martes, 1 de mayo de 2018

Ariel y la Patria Grande de José Enrique Rodó


Hoy se cumplen 101 años del fallecimiento del intelectual uruguayano José Enrique Rodó.


Su obra "Ariel" (Link), escrita en 1900 con apenas 29 años, es un llamamiento a la juventud de toda América del Sur para caminar unida bajo el paraguas moral y espiritual de la herencia cultural griega. Rodó, consciente del peligro de la creciente influencia del pensamiento utilitarista ("jacobino") de Estados Unidos en América Latina, y para evitar el previsible neocolonialismo yanki una vez acabado el colonialismo español, propone el idealismo griego ("arielismo") como casa común cultural de toda América del Sur.

Este pequeño tratado de apenas cuarenta páginas es un cofre de los tesoros.

Tesoros como cuando Rodó nos advierte que la democracia se degrada hasta quedar reducida a un mero lodazal de mediocridad si los ciudadanos se relajan, abandonan su compromiso ético con la comunidad y se encierran en su burbuja de bienestar individual.

"...Encumbrados, esos Prudhommes harán de su voluntad triunfantes una partida de caza organizada contra todo lo que manifieste la aptitud y el atrevimiento del vuelo. Su fórmula social será una democracia que conduzca a la consagración del pontífice "Cualquiera", a la coronación del monarca "Uno de tantos". Odiarán en el mérito una rebeldía. En sus dominios toda noble superioridad se hallará en las condiciones de la estatua de mármol colocada a las orillas de un camino fangoso, desde el cual le envía un latigazo de cieno el carro que pasa..."

Tesoros como cuando nos deja claro que el papel del Estado como eliminador de diferencias entre ciudadanos ha de estar siempre en el inicio de la carrera del desarrollo personal, jamás en la meta de los resultados:

"...El deber del Estado consiste en colocar a todos los miembros de la sociedad en indistintas condiciones de tender a su perfeccionamiento. El deber del Estado consiste en predisponer los medios propios para provocar, uniformemente, la revelación de las superioridades humanas, dondequiera que existan. De tal manera, más allá de esta igualdad inicial, toda desigualdad estará justificada, porque será la sanción de las misteriosas elecciones de la Naturaleza o del esfuerzo meritorio de la voluntad..."

Ahora que en el sur de Europa volvemos a dividirnos en un sinfín de "patrias", "patrias chicas" y "patrias chiquititas", a atomizarnos en cien mil "ciudades-estado" a merced del inmenso poder de la "Gran Alemania", ahora tal vez sea momento de aprender del pensamiento grande de intelectuales como Rodó, su ideal de "Patria Magna" para América del Sur sirva para Europa del Sur.  Yo es que no me sé explicar, pero qué bien habla un tal Alberto Methol Ferré (link):

[...]Al mismo tiempo que aquí emergen Rodó, Ugarte, Blanco Fombona, García Calderón y muchos otros, Ratzel dice en Alemania: los Estados nación industriales europeos están obsoletos, están liquidados, no sirven para más nada, estamos en el ocaso, salvo que nos unamos y formemos una Unión Europea, o sea, un Estado continental, aunque de distinto tipo que los Estados Unidos. Si armamos un Estado continental sí sobreviviremos; si intentamos ser sólo Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, no serviremos para nada. No tenemos las dimensiones mínimas para enfrentar el ser protagónicos en la historia mundial del siglo xx. Esto lo sostiene Ratzel en la apertura del siglo xx. Europa fue tan decadente y tan burra que necesitó cuarenta millones de muertos y dos guerras mundiales atroces para entender algo que, si Ratzel lo entendió y hubo otros que también. lo entendieron, es que se podía entender. Pero las inercias históricas adquiridas, las soberbias adquiridas, los viejos escenarios, los tics que habían generado las antiguas victorias pero que ya sólo iban a engendrar derrotas en el nuevo escenario, todo eso sobrevivió en forma de una irracionalidad terrible: dos guerras mundiales que fueron el fin histórico de Europa como centro mundial en la primera mitad del siglo xx. Ya Ratzel dice en el 1900 que puede haber un competidor de ese Estado continental nuevo de Estados Unidos y que se abría una era de Estados continentales. ¿Y a quién ve Ratzel como competidor? A Rusia. Ratzel había visto el gran despegue industrial ruso de la última década del siglo XIX. El marxismo, Lenin, etcétera aparecieron en Rusia porque el desarrollo industrial había comenzado en forma muy intensa, localizado en seis u ocho centros. En el comienzo de la Primera Guerra Mundial, en 1914, Rusia superaba el producto bruto industrial francés, era más potencia industrial que Francia. Lo que ocurre es que su gigantismo le hacía conservar el aspecto de un mundo campesino, su industrialización estaba como difuminada en esa inmensa masa. Ratzel dice que Rusia es el único país en condiciones de enfrentar a Estados Unidos, si logra superar su heterogeneidad interna de las múltiples nacionalidades, si acelera su proceso de industrialización. Lo afirma al abrirse el siglo. Los rusos lo aceleraron en tal forma que un día, hace.diez años, tuvieron un infarto y quedaron ahi, por la parálisis que les ocasionó finalmente el Estado burocrático colectivista. En el mismo momento que Ratzel pensaba estas cosas aparecen Rodó, Blanco Fombona y otros, que ven que estos paisitos -Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Perú, Venezuela, etcétera- frente a los Estados Unidos somos barcos de papel, no somos más nada, no tenemos ninguna posibilidad de protagonismo histórico. Entonces ¿qué hacer? ¿Cuál es la nueva propuesta? El resurgimiento de la "Magna Patria", como le va a llamar Rodó, o "Patria Grande", al decir de Ugarte, el renacimiento de un horizonte latinoamericano. Ése es el propósito del Ariel. [...]

Rodó escribió cosas tan bellas como esta:

"...Para que la mayoría de los hombres no se sientan inclinados a expulsar a las golondrinas de la casa, siguiendo el consejo de Pitágoras, es necesario argumentarles, no con la gracia monástica del ave ni su leyenda de virtud, sino con que la permanencia de sus nidos no es en manera alguna inconciliable con la seguridad de los tejados..."

murió solo y abandonado en un hotel de Palermo el 1 de mayo de 1917.


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