sábado, 9 de diciembre de 2017

Antididáctica aplicada: Puigdemont vs. Max Headroom

La educación tradicional tiene como objetivo fundamental el de llenar la mente del joven de cuantas más representaciones del mundo sea posible, y cuanto más complejas y “profundas” mejor, para así dotarle como adulto de herramientas para interpretar todo lo que se encontrará a lo largo de la vida. Cargar la mente del joven de lo que se ha dado en llamar una “vasta cultura”.

La “nueva educación” niega este principio (incluso, con terrible arrogancia, señala a la acumulación de conocimientos como culpable absoluto de todos los males). Pretende dotar a los alumnos de herramientas que le permitan explicar el mundo y sus cadenas causales-materiales potenciando la imaginación, la creatividad, la capacidad de comunicación, conceptos todos ellos vagos e indefinidos pero muy seductores, las llamadas “competencias básicas”.

La antididáctica pretende denunciar el disparate de la “nueva educación”: Es un fraude, como en general lo son todas las soluciones fáciles y cómodas de cualquier problema.

En este blog intento dejar constancia de ejemplos reales de antididáctica, ejemplos prácticos de la infinita superioridad analítica de los conocimientos adquiridos. Cómo ideas almacenadas hace muchos años son las claves del presente y del futuro.

Un ejemplo magnífico de antididáctica lo encontramos en el president Puigdemont, físicamente localizado en Bruselas, exiliado de la justicia española. Pero lo tenemos con nosotros gracias a la televisión, interaccionando con sus seguidores en pantallas gigantes en sus mítines, por “videoconferencia”. Y en la televisión, ¡oh sí! aparece en todo momento en TV3 para compartir con todos nosotros todas las ocurrencias que le pasan por la cabeza. Puigdemont vive en la televisión. Incluso podemos los catalanes tener dentro de unos días el primer presidente televisivo del mundo.

Puigdemont, antiguo periodista, convertido en un ente virtual televisivo puro. Es la mítica serie “Max Headroom”, que emitía TV3 hace exactamente treinta años, en 1987. Puigdemont es Max Headroom.


“Max Headroom: 20 Minutes into the Future". Ambientada en un futuro distópico, muy ciberpunk, en el que las grandes corporaciones de televisión dominan el mundo, en el que todo el mundo vive pegado a las pantallas, día y noche, consumiendo ingentes cantidades de telebasura.

El protagonista de la serie es un periodista, como Puigdemont, Edison Carter (Matt Frewer), que con su cámara al hombro se dedica a buscar noticias impactantes. En el episodio piloto, persiguiendo en moto al malo de turno en un aparcamiento de coches se estrella contra una valla (como Puigdemont) en la que se puede leer "Max. Headroom — 2.3m." , (altura máxima) y pierde el conocimiento.

La cadena de televisión en la que trabaja, “Chanel XXIII”, aprovecha el momento para “robarle la mente” y pasarla a un programa informático. Genera un ente artificial puro que vive dentro de la red electrónica de la televisión. Un personaje que no tiene mucha inteligencia, pero es sarcástico, divertido, irónico, muy gracioso. Una especie de duendecillo televisivo que interacciona con todo el mundo con sus ocurrencias.


Es la estrella mediática perfecta, un ser televisivo puro. Una mezcla entre telepredicador, vendedor de aspiradoras y candidato a la presidencia por Alabama. Es Max Headroom. Es Puigdemont. El primer ente televisivo puro.


Y todo esto gracias a la TV3 de los años ochenta. Una televisión magnífica, no como ahora, reducida a mero (y carísimo) vocero separatista. Gracias a ella pudimos disfrutar de series de la BBC como The Young Ones o The Black Adder. Y los viernes por la noche, ¡ah los viernes por la noche! Los que vivíamos en Tarragona instalábamos potenciadores de señal y orientábamos la antena convenientemente para poder saltarnos la barrera territorial y pillar Canal 9, “la valenciana”, y ver “Parle vosté, calle vosté” y el mítico “Tómbola”, con Ximo Rovira y Jesús Mariñas. Poder saltarnos el dictado moral católico-mojigato que imponía Jordi Pujol en TV3 era relativamente fácil. Pero eso es ya otra historia... ¿O no?

domingo, 3 de diciembre de 2017

Voces valientes: Ricardo Moreno Castillo

Supongamos que una familia venezolana con un hijo de quince años se instala en Catalunya. Supongamos que el chaval llega con un excelente nivel de lengua castellana, un aceptable nivel de inglés y, naturalmente, sin ningún conocimiento de catalán. Finalizado el primer trimestre, los padres recibirán un boletín de notas que reflejará esta realidad, en forma numérica y por asignaturas:

Castellano: 10, Inglés: 5, Catalán: 0.

Un orden de cosas que es natural para cualquier persona excepto para la educracia de gurús que controlan en la sombra el sistema educativo catalán. Para ellos, semejante evaluación es agresiva, opresora, franquista, decimonónica, rancia... ¡Inaceptable!

Para el próximo curso todo esto debe cambiar. Las notas numéricas de 0 a 10  se reducirán a sólo cuatro "cualitativas": I-S-N-E, y las asignaturas deben diluirse en un sinfín de competencias y ámbitos. En vez de un boletín de notas, esta familia recibirá un mamotreto donde se detallará qué sé yo, que el chaval es muy competente para diferenciar los cuatro palos del flamenco, que debe mejorar en la competencia de "ingesta de cargols a la llauna", pero es competente en el flirteo en un chiringuto de Salou. Cuanto más absurdo más moderno. Las puntuaciones numéricas en asignaturas separadas deben dar paso a una evaluación "cualitativa" de la "competencia lingüística" del alumno, colegiada por el conjunto de profesores. En realidad todos sabemos que no existe la cosa "evaluación cualitativa", no existe la cosa "competencia lingüística" y no existe la cosa "evaluación colegiada", pero da igual, hay que darles la razón. Son los intocables del sistema. "Tú di que sí" es el principio fundamental de la carrera docente.

Otro ejemplo: Supongamos que un alumno es un genio de la música, pero incapaz para el dibujo. En una evaluación normal, esta situación quedará reflejada en el boletín de notas:

Música: 10, Dibujo: 0.

Pero esto, para los gurús educativos, es traumático, agresivo, y muy injusto (!!!) para el alumno, pues no refleja su "competencia artística", que tendrá que ser colegiada por el conjunto del profesorado. (La realidad, que no existe la cosa "competencia artística", les importa un pimiento, hay que seguirles el juego).

http://educacio.gencat.cat/documents/PC/Avisos/Projecte_Ordre_avaluacio_ESO.pdf

Y por el lado español la cosa todavía es más surrealista: Se le exige pasar una reválida, pero una reválida "a la española", la única reválida del mundo que es "muestral", es decir, no hace falta que la pasen todos los alumnos, no, sólo una muestra, unos cuantos, de aquí y de allí. Una reválida que tampoco es única, ni se corrige de forma única, y lo más increíble: tampoco puntúa para nada. Es la pura definición de lo que no debe ser una reválida. Pero se mantiene, ahí está, ¡la reválida existe!, pero sólo para no tener que devolver los 800 millones de euros que levantamos hace unos años a Europa para mejorar los resultados educativos, y que ya nos hemos gastado en vete tú a saber qué.

http://www.elmundo.es/espana/2017/11/27/5a1b1b6b22601d60628b463f.html

Todo esto, naturalmente, de espaldas al profesorado, obligado a acatar sin protestar semejante cadena de disparates. Obligado a contemplar como la corte de gurús educativos desmantelan año tras año el sistema educativo. Gurús educativos que se encuentran a todo el profesorado en contra, y como el loco del chiste no se dan cuenta que son ellos los que van en sentido contrario.

Por higiene mental, por dignidad, porque todavía no está todo perdido, merece la pena escuchar voces valientes que denuncian el disparate y no callan, como la de Ricardo Moreno en su conferencia "En contra de una escuela inclusiva":

http://www.forosociedadcivil.org/wp-content/uploads/2017/11/EN-CONTRA-DE-UNA-ESCUELA-INCLUSIVA.pdf
 



sábado, 25 de noviembre de 2017

El futuro de Cataluña en las tripas de una cabra

Así como los antiguos oráculos abrían una cabra para ver en sus entrañas el desenlace de la inminente batalla, el domingo pasado apareció en toda la prensa nacional una fotografía que por sí sola muestra el futuro de Catalunya:



¿La manipulación? ¿La Catalunya del futuro es la Catalunya de la manipulación mediática?  ¡Peor aún! ¡Mucho peor! ¿Pero qué puede haber peor que la manipulación?
La chapuza

El futuro de Catalunya es una inmensa chapuza. Porque hay que ser chapucero para recortar la cabeza del pobre conseller Santi Vila (una forma de asesinato mediático por la traición de haber saltado del barco del “procés” un día antes del referendum)  y dejar sus piernas.

La chapuza es incompatible con la manipulación, un arte muy exigente (link), pues si se manipula chapuceramente no sólo se impide el borrado deseado, sino que, por lo contrario, dicho objeto se magnifica, se manifiesta, se ilumina.

El joven o la joven que recibió el encargo de dicho recorte será todo lo patriota y voluntarioso que quiera, estará tan motivado como pueda estar, pero es un chapucero integral.

En esta fotografía tenemos las claves de la chapuza catalana, una chapuza política que es el reflejo de la chapuza de un modelo educativo, las dos caras de una misma moneda:

- La chapuza de la “educación por competencias”. Por muchas competencias que se tengan en las artes del recorta y pega, el resultado es una chapuza. Para la corte de gurús educativos que controlan la educación catalana, las “competencias” lo son todo. En realidad no son casi nada.

- La chapuza de los “nativos digitales”.  Por muchas destrezas digitales en el dominio del Photoshop, el resultado es una chapuza. El chaval o chavala será todo lo nativo digital que quiera, pero es un chapucero. Un chapucero digital no es menos chapucero. Lo es más.

- La confusión entre información y conocimiento. Información es la cabeza del Santi Villa que tengo que recortar. Conocimiento es saber que normalmente por debajo de cada cabeza suele haber un tronco y unas extremidades.  Este chico tenía toda la información, pero poco conocimiento.

- Falta de disciplina, la carencia total del valor del esfuerzo. Después de hacer un trabajo hay que repasar, no sea que te hayas dejado algo. Te dejaste las piernas, so imbécil. La motivación no lo es todo, en realidad es muy poca cosa.

Recordemos la máxima pujoliana, aquella que decía “La feina ben feta no té fronteres, la feina mal feta no té futur”. Mis abuelos hubieran dicho “este chico no tiene conocimiento”. Así en singular, “no tiene conocimiento” señala al niño irresponsable, al que no se le puede mandar ninguna tarea. Un modelo educativo que desprecia el conocimiento y fomenta la quimera de la "educación competencial" es una chapuza.

La educación catalana está controlada por gurús educativos con muy poco conocimiento.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Cómo detectar los enemigos de Cataluña

Ahora que, poco a poco, van bajando las aguas del sutnami del "procés", y a la espera de qué nueva idea revolucionaria nos mantendrá entretenidos los próximos cinco o seis años, los catalanes nos dedicamos a señalar a los culpables. Los culpables de todo. Unos dirán que son los radicales de la CUP, otros señalarán a los butiflers del PSC, los más prudentes tal vez señalen con el dedo a Pilar Rahola. No digo que no, pero sólo la Antididáctica nos da un

Método para detectar los Enemigos de la Patria Catalana

(método que sirve igual para la Patria Española o cualquier otra patria, chica o grande)

Paso 1.
Descárguese el examen de matemáticas de la selectividad China (Gaokao)

http://www.toomates.net/experimenta/a2017/SelectividadChina2015.pdf

Paso 2.
Descárguese cualquier examen de matemáticas de la selectividad Catalana.

Por ejemplo:
http://www.toomates.net/Llistes/a2017/jun/pau2017/pau_mate17jl.pdf

Paso 3.Compárense ambos.

Observaremos que el examen chino es una prueba rigurosa, seria, que abarca todos los temas de la matemática básica: Números complejos, geometría analítica, logaritmos, probabilidad y estadística, trigonometría, algorítmica, teoría de funciones... Una prueba que exige al estudiante tener claros los conceptos básicos fundamentales de las Matemáticas. Una prueba exigente, y por eso mismo una prueba que respeta y dignifica al alumnado.

Mientras que la prueba de matemáticas catalana es un refrito de materiales matemáticos universitarios (matrices, cálculo diferencial, álgebra lineal multidimensional pero nontropo), una prueba que año tras año se repite en cuatro o cinco problemas repetitivos sobre los mismos temas, un temario que el alumno deberá volver a trabajar en primero de carrera de nuevo, pero que a la vez impide trabajar los conceptos básicos fundamentales. Una prueba en la que, por increíble que parezca, no existe probabilidad (debe ser la única selectividad del mundo que no pide al alumno conocer la distribución normal, un fet diferencial), ni trigonometría, mientras que exige dedicar sesiones y sesiones a cosas como determinar a mano la matriz inversa, aunque no sepamos para qué.
Una prueba que año tras año va reduciendo su temario hasta convertirse en algo ridículamente esquelético, con la excusa barata de "evaluar las competencias".

Bien. Pues todos aquellos "expertos educativos", profesores o no, que defiendan el "modelo catalán", que clamen que qué barbaridad  esa de compararlo con el modelo chino (esos mismos que no dejan de pretender compararnos con los finlandeses), que a nuestros jóvenes debemos darles una educación basada en la plastelina de 0 a 18 años y después de 18 a 22 años en los macarrones pintados. Aquel que espera paciente, con el carnet de ERC en la boca, ser el próximo conseller en Educació.

Esos. Todos esos son los verdaderos enemigos de Cataluña.


domingo, 22 de octubre de 2017

Una única Europa, una única Reválida

Que dice TV3 que ejecutar el 155 les hace daño a muchos. Que dice TVE que ejecutar el DUI hace daño a muchos otros. Y todos salen por sus televisiones ("sus" televisiones, pero que pagamos todos con "nuestros" impuestos, ¿qué gracioso verdad?)

Y qué quieres que te diga, que a mí me duelen otras cosas, y las pongo es este blog mío porque para eso es mío (y que no cuesta un duro a nadie).

A mí me duele entrar en clase de bachillerato y encontrarme en el corcho una circular de Ensenyament donde dice

"...hay que ir avanzando a un modelo de exámenes más centrado en evaluar competencias que conocimientos..."


No dice estos o aquellos conocimientos, memorísticos o anticuados. No. Todo el  conocimiento. A mí esto me hace daño.

Y encima reclama "la complicidad del profesorado": Que digamos todos ¡sí a las competencias, abajo los conocimientos! Es decir, queremos ciudadanos competentes pero ignorantes, como si no fueran una y la misma cosa. Y todo ello, supuestamente, sin abandonar "los principios de mérito y capacidad".

¡Sólo el conocimiento garantiza el principio del mérito y la capacidad!

El texto no tiene desperdicio: "Como  tal vez sepas, pues los medios se han hecho eco..." porque desde hace muchisimos años las directrices educativas son pùlpfiction para llenar páginas y páginas de dominicales de periódicos subvencionados. ¿Quieres saber cómo va la educación en Catalunya? Lee el diario Ara.

Naturalmente, esta "nueva educación" será estrictamente catalana. Será (ya ves tú qué casualidad) totalmente incompatible con cualquier directiva que mane en la meseta. Sólo los responsables educativos catalanes, nuestros guías espirituales, dominan las claves de la educación del siglo XXI. (Que sí, ¿por qué ríes?). Los de Madrid no. Nosotros los catalanes somos mucho más modernos. Mucho más europeos. Mucho más "nórdicos", dónde va a a parar.

El problema español-catalán es educativo. Y sólo se solucionará cuando la educación se independice de la política. Y esto, en España, sólo se puede hacer desde Europa. Aceptémoslo, nosotros, sin el dictado europeo, jamás "dejaremos de tirar de navaja". El de ValldeRomaní jamás perdonará al de Villatocinos de Arriba que hace un millón de años su antepasado ameba pusiera un tentáculo encima a una pariente  suya. Pero Europa debe ser consciente de esto, debe dejar la comodidad de su proyecto  puramente económico y aceptar su responsabilidad cultural con los países del sur. Debe abordar ya la implementación obligatoria de un Sistema Educativo Preuniversitario Europeo Único, que impida a los nacionalismos la tentación de meter la zarpa en la educación. O eso o nos convertiremos, españoles y catalanes, en el  "Jurassic Park del siglo XIX" de Europa.


Una única Europa, una única Reválida


P.D. Qué ganas tengo que se acabe este siglo XXI.


domingo, 15 de octubre de 2017

Proyecto Pedralbes

Digo yo que alguna cosa habremos hecho bien los catalanes para haber merecido recibir de la santísima providencia ese regalo divino en forma de partido político llamado “las CUP”.

“Las CUP”, que en su anterior etapa municipalista destaparon tantos casos de corrupción en Catalunya, en su actual versión nacional se han crecido, se han venido arriba, y se atreven a enmendar a Marx y aquel rancio “¡proletarios del mundo unios!”. Que no, que lo que tienen que hacer los proletarios no es unirse, sino autodeterminarse.

En su último comunicado oficial exigen al presidente Puigdemont una ruptura sin paliativos con el Estado Español y la proclamación inmediata de la República Catalana.

Puestos a decir disparates, propongo a las CUP considerar la posibilidad de dotar a Catalunya de la bomba atómica, como Pakistán o Corea del Norte.


Naturalmente sólo como elemento puramente disuasorio, para romper la correlación de fuerzas.

(Por cierto, qué manía con referirnos siempre a los países nórdicos, que si Noruega por aquí, que si Finlandia por allá, que si Bélgica eso, que si Dinamarca lo otro... pero ¡ay! nadie nombra nunca el caso del “Sahara español” y el Frente Polisario. Qué invisibles son, qué racistas somos, y qué triste es todo)

A lo que iba. Para que Catalunya se pudiera dotar de su propia bomba atómica necesitaría su propio proyecto “Manhattan”, al que propongo llamar “Projecte Pedralbes”.

Y para desarrollar un proyecto tecnológico de tal magnitud necesitaría científicos, muchísimos científicos trabajando dentro del país. Muchísima tecnología, muchísima ciencia propia.

Y para desarrollar toda esta cultura científica se necesitan matemáticas. Matemáticas sólidas, potentes, una educación matemática nacional de primerísima calidad. Que es justo todo lo contrario de lo que se está haciendo ahora y lo que se pretende hacer en el futuro, con este currículum “competencial” patético, penoso, ridículo, infantil.

Proclama la CUP en su comunicado: “La gent és l’única estructura sòlida que té aquest país”, “La nostra força és la gent”...

No. La fuerza de un país es su nivel cultural, y su tesoro más valioso es un sistema educativo sólido, basado en contenidos, y que fomente el valor del mérito, el esfuerzo y la superación personal.

Un sistema educativo como el nuestro, que se degrada a marchas forzadas ante nuestros ojos, es garantía de una total dependencia.

P.D. El comunicado de la CUP especifica: “La gent és, també, la que va anar a votar perquè ho tenia previst; La que va votar SÍ i la que va votar NO; però també qui no ho va fer per por”.

(“La gente es, también, la que fue a votar porque lo tenía previsto; la que votó que SÍ y la que votó NO; pero también quien no lo hizo por miedo”)

¡Vaya! Resulta que yo, para la CUP, no soy gente.


Os dirán que el renacimiento contemporáneo de Cataluña empieza en tal o cual aventura política, en el "cierre de cajas", en la "campaña de los cuatro presidentes" o en cualquiera otra majadería por el estilo. No. Hay que ver más hondamente las cosas. La historia del renacimiento contemporáneo en Catalunya empieza el día en que Juan Palau, de vuelta de Alemania, rico, artista -tal vez por inclinaciones voluptuosas de temperamento, indolente-, dijo con decisión a su familia y a sus amigos, admirados, que "quería ser maestro de escuela".

Eugeni d'Ors, 1918

sábado, 23 de septiembre de 2017

Matemáticas, nacionalismo y berberechos

Empecé este blog y me inventé el concepto “antididáctica” hace cuatro años, con la entrada “Principis de l’Antididàctica de les Matemàtiques”, para denunciar el despropósito de un currículum oficial de matemáticas de primero de ESO (12 años) absurdamente retorcido, barroco, prácticamente ilegible.

Escribía yo entonces: “Cuando una parte significativa de nuestros alumnos nos llegan de primaria sin saber las tablas de multiplicar, estos gurús de la didáctica quieren que los evaluemos como si fueran becarios del CSIC, con beca Ramón y Cajal y postgrado en Cambrige. Estos gurús son como aquellos paletos de los años ochenta, que iban locos por comprarse aquellos relojes CASIO con calculadora, cuantos más botones mejor (“mira mira el mío hace hasta logaritmos y tó”) y piden más y más, en un ejercicio de esnobismo estéril y desmotivador inflando más y más una burbuja educativa-especulativa que antes o después tendrá que estallar”.

Cuatro años después, en Catalunya ha estallado la burbuja y no ha sido educativa, sino política. La política. Todo ha sido política. Dicta la metodología que, después de descartar todas las hipótesis falsas, aquella que quede, por descabellada que parezca, será la verdadera. Pues bien, la única hipótesis que me queda es la política.

El currículum de matemáticas de Catalunya ha sido tan retorcido y absurdo porque su objetivo era el de ser tan diferente y incompatible con el español como fuera posible. Un ejemplo más de la politización nacionalista que hemos vivido. Llego a esta conclusión porque después de cuatro años no se me ocurre otra, y a tenor de los hechos actuales.

El problema (ay!) es que las matemáticas son, seguramente, el objeto cultural más internacional, menos nacionalizable, que existe.

No es como la filología. Se puede influir en una población para que digan “escopinyes” en vez de “berberetxos” (otra cosa es que lo consigan, claro, link)

Se puede influir en la historia para “nacionalizar” los hechos ocurridos hace siglos. Para llevar el agua del pasado épico al molino político.

¿Pero se puede nacionalizar la matemática? Al menos lo han intentado. En España tampoco es tan descabellado, pensemos, por ejemplo, que se realizan cada año diez o doce pruebas diferentes de matemáticas de Selectividad, repartidas por todo lo ancho y largo de la península.

¿Se puede politizar la matemática? Al menos lo han intentado.

Los cimientos de una asignatura están en su currículum y sus criterios de evaluación. Sin unos buenos cimientos, sin una buena estructura, todo el edificio del aprendizaje amenaza ruina. Hace cuatro años pretendí denunciar públicamente que el currículum y los criterios de evaluación de las matemáticas eran inestables, inseguros, estaban torcidos. Cuatro años después, la ruina educativa se extiende más allá de las matemáticas, a todo el sistema educativo entero. Y paralelamente, contemplamos la ruina política.  Pero las matemáticas son más importantes que la política. Y nuestros jóvenes estudiantes merecen respeto, merecen unas sólida formación matemática.