domingo, 6 de septiembre de 2015

La mochila de la vergüenza

Echemos un vistazo a cualquiera de nuestros jóvenes estudiantes entrando o saliendo de cualquier instituto de secundaria.

En la mano el insustituible y imperdible teléfono móvil “smartphone”, un minúsculo aparatito que se ha convertido en el centro de su vida social (Whasap, Facebook, Twitter...), y en contenedor multimedia de infinitas frivolidades (música, vídeos...) que los jóvenes descargan y comparten una y mil veces sin coste alguno, en centro de ocio de tantísimos videojuegos y pasatiempos.

Y a la espalda, una pesadísima mochila repleta de quilos y quilos de papel: Los libros de texto.



Libros de texto que podrían estar perfectamente dentro del móvil, en cómodos archivos “pdf”, sin necesidad de ningún tipo de conexión a Internet. 

Libros de texto en papel que están en las antípodas de cualquier atención a la diversidad, con unos contenidos mediocres y pagados por los padres a unos precios absurdamente altos.

Unos contenidos educativos que las autoridades educativas podrían realizar en formato digital con un coste mínimo, para que todos los estudiantes pudieran disfrutar de una biblioteca pública digital de libros de texto, con un coste de mantenimiento insignificante.

En el futuro los historiadores analizarán asombrados este momento histórico en el que estamos para intentar comprender semejante absurdo: el porqué teniendo como tenemos a nuestra disposición las herramientas tecnológicas más avanzadas imaginables para almacenar y difundir conocimientos, arrastramos año tras año la pesada losa (la arrastran nuestros alumnos) de los libros de texto en papel. Porqué nuestros jóvenes disfrutan de forma plena de la modernidad de los aparatos tecnológicos pero sólo para el ocio, la vida privada y la frivolidad, mientras que esta misma tecnología está extrañamente expulsada de la cultura y el aprendizaje.

Para intentar comprender esta paradoja puede ser útil el documento que encontramos en la página web de ANELE, el lobby de las empresas españolas editoras de libros de texto:


Este infame documento, firmado por Santiago Muñoz Machado, nada menos que un miembro de RAE, es un ataque directo a cualquier iniciativa educativa que vaya en contra de los intereses comerciales de la poderosa industria editora española.

Este bochornoso documento nos viene a decir por las claras que el negocio de la venta y distribución anual de libros de texto en papel a nivel estatal es un pastel comercial que está por encima de todo, incluso de los intereses culturales y educativos de nuestros jóvenes, y que ANELE atacará cualquier iniciativa que vaya en su contra, todo ello con un lenguaje belicista, militarista y soberbio que da miedo:

[...]La mayor parte de estos programas militan bajo a advocación Bancos de Datos, públicos y privados[...]

[...]Cataluña inventó el programa EDUCAT 1x1, que fue derribado por la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de 20 de septiembre de 2012[...]

[...]Iniciativas distintas y todavía más asombrosas están siendo los intentos de las propias Administraciones autonómicas de crear ellas mismas libros digitales[...]

[...]La resistencia al cambio de libros en el curso 2014-2015 por algunas comunidades autónomas[...]

[...]El último y asombroso frente de resistencia de las Administraciones educativas, y de alimentación del desorden[...]

En este documento, este lobby empresarial asimila las autoridades educativas como competidores empresariales:

[...]Las Administraciones educativas compiten en los mercados en términos que vulneran la legislación de la libre competencia[...]

Este documento, que, repito, está en la portada de la página web de ANELE, tiene párrafos que llegan al delirio del disparate:

[...]He pensado que no se puede idear nada más perverso para banalizar la importancia del libro que no permitir el acceso a su propiedad y obstaculizar la intimidad entre el niño y su primer compañero de aprendizaje. U obligar al estudiante a familiarizarse con un pingajo sucio y deshecho, que es imposible que se gane su afecto.[...]

Es decir: el libro es un objeto maravilloso... siempre que sea comprado, porque si no es un “pingajo sucio y deshecho”. ¡Y lo dice todo un miembro de la Real Academia de la Lengua! ¿De qué “intimidad” habla? ¡Ni que el libro fuera un tampax! Aquí tenemos toda la retórica de un miembro de la Academia al servicio de unos intereses bastardos empresariales. ¡Qué pena!

Como profesor de la escuela pública lo que más rabia me da de este texto no es el poder que tienen estos individos para hacerse escuchar (este documento fue leído en el Senado el 22 de junio), sino la falta absoluta de protagonismo que tenemos nosotros los profesores. Sencillamente no existimos. Como si fueramos vulgares yonkis, compraremos (es decir, haremos comprar a los padres) aquello que nos digan que tenemos que comprar cuando se nos diga que lo hagamos.

Acabo copiando el último párrafo  que no puede ser más claro:

[...] perseguir un supuesto paraíso en el que todos acceden por igual a los libros, pero sin respetar los derechos de autor y desmontando una industria cultural varias veces centenaria. Y todo ello, menospreciando la legalidad. Es posible que una revolución así pueda hacerse, pero habría que medir exactamente la legalidad, los métodos con los que se aplica, y la situación económica y social a la que conduce[...]

En otros países como Italia las editoriales están obligadas por ley a ofrecer la versión de todos sus libros en formato pdf. Y no pasa nada. Aquí parece que son las editoriales las que dictan la ley, o pretenden hacerlo.

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