domingo, 30 de octubre de 2016

Crónica de la degradación educativa: "La semana en silencio"

El imparable proceso de independencia política de Catalunya va acompañado por un no menos imparable proceso de degradación y desmantelamiento de su sistema educativo. Y esta terrible contradicción tiene nombre propio: “Escola Nova 21”.

Cuando una administración pública regional como es la catalana pretende por un lado asumir la inmensa responsabilidad de convertirse en gobierno estatal independiente,  pero al mismo tiempo se declara incapaz de asumir la dirección de la educación de sus ciudadanos, eso se llama “Escola Nova 21”.

Cuando los buitres y tiburones del businnes empresarial salivan ante una Administración pública débil, vulnerable, (al olor del dinero público, es decir, de nuestro dinero), y por la puerta de atrás de las influencias políticas se van adueñando del sistema educativo público, eso se llama “Escola Nova 21”.

Cuando los pequeños ratoncitos empresariales del negocio new-age de la espiritualidad infantil ven vía libre para entrar en las aulas, eso se llama “Escola Nova 21”.

Y todo pasa delante de nuestros ojos. Por ejemplo, ayer mismo en el diario Ara, el cronómetro oficial del independentismo catalán, encontramos una noticia realmente impactante:

Una escuela del Poblenou busca dinero para hacer una semana en silencio. Pararán las clases en todos los cursos y harán actividades relacionadas.

Podéis leer el artículo en catalán en la web http://www.ara.cat/societat/escola-Poblenou-diners-setmana-silenci_0_1677432323.html

o en una traducción mía al castellano al final de este artículo.

Aparentemente es una iniciativa loable. El silencio podría ser el elemento común entre la “nueva pedagogía” y la pedagogía tradicional. El silencio es necesario para aprender, independientemente de qué o cómo se aprenda.

Naturalmente, un maestro “tradicional” objetará que el silencio debería ser una condición previa, que a la escuela se va a hacer cosas en silencio, que si estar en silencio es bueno en sí mismo, nadie lo discute, mejor será “hacer algo en silencio”: leer un texto en silencio, hacer un dibujo en silencio, pensar una poesía en silencio, pensar un problema de matemáticas en silencio, escuchar atentamente y en silencio a un experto el discurso de un experto en una materia...

¿Cuándo perdimos el silencio en las aulas? Lo cierto es que existe demasiado ruido en las aulas, que la señora Ester Rovira, la promotora de esta actividad, y madre de un alumno del centro, (aparentemente) tiene toda la razón del mundo; “[...]Cuando hace dos años Rovira fue a comer un día a la escuela de su hijo quedó impactada por la cantidad de ruido que había. ‘Entonces me di cuenta que hacía falta organizar una actividad relacionada con el silencio para que se dieran cuenta de la importancia que tiene’[...]”.

Hasta aquí creo que todo el mundo estaría de acuerdo, estaríamos ante una loable iniciativa. Pero tiene un pequeño inconveniente en una sola cosa: Que es mentira, es todo una puñetera mentira de punta a punta. No se trata de reivindicar el silencio, sino de reivindicar el “no hacer nada”, la contemplación, la relajación espiritual, estar una semana entera sin hacer nada, y se pretende imponer esta experiencia a toda una escuela pública durante toda una semana.

No hay nada que objetar a las vías espirituales o religiosas en sus más variadas formas (yoga, tai-chí, budismo, ganchillo...), pero forman parte de la esfera íntima de la persona, y deben desarrollarse en casa, en familia. No en la escuela, mucho menos en una escuela pública.

Todas las religiones del mundo, absolutamente todas, incorporan dinámicas de meditación y contemplación. Descargar la conciencia del pensamiento verbal opresivo, mediante actividades no verbales, repetitivas... Aquellas abuelas repitiendo una y otra vez el Rosario “Diostesalvemariallenaeresdegraciaelseñorescontigo...”, o el dibujo de un Mandala, con sus formas circulares, o simplemente el sentarse en la arena de una playa en otoño a contemplar el horizonte. Pero todo esto, repito, pertenece a la esfera familiar, no a la esfera escolar. A la escuela no se va a “no hacer nada”, para “no hacer nada” uno se queda en casa, y desde luego no se va a estar una semana entera “sin hacer nada”.

Otro elemento sospechoso en este artículo es el dinero. Porque no hay nada más barato que el silencio, no hay nada más económico que no hacer nada. Y resulta que los impulsores de esta iniciativa necesitan la friolera de 24.000 euros para su “semana en silencio”. Dinero, dinero, dinero, nuestros abuelos nos enseñaron a sospechar de quien pide dinero. Piensa mal y acertarás, nos decían.

Porque resulta que la señora Ester Rovira, esa madre que un día fue a comer al colegio y se quedó impactada por la cantidad de ruido que había, en realidad está al mando de una empresa llamada “DadáBarcelona” dedicada a las actividades lúdico-espirituales extraescolares. ¿Adivinan a dónde irán a parar los 24000 euros? ¿Porqué el artículo no menciona este hecho?

No hay nada que objetar, naturalmente, a desarrollar una iniciativa empresarial de experiencias espirituales y ofrecer a los padres actividades extraescolares para sus hijos de meditación, de relajación o de cualquier otro tipo. Pero, repito, en el ámbito extraescolar, no en la escuela.

Porque estamos ante la promoción dentro e una escuela pública, y durante una semana entera, de un producto comercial. Es el asalto e invasión de una escuela pública, la paralización durante una semana entera el desarrollo de las clases, el apartar a los profesores y sustituirlos por “27 profesionales externos de fuera del centro de primer nivel”. ¿”Profesionales” de qué? ¿”de primer nivel” de qué? ¿Qué autoridad los selecciona o les autoriza a sustituir al profesorado del centro durante una semana entera? Y todo para mayor gloria de una empresa privada “DadáBarcelona” y a un coste desorbitado. ¿Realmente las 482 familias están de acuerdo en paralizar las clases durante una semana para la promoción de las actividades comerciales de una empresa privada de una de las madres?

Y todo esto delante de las mismísimas narices de la Administración, complacidamente adormecida ante cualquier cosa que suene o huela a “innovador” como un chino en un fumadero de opio. Y una prensa deleznable en proceso de acelerado desmantelamiento que se limita a ser vocero de cualquier cosa que parezca “rompedor”, traidora a sus principios de crítica y denuncia.

La escuela afectada, naturalmente, forma parte del proyecto “Escola Nova 21”, la "Luftwaffe" de la invasión de la Polonia escolar catalana por el business empresarial del “todo a 100 pseudoeducativo”. Es vender, ¡qué digo vender! Es regalar el sistema educativo catalán a los tiburones, buitres y todo tipo de pequeños ratoncitos colorados del business de la “nueva educación”. Esto no es independencia. Es justo lo contrario.



Una escuela del Poblenou busca dinero para hacer una semana en silencio. 
Pararán las clases en todos los cursos y harán actividades relacionadas.

Que los niños dejen de tener clases durante una semana para conseguir que el silencio les deje de dar miedo. Esta es la voluntad de la escuela pública La Llacuna del Poblenou -una de las que tuvieron más lista de espera de Barcelona-,que ha organizado todo tipo de actividades relacionadas con el silencio para la semana del 14 de noviembre. Participarán los 482 alumnos de la escuela -desde P3 hasta sexto de primaria- y los 35 maestros. Es contratarán un total de 27 profesionales externos de fuera del centro de primer nivel.
La escuela ha calculado que el desarrollo de todas las actividades y la contratación de los profesionales costará alrededor de 24000 euros. Concientes que les será difícil conseguirlos, han arrancado un "Verkami de 4000 euros", el resto lo obtendrán por otras vías, que acabará de aquí 15 días. Actualmente ya han reunido casi 1000 euros.
"Queremos poner un poco de luz y enseñar a los niños y niñas a parar", reivindica la ideóloga del proyecto, Ester Rovira, que explica que quieren romper el concepto "de castigo" con el que los niños relacionan el silencio.
El proyecto se engloba en el marco de una serie de talleres que buscan que los niños encuentren "sus propios silencios". Esto quiere decir que la escuela les quiere dar herramientas para que puedan "entender y vivir las experiencias con un ritmo diferente y que se puedan sentir cómodos cuando no se habla", apunta Rovira.
Los talleres se dividen en cinco temáticas, una diferente cada dia de la semana. La intención es dedicar el lunes a la imagen con un "silencio arquitectónico". Se quitará todo lo que hay congando en la pared de la escuela y se cubrirá toda la fachada con una lona que simulará un cielo.
El martes se dedicará al sonido y a la meditación y los alumnos buscarán los mapas sonoros de la escuela.
El miércoles será el dia del movimiento y se harán clases de yoga, performance y danza.
El jueves habrá salidas, entre las cuales destaca el templo budista del Garraf, la capilla Tàpies de la Universitat Pompeu Fabra (UPC) y el monasterio de Santes Creus a Aiguamúrcia.
El viernes hay previso el colofón final con una "columna de silencios" a la Rambla del Poblenou. Esto quiere decir que alumnos, profesores y familias cortarán una de las zonas más concurridas del barrio. El silencio incluso estará presente en la hora de comer. Modificarán media hora el horario y Pepi de Boissieu, que dirige un estudio creativo dedicará básicamente a la alimentación, hará un "menú de silencios" con platos poco cargados.
De hecho, la comida tiene un papel clave en toda esta historia. Cuando hace dos años Rovira fue a comer un dia a la escuela de su hijo quedó impactada por la cantidad de ruido que había.
"Entonces me di cuenta que hacía falta organizar una actividad relacionada con el silencio para que se dieran cuenta de la importancia que tiene", explica la madre, que compartió la idea con el director de la escuela La Llacuna, Jordi Canelles. El la aceptó con entusiasmo. "A los alumnos siempre les digo que a la escuela venimos a hacer cosas difíciles, y por tanto, nosotros nos tenemos que aplicar el mismo mensaje", reivindica.
Reticiencias de los profesores.
Para Canelles, la escuela es un "agente social importante" que tiene que influir en el entorno social. "Tenemos que mostrar al mundo que tenemos cosas que decir y nos tenemos que posicionar", opina el director, que reivindica que hace falta "abrir ventanas en la educación".
Ante esta apuesta transgresora, el director confiesa que el profesorado ha mostrado sus reservas. "Todo el mundo dice que es un proyecto muy chulo, pero después da miedo hacerlo", confiesa. Pese a las dificultades, los impulsores confían en que se pueda hacer. "La semana del silencio no tiene que ser una anécdota, sino que tenemos que hacer que deje un poso sobre otra forma de hacer", concluye el director.


Diari Ara 29/10/2016)

Segona part: http://toomatesbloc.blogspot.com.es/2016/11/pobreza-cultural-la-semana-del-silencio.html


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