domingo, 4 de octubre de 2015

Nueva política, vieja educación

El domingo pasado entré en una pequeña escuela rural de Lleida, habilitada como centro electorial del 27S, la cita electoral más importante para los catalanes, pues se han puesto sobre la mesa cuestiones que hasta este momento habían sido incuestionables. La posibilidad de una  independencia de Catalunya respecto de España ha sido sin duda la principal, pero un amplio abanico de partidos minoritarios han ofrecido propuestas políticas alternativas. El resultado es que, en estos momentos, la presidencia de la Generalitat está en manos de un partido político (CUP) de la izquierda radical, caracterizado por su marcado carácter  anticapitalista y contrario a los principios neoliberales incuestinables para los partidos políticos tradicionales (recortes, privatizaciones, desaucios, protección de la banca...)

En la puerta de la escuela un folio informa a los padres y madres de los niños de los precios a pagar por los libros de texto de este curso:





Entre P3 (3 años)  y sexto de primaria (11 años), el precio del lote de libros de texto se mueve alrededor de los 150-200 euros, llegando a la escandalosa cifra de 298.50 euros para los niños y niñas de 1r de básica (6 años de edad).

Este cartel nos dice muy claramente que aunque políticamente "las cosas se mueven" y la sociedad se cuestiona sobre tantos y tantos temas, educativamente vivimos en el más absoluto inmovilismo.

¿Realmente un niño de 6 años necesitará casi 300 euros en libros? No.

¿Realmente una familia necesita comprar todos estos libros a la vez, en septiembre? No.

¿Porqué no se compran estos libros en las librerias de barrio, como cualquier otro libro?

Políticamente no hay el menor interés en cambiar algo que beneficia a todos (todos los editores de libros de texto se entiende, mientras cierran las librerías de barrio).

Que quede claro: Actualmente cada día más y más padres ven con preocupación como los niños están dominados por las pantallas. Televisiones, tabletas, móviles... ocupan de forma excesiva el tiempo y la atención de los niños, incluso los más pequeños. Y los libros son una alternativa fantástica contra la tiranía audiovisual de Internet. En este sentido es estupendo ver, por ejemplo, en las bibliotecas públicas espacios para que los niños y sus padres puedan leer libros juntos, en el suelo, entre cómodos cojines. Entrar en una librería es una experiencia maravillosa que ninguna pantalla podrá nunca sustituir.

Pero los pedidos de libros de texto anuales son otra cosa muy distinta: Es una inyección de dinero a la moribunda industria editorial a costa de la buena voluntad de los padres, padres que jamás dejarán de sacrificarse económicamente por la educación de sus hijos, editoriales que jamás dejarán de exprimir la vaca de los pedidos anuales escolares.

El artículo del diario publico.es


http://www.eldiario.es/cultura/politicas_culturales/voluntad-Wert-negocio-editoriales-educativas_0_432207510.html

es esclarecedor en este sentido, pues nos muestra a las claras cómo la industria editoral española (principalmente tres empresas: Santillana, Anaya y SM) sobrevive por los libros de texto escolares, y que no sólo no está perjudicada por los contínuos cambios legislativos, sino que se precisamente es la gran beneficiada de la endémica inestabilidad curricular española, gracias a la vergonzosa obligación (el invento ignominioso) de "nueva ley educativa, nuevos libros de texto", y una administración educativa sospechosamente pasiva [...]No hay que olvidar que el exministro y principal impulsor de esta ley, José Ignacio Wert, trabajó durante años en el grupo PRISA al cual pertenece la edición del material escolar de la editorial Santillana, que con este nuevo despliegue de libros en el mercado es una de las grandes beneficiadas[...]

Lo peor de todo es que esta tremenda sangría que suponen los libros de texto escolares agota educativamente la escuela, impidiendo tantas y tantas experiencias educativas no comerciales.

Mientras que llevamos años desayunando, comiendo y cenando discutiendo si la Constitución española permita o no la independencia de Catalunya, ¿A quién le importa que la misma Constitución declare la enseñanza básica GRATUITA?

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