domingo, 3 de julio de 2016

Hegemonía y libros de texto

Hace ahora cien años, Antonio Gramchi exhortaba a los trabajadores a no comprar periódicos burgueses. Denunciaba el disparate de que los mismos trabajadores compraran a diario (es decir, financiaran con su dinero) periódicos que eran propiedad de grupos de poder con intereses contrarios a los mismos obreros, y que por tanto siempre relatan los hechos perjudicando los intereses de la clase obrera.


Actualmente en nuestro país nos encontramos con un disparate aún más perverso: Las clases populares financian y mantienen con vida el lobby de las empresas editoras nacionales mediante la compra obligatoria de los libros de texto escolares, y con unos intereses contrarios a la cultura.


Los únicos beneficiados de los contínuos cambios de leyes educativas, que tanto han perjudicado al sistema educativo, son las empresas editoras de libros de texto, puesto que cada nueva ley educativa lleva implícita la substitución de todos los libros de texto escolares por unos adaptados al nuevo marco educativo.

El diario Vozpopuli del dia 26/6/16 recoge las cifras presentadas por la Federación Española de Gremios de Editores de España (FGEE) en su Análisis del Mercado del Libro en España 2015, que no pueden ser más oscenas:

http://vozpopuli.com/ocio-y-cultura/85197-las-cifras-de-las-industrias-culturales-espanolas-el-libro-de-texto-salva-a-las-editoriales-y-el-cine-pincha

[...]Los datos presentados por el Gremio de Editores muestran la importancia en las cuentas actuales del libro de texto no universitarios, cuyo aumento del 12 % en la facturación estuvo marcado por la entrada en vigor de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Ese dato viene arrastrando su efecto positivo desde el año 2014. Entonces, la facturación total alcanzó los 2.195,80 millones de euros, un incremento del 0,6% con respecto a 2013 que tranquilizó y esperanzó a algunos. En ese entonces se vendieron 3,1% más de libros de texto de educación primaria para adecuarlos a la nueva legislación. ¿Cuánto más durará esa variable? ¿Puede el sector confiar su futuro a ese detalle?[...]

Todos los productos culturales bajan (la novela un 4.6%, el cine un 14.1%), el único producto que saca este sector de los números rojos es el libro de texto escolar.

La Constitución Española indica explícitamente que la educación obligatoria tiene que ser gratuita. Sin embargo (ay!) aunque son el principal gasto educativo, los libros de texto no se consideran gasto convencional, los compran y pagan los padres de su bolsillo. Porque si el gasto anual en libros de texto estuviera dentro del presupuesto público en educación, los miles de euros que anualmente se llevan las empresas editoras a cambio de estos libros constituirían un gravísimo escándalo de malversación de fondos públicos.

¿Se imaginan las bibliotecas públicas tirando a la basura todos sus libros para comprar los mismos, pero nuevos, cada año, sólo porque así se beneficia la industria editora? Pues es lo que pasa en los institutos y escuelas de nuestro país.

Pero lo grave es que estas empresas editoras ya no pueden sobrevivir con las ventas normales de libros de texto, y dependen cada vez más del efecto multiplicador de ventas que produce la entrada de una nueva ley educativa, es decir, de un sistema educativo cada vez más inestable, más complejo, más turbio, peor. "Viva el Mal, viva el Capital", proclamaba la bruja Avería.

Cerrando el círculo, detrás de estas empresas editoras se encuentran poderosísimos grupos mediáticos (PRISA, Planeta...) que están contínuamente cuestionando en prensa y televisión el modelo educativo “tradicional”. Grupos mediáticos que no dejan de promocionar la “innovación pedagógica” y un “nuevo modelo educativo” en el que ellos, y sólo ellos, (en todo caso nunca los profesores, figura denigrada en todo momento) tienen las claves del futuro educativo. Individuos como Jose Antonio Marina o la teóloga Carmen Pellicer, pertenecientes a universidades privadas (Nebrija), y con discursos claramente complacientes con el modelo neoliberal de mercado y la iglesia católica, aparecen machaconamente en todos los medios de comunicación con su discurso mesiánico.

¿Qué es un modelo educativo TRADICIONAL? Es un modelo educativo estable. ¿Y qué es un modelo educativo estable? Un modelo que no necesita comprar nuevos y carísimos libros de texto contínuamente. ¿Y qué es un modelo que no necesita comprar nuevos y carísimos libros de texto contínuamente? Un modelo que no interesa a las empresas editoras y mucho menos a las todopoderosas empresas mediáticas que hay detrás.

¿Y qué es lo contrario de un modelo educativo tradicional? Un modelo educativo INNOVADOR. ¿Y qué es un modelo educativo innovador? Es la olla podrida de todas las estupideces pseudo-educativas imaginables, todas carísimas, todas ellas en perjuicio del nivel cultural de nuestros jóvenes, y todas ellas a costa del bolsillo de los padres que, como los obreros a los que se refería Gramci, financian a los que les perjudican. Así como los fumadores financian a las tabacaleras con su futuro cancer de pulmón, los padres financian a las editoriales la futura incultura de sus hijos, y todo con el beneplácito del Estado, complacido en su papel de mamporrero.

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