domingo, 13 de noviembre de 2016

Crónica de la fragmentación educativa: El informe del Síndic de Greuges

El último informe del "Síndic de Greuges" (el equivalente al Defensor del Pueblo en Catalunya) sobre la segregación escolar muestra a las claras la creciente fracturación del sistema educativo catalán.


La Administración traiciona su misión fundamental de luchar contra la desigualdad de clase que hace que los ricos tengan mejor educación simplemente por serlo.

La primera mitad de este informe está dedicada al eje Escuela Pública-Escuela Concertada, denunciando casos como los siguientes:

Página 41: Un centro concertado de Manlleu, que recibiendo 78000 euros de La Generalitat para "no discriminar económicamente ningún alumno en ninguna de las actividades ordinarias del centro que supongan un coste para las familias", envía a los padres la siguiente nota informativa:

"Cuotas mensuales: A causa de la supresión del contrato programa del Departament y los recortes del concierto educativo, para no perder la calidad de la enseñanza, nos vemos obligados a aumentar las cuotas mensuales[...] Estas cuotas se cobran a finales de cada mes. La falta de pago de los servicios escolares hará que el alumno no pueda disponer de los servicios que cubre este importe. La falta de pago de la actividad complementaria hará que el alumno no pueda participar de esta actividad[...]La falta de pago de los gastos escolares hará que el alumno no pueda disponer de los materiales que cubren estos importes."

Página 55: En el verano del 2012 una familia de Barcelona en una situación económica precaria consigue acceder a un piso social en otro barrio de la ciudad. La madre pide para sus hijos plazas en alguna escuela pública del nuevo barrio, pero en aquel momento no hay disponibles y sus hijos son asignados de oficio en un centro concertado.

La incorporación al centro se produce con quince días de retraso porque no tienen el uniforme de la escuela, que tiene un coste de 200 euros por niño. Los niños finalmente son matriculados el 1 de octubre porque la inspectora del centro instó a la directora a cumplir la legalidad. Mediante las gestiones del asistente social del Ayuntamiento de Barcelona y de la intervención del Consorci d'Educació de Barcelona, se consiguió que los niños pudieran ir a la escuela sin uniforme y sin libros, con la humillación que esto supone para ellos. Las quejas de la familia de que los alumnos no eran bien recibidos forzó finalmente su escolarización en una escuela pública en el mes de diciembre.

Desde mi punto de vista, lo terrible no es que casos así se produzcan, sino que la Administración actúe ante estos escándalos como abogada defensora de la escuela concertada. Lo terrible es que la misma Administración, que mantiene la escuela concertada con nuestro dinero, con el dinero de todos, se muestra tibia, pasiva y condescendiente ante estas irregularidades.

Pero todo esto, desgraciadamente no es nada nuevo. La defensa de la escuela privada por parte de la Administración con el dinero público tal vez sea el mayor escándalo de malversación de bienes públicos en España.

Tampoco es ninguna novedad el mantenimiento endémico de la precariedad de la escuela pública, reflejado por ejemplo en mantener año tras año los barracones escolares ¿Cuantos niños en Finlandia estudian en barracones prefabricados? En Catalunya son más de 1000 aulas.


La segunda parte de este informe, de la página 74 a la 140 está dedicado a un nuevo agente segregador: La pedagogía.

La pedagogía, esa cosa que en sus orígenes, hace siglos, tal vez, tuvo un carácter positivo y honesto de potenciar y optimizar la experiencia del aprendizaje, y que en los últimos tiempos ha degenerado en una terrible metástasis que amenaza con destruir todo el sistema educativo.

En la página 72 del informe encontramos una excelente descripción del problema: Lo que se oculta en la exaltación de las bondades de la "innovación" y de los "modelos singulares de centro": Segregación, segregación y más segregación. Una educación más propia de la América de Trump, que por cierto, es un firme defensor de centrar el sistema educativo en "lo local", en la "autonomía de los centros".

Dejo aquí una traducción que he realizado yo mismo. Creo que vale la pena su lectura.


Los límites de la autonomía pedagógica de centro: La orientación e los proyectos educativos de centro a una determinada tipología de alumnado y la distinción de los centros a través del proyecto pedagógico.

Las diferencias de proyecto educativo entre centros van más allá de lo que se puede considerar como admisible desde la perspectiva del respecto a estos márgenes de autonomía pedagógica cuando suponen o generan desigualdades educativas para los alumnos.

Hay que añadir que la diferenciación de los proyectos pedagógicos de los centros, en un contexto de "casi" mercado en el que los centros compiten por la demanda y en el que las familias escogen activamente y lo hacen con parámetros más elaborados y complejos, tiende a magnificarse, como si las diferencias fueran mayores de lo que realmente son. En determinados territorios, las diferencias (que no necesariamente desigualdades) se sitúan más en el aspecto discursivo, de acuerdo con la imagen que cada centro quiere dar públicamente de su proyecto, que de prácticas pedagógicas de fondo, y a veces se acompañan de una serie de relatos alrededor de lo que se puede considerar como una "buena" educación y una "buena" elección de centro que tienen una fuerte carga competitiva con el resto de centros del entorno, desde el momento en que desacreditan las opciones de selección alternativas (y los proyectos pedagógicos alternativos diferentes pero no necesariamente desiguales).

Los relatos que se construyen a partir de la superioridad de unos modelos respecto de otros, por su carácter innovador, por los efectos que generan en el bienestar de los alumnos, por el nivel de exigencia, por los buenos resultados académicos (sin ponderar la composición social) o por otros contribuyen a configurar en el imaginario colectivo un mapa escolar entre escuelas "buenas" y "malas", entre escuelas "activas" y "pasivas", etc... sin que esta "superioridad pedagógica" tenga ningún fundamento en la realidad. En este escenario, los centros que no tienen proyectos singulares, aunque sean consistentes, tienen una posición de más debilidad para atraer familias que hacen una selección activa del proyecto pedagógico (porque los perjuicios hacen que estas escuelas sin singularidades pasen a ser "malas", "antiguas", "pasivas", etc...)

El Departament d'Ensenyament, lejos de combatir simbólicamente estos relatos, se limita a reforzar la necesidad de seleccionar la escuela por su proyecto pedagógico, sin tener presente que las escuelas tienen proyectos pedagógicos que a veces son desiguales (como se ha dicho en el epígrafe anterior), y que a veces las diferencias se construyen socialmente sobre prejuicios (como se argumenta en este epígrafe).

En este punto, hay que añadir que la consideración de lo que es "mejor" o "peor", de lo que es una "buena" o "mala" escuela está muy condicionado por factores culturales y de clase social. Los diversos grupos sociales construyen relatos diferentes, más o menos elaborados, sobre la seleccción de una escuela, y las familias de más capital cultural, que también suelen hacer una selección más elaborada, visten estos relatos pedagógicamente, con lo que se fomenta que la demanda de las diferentes escuelas tenga una cierta homogeneidad social, y especialmente también las escuelas con proyectos singulares.

Pero hay que decir que esta homogeneidad en la demanda de los centros a veces está fuertemente alimentada por los mismos centros. Tal y como se expone en el informe "La segregación escolar en Catalunya (I): la gestión del proceso de admisión del alumnado", hay proyectos educativos de centro fuertemente asociados, explícitamente o implícitamente, a una determinada tipología de alumnado (y de familias).


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