectoria parabólica.

Bien pensado, todas la políticas educativas (catalanas y españolas) de los últimos años ha seguido este mismo principio: Aligerar, simplificar, reducir... Menos temarios, menos asignaturas, menos contenidos, menos conocimientos... “¡Más madera, es la guerra!” exclamaba Grouxo Marx, alimentando la locomotora con la madera de los vagones.

Cuanto menos conocimientos, menos conciencia, menos miedo a saltar en el vacío. La clave está en la velocidad, en que todo vaya muy pero que muy rápido.

No siempre fue así. Os recomiendo la lectura del libro “Einstein y los españoles”, de Thomas F. Glick, un estupendo análisis de la sociedad española de los años veinte del siglo pasado.

(Está disponible en pdf en http://www.jae2010.csic.es/documentos/publicaciones/publicacion12.pdf )

El autor propone la idea de “discurso civil”

“...Este libro es una contribución a la historia del discurso civil en materias científicas en una sociedad ideológicamente polarizada: la España de los primeros veinticinco años de esta centuria. Por discurso civil entiendo el proceso por el cual una elite dividida pacta poner en suspenso, de mutuo acuerdo y en determinadas áreas, el hábito de hacer que todas las ideas sirvan para fines ideológicos. En la España de alrededor del cambio de siglo, tales condiciones llegaron a prevalecer en las áreas de la ciencia y la tecnología, en el propósito de modernizar el país, puesto que su retraso científico fue identificado por todos los sectores políticos como una de las principales razones de la derrota de España en 1898. En este contexto el discurso civil es considerado como el mecanismo central, mediante el cual se creó una amplia base de apoyo a la ciencia pura y se configuró un clima de opinión que valoraba positivamente a la ciencia...

“...Es interesante señalar que, cuando el discurso civil empezó a quebrarse en los años 1930, el estilo de invectivas del siglo XIX se hizo de nuevo respetable entre los católicos más moderados hasta renacer de modo genuino como un distintivo de la hostilidad franquista hacia la ciencia moderna en los años 1940...

Las primeras décadas del siglo XX fueron uno de los pocos momentos en la historia de España y de Catalunya en la que los políticos dejaron de tener protagonismo (ai! qué poquito homenaje a Prat de la Riva este agosto en el centenario de su muerte) y la sociedad se volcó en la curiosidad intelectual, en participar de las revoluciones culturales que llegaban de Europa. Glick se centra en tres: el psicoanálisis de Freud, la teoría de la evolución de Darwin (del siglo XIX) y en la teoría de la relatividad de Einstein. En un momento como el actual, en el que todo está tan terriblemente politizado, es una lectura muy recomendable.

(por cierto, el puente de Buckinson lo he tomado del libro de Glick. El ínclito ingeniero Arnold Buckinson, tan genial como irreal, jamás se atrevió a construir de verdad su diseño. Los políticos sí.)

domingo, 9 de julio de 2017

Crónicas de la degradación educativa: "Escuela o barbarie"

En plena canícula estival, la prensa diaria compensa la falta de novedades políticas con artículos que nos informan sobre los últimos avances científicos.

Estamos analizando la composición del hormigón que utilizaron los antiguos romanos para construir sus puertos, espigones y malecones, utilizando para ello los más modernos aparatos científicos (microscopios electrónicos, sincrotones, espectroscopia Raman...).  Dos mil años después, escarbamos las ruinas romanas para aprender como construir nuestros puertos sin que la fuerza del agua salada los disuelva miserablemente. (Link)

De la misma manera, a nuestra generación nos ha tocado presenciar cómo se va degradando irremediablementetodo el sistema educativo.  Nos toca contemplar impotentes como el agua salada de la incultura va disolviendo progresivamente los cimientos de nuestro moderno sistema de instrucción pública.

Por eso son tan necesarios libros como “Escuela o Barbarie”, de Carlos Fernández, Olga García y Enrique Galindo, porque es una mirada a los fundamentos históricos de nuestro sistema educativo.

La institución escolar es un logro de la Ilustración, y su degradación actual sólo se puede comprender dentro del contexto de degradación capitalista de los valores y principios ilustrados.

...Lejos de considerar la escuela como un aparato disciplinario para el control ideológico y la sumisión, hay que pensar en ella como una grandiosa conquista de la clase obrera que dignificó a la población de la sociedad moderna. Por esto, en estos tiempos en los que esta institución está siendo agredida por una revolución neoliberal que amenaza con ‘hacerla migas’, es muy urgente reconocer todo el heroísmo y toda la belleza que encierra...” (página 67)

En este libro encontramos un poco de luz en el activo papel que cierta izquierda “progresista” tiene en la destrucción del conocimiento:

...Es curioso que hayan sido normalmente partidos considerados de izquierda los que han implantado con mayor éxito las reformas educativas que exigen los poderes económicos. Basta recordar quién implantó en España la LOGSE, la LOE o el Plan Bolonia. Las causas de esta aberrante ignominia solo pueden encontrarse en el abandono de los principios ilustrados a partir de los cuales nacieron las organizaciones situadas a la izquierda política y en la concatenación de errores teóricos que hicieron que, creyéndose muy radicales, no parasen de dar la razón al enemigo. La cosa se puede resumir así: primero, se denuncia la escuela como una herramienta exclusivamente al servicio de la reproducción capitalista; después, este aparente radicalismo lleva a exigir, en nombre del propio anticapitalismo y enarbolando la bandera del progreso, el vaciamiento de la escuela de todos aquellos elementos (normalmente relacionados con la tradición y cultura académicas, el tan denostado academicismo) que constituían, en realidad, un obstáculo para la extensión del imperio del mercado...

Sólo dos “peros” encuentro en este libro: Su horrorosa portada, fea con ganas, y el pasar de puntillas sobre el tema de las reválidas.

Actualmente, estar a favor de la reválida es querer meterse en el más profundo y oscuro pozo de lo políticamente incorrecto. ¿Condicionar a los estudiantes la obtención de un título académico a la superación de una prueba escrita de conocimientos objetivos? ¿Estamos locos?

Los autores de este libro hacen una ferviente apología del funcionariado docente y de la libertad de cátedra:

...Un funcionario no es propiamente un trabajador (aunque también lo sea): es, ante todo, un propietario, un propietario de su función. Y ello es una condición esencial para el ejercicio libre de su profesión...

Y reclaman enérgicamente la reinstauración de unas oposiciones “clásicas”, basadas en la superación de una rigurosa y estricta prueba escrita de conocimientos académicos de lectura obligada en voz alta ante un tribunal público.

...no hay nada más transparente que una verdadera oposición pública, frente a un tribunal que tenga que juzgar en voz alta, en una sala en la que pueda entrar cualquier ciudadano que pase por ahí...

...Hace falta, en todo caso, blindar el garantismo institucional de las oposiciones. Acabar, por poner sólo un ejemplo, con la costumbre, cada vez más extendida, de que los exámenes no sean leídos en voz alta y públicamente, algo ya se ha practicado varias veces y que, sencillamente, contradice la esencia misma de lo que es un sistema de oposiciones...” (página 359)

Pues bien, todo este garantismo, transparencia y equidad que garantiza el examen escrito es justo lo que le robamos al estudiante al impedir que defienda sus conocimientos adquiridos en unas pruebas de reválida. Estar en contra de la reválida es estar en contra de la justicia, pero ¡ay! estar a favor de la reválida es dejar de vender libros.

Curiosamente, encontramos en la página 364 de este libro una referencia a Salustiano Martín, la única persona en España que conozco que se declare públicamente defensor de un sistema de reválidas a lo largo de toda la escolarización del alumno.

¿Qué pasa cuando no hay reválidas? Acabo con dos "apuntes rápidos al natural" de degradación educativa. El primero es la simpática canción "ponme un cinco", que circuló a finales de curso. Hay que reconocer que tiene su gracia:



El segundo es una nota  que me llegó por Facebook a final de curso. Hay que reconocer que, de gracia, no tiene ninguna:

Bona tarda, aquest escrit va dirigit al grup d’alumnes amb les que mantinc contacte via Facebook o altres mitjans. En resum la situació és la següent. A la junta d’avaluació extraordinària de 2n de batxillerat (que enguany ha tingut un nivell paupèrrim!) una alumna fou suspesa i només li va quedar Història (nota: 2,5). Altres alumnes suspengueren dues o més assignatures. Es van fer les corresponents votacions pels casos dels alumnes que tenien una o dues suspeses, i la junta d’avaluació va decidir que no aprovaven. A partir d’aquí va començar un reguitzell de queixes i crítiques per part d’alguns pare. Alguns amb força mala educació. Les queixes, seguint el procediment reglamentari han arribat a Inspecció. Per més inri, en el cúmul de mentides que s’han dit i es diuen “al barri” al meu respecte, algú/s van arribar a dir durant uns dies que jo tenia “actuacions indecoroses” amb les alumnes. Aquesta falsedat representa un evident creuament d’una ratlla vermella. Evidentment ningú ha posat denúncia, atès que tot seguit l’hagués presentat jo per calúmnies i injúries.
La conseqüència més funesta de tot plegat, és que el Sr.Director, en ---, ha decidit amb una clara intenció d’evitar problemes i preferir donar la raó a qui no la tenen –uns pares que només es preocupen dels seus fills quan suspenen i que fan culpables als professors de tot-, DESTITUIRME com a professor de batxillerat. La qual cosa em proporciona un enorme disgust, a afegir a tot el que estic passant des de fa sis dies,. No cal que us digui que moralment, estic enfonsat.
Llavors, per què us escrit?, per demanar-vos un favor i m’ajudeu a netejar el meu nom i em feu costat en el que considero que és una flagrant injustícia. En el cas de que ho considereu així, que tingueu un bon record de quan vaig ser el vostre professor, si penseu que vaig ser un bon professional, que complia el programa, que qualificava ajustant-me als criteris d’avaluació, si arribava puntual a classe, si acabava el programa, si quan vareu continuar estudiant valorareu el segon de batxillerat fet amb mi ...en definitiva, si creieu que vaig tenir un paper positiu en el vostre procés d’aprenentatge... Us demano el següent favor: que escriviu al ---, la inspectora i l’AMPA de (Institut) comentant el que creieu convenient al respecte.
Ja se que tots anem atabalats de feina, i que possiblement mai us ho podré agrair, però en mig de tant neguit, m’afalagaria saber que puc comptar amb alguns dels meus exalumnes.
També us agrairia que féssiu extensiu via mail o per on crieu convenient aquest text a altres companys amb qui segur esteu en contacte.
Moltes gràcies a tots i a totes
--- (el profe!)


Bonustrack 13/7: El Periódico de Catalunya se hace eco del caso de este profesor Link

Riamos, lloremos y vigilemos donde ponemos los pies, que el mar puede ser muy peligroso. Feliz verano.

sábado, 17 de junio de 2017

Laura, historia de un amor prohibido.

Se llamaba Laura y tenía quince años. Era la alumna más aplicada, estudiosa y educada de todo el instituto. Y muy guapa, por cierto. Yo pasaba ya de los treinta, y por aquel entonces era su profesor de matemáticas.

Esto ocurrió hace unos quince años en un instituto del barrio de Llefià de Badalona. Yo llevaba unos cinco años como docente en dicho instituto y unos siete viviendo en Badalona.

Un día entraba yo en la sala de profes cuando Laura se me acerca muy seria.

- Se lo tuvimos que decir, profe.

- ¿A qué te refieres, Laura?


- El coordinador entró en clase a preguntarnos en qué idioma nos dabas la clase, en catalán o en castellano, y le tuvimos que decir que tú lo haces en castellano.


En Catalunya nadie entra en las clases a preguntar a los alumnos si el profesor explica en catalán o en castellano. Eso no pasa, por lo que aquella confidencia me dejó totalmente perplejo.

Laura se aleja, y aparece Dolors, la directora del instituto.

- Dolors, mira, que una alumna me ha dicho que habéis entrado en mi clase a preguntar si doy las clases en catalán o en castellano, ¿es eso posible?

- No, en absoluto, qué va a serlo.


Pero en su rostro veo incomodidad, mucha incomodidad. En ese preciso momento vuelve a aparecer por allí la alumna. La llamo. Todo pasa muy rápido.

- Laura, dile a la directora lo que me acabas de decir.

Y Laura se reafirma en lo dicho, que el otro día entró en clase el coordinador pedagógico y les preguntó en qué idioma daban la clase los profesores, en catalán o en castellano.

La incomodidad de la directora es ya palpable.

- Ah, bueno, sería para elaborar la estadística de la “Memoria anual de centre”.

Dicho esto, da media vuelta y desaparece. Si tener que dar explicaciones sobre ese tema a un profesor era muy molesto, hacerlo además en presencia de un alumno era para ella sencillamente inadmisible.

Una de las tareas del coordinador pedagógico era redactar la memoria anual del centro, en la que se dejaba constancia de los usos lingüísticos tanto del alumnado como del profesorado. Vale. Pero en aquel instituto nos conocíamos todos de sobra (por cierto, con un ambiente de compañerismo entre el profesorado era insuperable). Aquella cuenta era muy sencilla: De los ochenta profesores, sólo tres teníamos por costumbre dar la clase en castellano. El resto todos en catalán. Sale un 4% del claustro en castellano y el 96% restante en catalán. No había ninguna necesidad de entrar en el aula a preguntar nada a los alumnos. Porque aquella alumna se había sentido violentada al tener que decir mi nombre, o escucharlo en boca de sus compañeros. Porque aquella alumna había vivido aquello como si hubiera sido obligada a delatarme.

Aquel coordinador pedagógico (no me acuerdo de su nombre) era un profesor de lengua muy catalanista, que no perdía ninguna oportunidad de exteriorizar un suave pero firme rechazo a todo lo que fuera español, en español o de español. Y por increíble que parezca, pertenecía al departamento de lengua... castellana. Como lo oyes. Resulta que de forma totalmente circunstancial muchos años antes había opositado y ganado una plaza en el departamento de castellano. ¡Qué importaba eso! Desde dentro del departamento de castellano también podía ejercer su misión por la lengua catalana  ¿cómo? Pues dando en catalán todos las horas lectivas que podía. Claro que sus compañeros no estaban muy conformes con semejante planteamiento, pues argumentaban que las horas lectivas del departamento de castellano eran para darlas en castellano. Pero contra semejante evidencia él se mantenía firme: el idioma vehicular debía ser el catalán, que bastante español aprendían (sic) todos aquellos chavales en aquel barrio.

El barrio. Esta historia no se entiende sin el barrio, el barrio de Llefià de Badalona. Un barrio 100%  charnego, 100% castellanoparlante. En Badalona el idioma catalán queda para los del barrio del centro, el barrio de los “BTB” (“els Badalonins de tota la vida”). Para profesores como aquel coordinador, el instituto sólo se entendía como una especie de Inxaurrondo lingüístico, un asentamiento catalanizador en un territorio culturalmente hostil. Como uno de aquellos fuertes del Séptimo de Caballería de las películas del Oeste. A los profesores así les llamábamos “los talibanes”. Eran otros tiempos.

Laura era la mejor estudiante del instituto, una alumna de todo excelentes, y charnega. Hija de padres extremeños, merengue hasta la médula, fan incondicional del grupo “Camela”... El resto de la clase eran todos chavales charnegos. Y yo, el profe de mates, más charnego que nadie. Qué quieres que te diga, me sentía tan artificial, tan raro hablando en catalán con aquellos chavales, era tan natural para mí expresarme con ellos en castellano. Insisto que un 96% del profesorado utilizaba el catalán como lengua vehicular, sin ningún problema.

Todo el barrio era charnego. En aquellos tiempos hasta el presidente de Catalunya era charnego. El personaje que hacía de president Montilla en “Polònia”, el programa de sátira política de la televisión pública catalana, se caracterizaba por hablar un catalán corrompido por los castellanismos: “bona noch, ja ja, era un chist”.

Todo esto ya es historia, pero ahora que está ya próxima la independencia de Catalunya, me preocupa que en el futuro no se valore como se merece el tesón de individuos anónimos como aquel coordinador pedagógico, extralimitándose en su deber, retorciendo las directrices profesionales, ora ejerciendo de comisarios lingüísticos entrando en las aulas a interrogar a alumnos, ora reduciendo en todo lo posible las horas de castellano incluso desde dentro de un departamento de castellano, que todo ayuda a la causa.

Pero sobre todo me preocupa que no se valore como se merece la inmensa aportación del mismo Estado Español, en su desidia, en su inanición, en el abandono durante décadas de los derechos lingüísticos de los españoles nacidos en Catalunya, vendiendo al nacionalismo catalán bien barata la carne charnega, y todo por unos miserables escaños de más en los cambalaches post-electorales.

Lo último que supe de Laura es que había entrado en la Universidad de Barcelona a estudiar Filología hispánica. Actualmente ya  habrá acabado la carrera. Espero que en la literatura pueda vivir su amor a la lengua castellana, un amor prohibido en su propia tierra,   forzados a pasar de ser la primera generación de españoles nacidos en Catalunya a ser la última generación de catalanes nacidos en España.

Ayer leí en La Vanguardia que los vecinos del barrio de Llefià recibieron al president independentista Puigdemont con una sonora pitada (link). Me han venido a la cabeza tantos recuerdos... Buena gente aquella.


BonusTrack:
http://mildimonis.blogspot.com.es/2017/06/llefia.html?spref=fb