martes, 5 de abril de 2016

De la Generación del 66 a la Generación Z

El artículo “El talento para quien lo trabaja”, publicado en el diario El País el 27 de febrero del 2011 es un buen artículo sobre el concepto de Talento. Pone en tela de juicio la imagen del talento natural, innato, genético, (¡Cuánto daño hizo la película Amadeus!), y reivindica el talento fruto del esfuerzo, del trabajo perseverante, de la tenacidad, la llamada  “Regla de las 10000 horas”: por mucho potencial que se tenga, el éxito se consigue después de practicar y trabajar durante muchísimo tiempo.

Un artículo equilibrado como este, con diferentes puntos de vista razonados, lo encontramos en las páginas de Cultura. Un artículo así jamás lo encontraremos en las páginas de Educación. En primer lugar porque el valor del esfuerzo y del trabajo está totalmente desterrado del lenguaje educativo oficial. Y porque los artículos educativos destacan por su enorme mediocridad.

En La Vanguardia del día 31 de Marzo encontramos esta misma pauta: Encontramos el artículo “La Generación del 66”, del sociólogo Borja de Riquer, en la que se analiza la generación de los estudiantes universitarios en los últimos años del franquismo, aquellos que actualmente se están jubilando.


Una generación luchadora, rebelde, culturalmente sólida, política y socialmente activa, que se empapaba de las influencias de Estados Unidos y del norte de Europa.

Y en el mismo diario y en el mismo día,  pocas páginas después, tenemos el artículo “La revolución de los hijos de Internet” sobre los jóvenes nacidos entre 1994 el 2009, los que próximamente entrarán en la Universidad.


El artículo es pura basura, una cadena de afirmaciones sin la menor justificación, que da a nuestros jóvenes supuestas habilidades, competencias (¡qué asco me da esta palabra!) más que discutibles sin la más mínima justificación.

Por poner un ejemplo de charlatanería y frases rebuscadas:

[...]Como gran diferencia respecto a las generaciones anteriores, está el modo en que las nuevas tecnologías han condicionado su forma de aprender: gracias a internet se han acostumbrado desde pequeños a no depender tanto de padres y docentes para adquirir el conocimiento, a utilizar de manera inmediata fuentes tan dispares en su naturaleza como indiferenciadas en las forma de acceder a ellas, a recibir cantidades ingentes de datos y a discriminarlos con arreglo a su propio criterio[...]


Si lo de "fuentes tan dispares en su naturaleza como indiferenciadas en las forma de acceder a ellas" te parece pura charlatanería, no te pierdas expresiones como "los profesionales más valorados del futuro no serán aquellos que cuenten con una mayor especialización dentro de un campo concreto sino que serán aquellos que sean polímatas y puedan hibridar conocimientos de áreas diferentes" del artículo de prensa original.

Del artículo sólo se salva la fotografía que lo acompaña, una muestra de la terrible dependencia que tienen nuestros jóvenes del teléfono móvil: Sólo viven una experiencia (en este caso un concierto de música) si lo graban, si lo viven EN la pantalla de su móvil.


Pero tal vez lo más inquietante es lo que hay detrás de todo esto. El artículo de la “Generación del 66” está escrito por un eminente sociólogo y historiador, que además habla de su propia generación, mientras que la periodista que firma el artículo de la “Generación Z” se limita a recoger contenidos de un informe producido por Deusto Business School y la consultora Atrevia, es decir, empresas que se dedican a buscar nichos de mercado, a analizar sectores por sus potencialidades consumistas o como mano de obra barata. Es decir, toda una generación de jóvenes que se analiza y estudia por y para la lógica de consumo y productividad capitalistas: Maximalizar el consumo y minimizar los costes laborales.

La llegada de los ordenadores al ambiente doméstico en la década de los 80 significó una oportunidad histórica para superar la cuña productor-consumidor, pues los ordenadores permitían producir y distribuir contenidos alternativos, sin necesidad de grandes infraestructuras. Alvin Toffler, uno de los principales analistas sociales de aquella época, predijo en su libro “La tercera ola” un futuro basado en el conocimiento, que circularía libremente por las futuras redes de comunicaciones.

En los últimos años del franquismo, aquellos jóvenes de la generación del 66, con sus rudimentarias imprentas, con sus fascines, con sus reuniones clandestinas, sin disponer de nada ni remotamente parecido a Internet, fueron capaces de organizarse y de compartir y difundir las ideas que circulaban por el mundo, saltando con imaginación y valentía la censura y el control de medios impuesta por la dictadura franquista. Casi cuarenta años después, la imagen que ofrece el artículo de “la generación Z” es el de una generación cautiva y desarmada, esclava de sus necesidades consumistas y laboralmente sumisa, sin el menor atisbo de conciencia social.

Cuando en el artículo leemos [...]Esos chicos protagonizarán el mayor cambio social de los últimos tiempos, crearán un nuevo mundo, con nuevas reglas, con otros valores, convulsionarán el mercado empresarial y laboral[...] sólo les falta añadir “porque consumirán compulsivamente más que nunca y trabajarán más que nunca bajo las peores condiciones laborales en los últimos tiempos, y encima creerán que viven en el mejor de los mundos posibles”.

En la presentación oficial del informe "La generación Z" queda todo meridianamente claro: [...]Bajo el título de "Generación Z: el último salto generacional", se ha presentado este miércoles 30 de marzo el último estudio elaborado por Atrevia y la Universidad de Deusto, con el objetivo de analizar si las organizaciones se encuentran preparadas para la llegada de los nuevos consumidores y trabajadores[...]. Entre tanto consumo y tanto trabajo cuesta creer que esta generación pueda impulsar algún tipo de "gran cambio social".




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