lunes, 9 de abril de 2018

El fraude del Máster de Formación de Profesorado

Dicen que Matt Damon, el protagonista de The Martian, para experimentar la sensación del vacío absoluto en la superficie de Marte, se matriculó en un "Master de Formación de Profesorado".


El "Master de Formación de Profesorado" es el colmo del fraude educativo, es donde el ominioso chantaje del "calla y paga si quieres trabajar" es más descarado. Y todo para mantener la casta de mezquinos gurús educativos de los "departamentos de pedagogía" que parasitan todas las facultades.

En este sentido os recomiendo el artículo:

"Yo también hice un máster en la URJC y allí descubrí de qué va todo esto realmente"

Como toda burbuja especulativa, la burbuja educativa seguirá creciendo hasta que finalmente colapse, hasta que reviente. Y entonces nos preguntaremos cómo fue posible semejante despropósito, cómo nadie hizo nada al respecto. 

sábado, 7 de abril de 2018

El rector de la Juan Carlos en exclusiva para Antididáctica

Declaración institucional, en exclusiva para Antididáctica, del rector de la Universidad Juan Carlos sobre el caso Cifuentes:


Para aquellos que no dominen la fonética del castellano clásico, dejo aquí la transcripción precisa de sus palabras:

A ver hermosos,
o sea que eso de los exámenes es algo obsoleto,
y que lo de ir a clase es también algo obsoleto,
pero cuando Cifuentes aprueba el master sin ir a clase y sin hacer exámenes,
decís que es un fraude
¡Anda y que os den morcilla a todos!
 
P.D. Antonio Ozores, ese gran antididacta, injustamente olvidado en las facultades de lengua y comunicación de toda España, pero que sin duda tendrá una merecidísima asignatura propia el un futuro "Master de Antididáctica" que tanta falta hace en España.

viernes, 6 de abril de 2018

Las plumas despistadoras (La Vanguardia 5/4/1918)

ESPÍRITU AMBULANTE

Las plumas despistadoras


(La Vanguardia 5 de Abril de 1918)

Las horas de sobresalto y de peligrosa incertidumbre que en estos últimos días hemos vivido los españoles, nos hacen pensar nuevamente en la suma de fuerzas explosivas y de agentes de inquietud que contienen y arrastran las sociedades modernas.

Los que escribimos con asiduidad para el público circulante, a veces nos sentimos perturbadores por la eficacia transtornadora que posean las plumas, y por la especie de inconsciente frivolidad con que las plumas se esgrimen todos los días. No es frecuente en los que manejan las plumas esta clase de perturbación de la conciencia; el profundo egoísmo que forma el cimiento psicológico del artista, ayuda a que los remordimientos sean muy raros y, aunque existan alguna vez, nunca lleguen a confesarse.

¡Cuántas veces nos ha turbado la consideración de que existan en el mundo tan numerosas verdades ocultas y tantos errores triunfantes! Buscamos la explicación de esos tristes fenómenos, y desde luego tenemos que descontar como inservibles las causas más usuales ó admitidas. No podemos acusarnos de pobreza de recursos intelectuales; si la Humanidad no ha descubierto mayor número de verdades y no ha desterrado ya tantísimos errores, no es por culpa de la ignorancia, puesto que la agudeza mental del hombre civilizado es grandísima, y porque la civilización organizada cuenta innumerables siglos de fecha. El progreso mecánico, las maravillas de las artes positivas, los inventos fabulosos é indubitables que apresuradamente logran los sabios, la grandeza y perfección de las ciudades y de las organizaciones civiles, todo eso, tan palpable, tan fuera de rectificaciones ¿no prueba bastante la sutilidad y la gracia de nuestra inteligencia, cuando exclusivamente se propone combinar un tinte químico, construir una rotativa impresora y elevar una torre de hierro ó un aeroplano? Estos triunfos mecánicos y positivos podrán admitir la mejoría, la añadidura, la complicación tendiente a una suma perfecta; pero no pueden ser rectificados. Un sabio de mañana será incapaz de demostrar al mundo que el aeroplano no vuela ni que la torre Eiffel no está verdaderamente firme y erecta.

En cambio, si nos introducimos en el terreno de la especulación científica, si buscamos lo cierto en la filosofía, la religión, la estética, la historia, la medicina, la higiene, entonces el nivel de nuestra inteligencia desciende, y desciende tanto, que apenas si hemos avanzado nada desde los tiempos que apresuradamente llamamos primitivos. Cuando pensamos haber descubierto una verdad, pronto averiguamos que era ya conocida de los pitagóricos, de los platónicos, de los epicúreos, de los estoicos, de los alejandrinos, de los orientales, de los indostanos... Y nuestra actitud intelectual, ¿acaso varía tampoco nada? Los antiguos manipulaban sus teorías, jugaban con sus verdades, y uno venía a rectificar lo que otro mantuvo antes. Las verdades se quitaban como realmente de las manos. Lo mismo que en la política y en todo menester en que se introduce la sed de dominio, el afán de conquista y el amor propio, en el campo intelectual se ejercitaba la malicia, el escamoteo, el soborno y la coacción, y con demasiada, frecuencia también la mentira. Pues todo esto sigue imperando hoy, sin diferencia casi. Y todos los días, en efecto, nos asegura alguien que una teoría sociológica que dábamos por cierta, es falsa; que la doctrina evolucionista falla enormemente; que el vino, al revés de lo que aseguraban ayer, no es perjudicial para la salud... Mañana nos dirán que el contagio no existe; que la raza europea ha venido por la Groelandia, y no por el Oriente ni por el Mediterráneo; que el hombre posee alma, contra lo que se creyó hace poco, y no precisamente un alma, como piensan los espiritualistas tradicionales, ni dos almas, como piensan los guósticos y los orientales, sino exactamente tres almas.

Cuando confrontamos, pues, la desproporción que existe entre la cultura mecánica y palpable de nuestra sociedad animosa y el desconcierto, la constante rectificación de nuestra cultura especulativa, sentimos el prurito de aventurar, (también nosotros) la siguiente hipótesis: Las verdades esenciales que se reserva la Naturaleza y que nos oculta a los hombres, no yacen desconocidas a causa de una voluntad avara, ó adversa de la Naturaleza; las verdades tal vez se ofrecen con tanta expontaneidad como los frutos y fenómenos de la Naturaleza. Es el hombre mismo quien alarma, asusta y aleja a las verdades. El hombre se dirige hacia las verdades lleno de vanidad, de pasión, de egoísmo, de ligereza, de concupiscencia y hasta de afán de juego.



En vez de atraer a las verdades, que estarían propicias a dejarse coger, el hombre las conturba, las atropella, las confunde y las involucra. Además, ¿quién es el encargado de cazar a las verdades? Son los filósofos, literatos, sabios, artistas, aquellas gentes mejor dotadas de sutileza, pero en quienes la imaginación desbordada produce absurdos despistamientos, y que nunca renuncian a interponer sus pasiones de egolatría, su vanidad, su envidia y su codiciosa hambre de gloria.

Si aplicamos ahora este comentario de «la verdad que el mismo hombre aleja de su propia mente» a los sucesos políticos, ¿nos extrañaremos mucho de que ciertas cuestiones públicas, que acaso el último ciudadano resolvería, se compliquen tan embrollada y dramáticamente? Hay para estos casos la costumbre de decir que «política de una nación es muy complicada».., Seguro que así es. ¿Pero no la complican los mismos políticos? ¿No es cierto que la complicación está en las pasiones, vanidades, egoísmos y fiebres de los políticos? Los pueblos, como la Naturaleza, no sienten deseo de ocultar su verdad; son los políticos quienes se esmeran en trabucarla. Y las plumas, sobre todo, ayudan a la confusión. Puesto que hay confusión, más bien que complicación.


Jose María SALAVERRÍA

miércoles, 4 de abril de 2018

Nuevo periodismo y destrucción del conocimiento

El periodismo tiene un papel fundamental en el proceso de degradación y destrucción del conocimiento. En un mundo dominado por las FakeNews, la realidad se entiende como algo incómodo, una rémora del pasado. Lo moderno es crear realidades a gusto del lector.

Si uno puede aguantar la náusea que produce, que es mucha, vale la pena leer el artículo "La enseñanza que castra la creatividad" que, con el valor añadido de estar escrito por todo un catedrático de periodismo, es una magnífica carta de presentación de lo que será el periodismo del futuro como creadores de realidades a gusto del consumidor. Os dejo algunas perlas:

"[...]Hace unos meses este periódico publicó un reportaje sobre si los universitarios españoles cometen más errores ortográficos. No estoy seguro de que sea relevante. Los procesadores de texto corrigen las faltas. [...]"

(insisto, esto lo escribe todo un catedrático de periodismo de la Universidad Carlos III)

"[...]En un mundo cambiante, las universidades no deben ser selectivas, sino inclusivas.[...] La universidad española puede ser criticable pero, en mi opinión, tiene una ventaja: no es selectiva."

[...]En las oposiciones de maestros se valora más conocer las implicaciones sociales de los cuentos (erudición) que crear un relato propio.[...]

En el nuevo periodismo, la clave está en "crear un relato propio". No en el analizar e interpretar "la realidad", no, porque ya no existe eso llamado "la realidad". La realidad la construye el periodista, al gusto de sus clientes-lectores, consumidores de dosis diarias de SUS realidades. Y naturalmente, el principal requisito para desculturalizar la sociedad será exigir un gran nivel de incultura a los periodistas.

Lo que más me horroriza de este artículo es lo mucho que se aproxima a los planteamientos de la novela "1984", de George Orwell.

En el artículo leemos "[...]Todo lo que enseñamos ahora lo hará mejor la Inteligencia Artificial en unos años: desde escribir sin errores hasta estudiar historias clínicas para, a través de análisis químico-físicos, detectar enfermedades. Un algoritmo lo resolverá mejor. No se aprende a crear -arte, ideas nuevas- que es la única manera que tenemos, de momento, de competir con robots inteligentes que dominarán pronto. Un ordenador ya mejora la sintaxis de un texto; incluso redacta un comentario de texto tipo selectividad, pero aún se tardará para que pueda crear ideas originales.[...]"

Las "máquinas de redactar" ya aparecían en la novela de Orwell:  "[...]Julia tenía veintiséis años. Vivía en una especie de hotel con otras treinta muchachas («¡Siempre el hedor de las mujeres! ¡Cómo las odio!», comentó; y trabajaba, como él había adivinado, en las máquinas que fabricaban novelas en el departamento dedicado a ello. Le distraía su trabajo, que consistía principalmente en manejar un motor eléctrico poderoso, pero lleno de resabios. No era una mujer muy lista - según su propio juicio -, pero manejaba hábilmente las máquinas. Sabía todo el procedimiento para fabricar una novela, desde las directrices generales del Comité Inventor hasta los toques finales que daba la Brigada de Repaso[...]"

En general, el desprestigio del lenguaje que promociona el autor del artículo es la destrucción del lenguaje que encontramos perfectamente descrita en "1984":

[...]¿No sabes que la neolengua es el único idioma del mundo cuyo vocabulario disminuye cada día? Winston no lo sabía, naturalmente sonrió - creía hacerlo agradablemente - porque no se fiaba de hablar. Syme comió otro bocado del pan negro, lo masticó un poco y siguió:
- ¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabamos haciendo imposible todo crimen del pensamiento.
[...]

[...]Le estamos dando al idioma su forma final, la forma que tendrá cuando nadie hable más que neolengua. Cuando terminemos nuestra labor, tendréis que empezar a aprenderlo de nuevo. Creerás, seguramente, que nuestro principal trabajo consiste en inventar nuevas palabras. Nada de eso. Lo que hacemos es destruir palabras, centenares de palabras cada día. Estamos podando el idioma para dejarlo en los huesos.[...]

[...]La destrucción de las palabras es algo de gran hermosura. Por supuesto, las principales víctimas son los verbos y los adjetivos, pero también hay centenares de nombres de los que puede uno prescindir. No se trata sólo de los sinónimos. También los antónimos. En realidad ¿qué justificación tiene el empleo de una palabra sólo porque sea lo contrario de otra? Toda palabra contiene en sí misma su contraria. Por ejemplo, tenemos «bueno». Si tienes una palabra como «bueno», ¿qué necesidad hay de la contraria, «malo»? Nobueno sirve exactamente igual, mejor todavía, porque es la palabra exactamente contraria a «bueno» y la otra no.[...]

Incluso el autor del artículo especifica que este proceso no afecta a las ciencias, a las matemáticas: [...]Esto no pasa tanto en ciencias o ingenierías. Ninguna familia discute ecuaciones diferenciales en el desayuno. Las matemáticas es un talento que no depende tanto de la cultura del entorno.[...].

¡Ah! Aquí la realidad, la puñetera realidad es terca y obstinada, para construir una "tablet" o un televisor de plasma no basta con creatividad, se necesitan conocimientos técnicos, precisos, realidades que no necesariamente se adaptan a nuestros deseos... Pero sólo para hacer cosas como teléfonos móviles y coches híbridos. En "1984" ya se tenía en cuenta este hecho, y la neolengua reserva un apartado, el "vocabulario C", para preservar las palabras técnicas necesarias para la ciencia y la técnica: "Vocabulario C: compuesto exclusivamente de palabras científicas y técnicas, pero redefinidas de manera que estuvieran desprovistas de significados 'potencialmente peligrosos'" (de la wikipedia)

El autor del artículo, en su infinita majadería, llega a postular la existencia de una clase social dominante, un "estrato alto", a los que podríamos llamar "los cultos", que además se perpetúan en el poder inculcando la cultura en sus hijos. "[...]La ventaja de la creatividad es que no conoce clases sociales. Los hijos de grandes escritores, artistas o científicos poseen cultura (es algo que las élites pueden comprar) pero no heredan su creatividad. Insistir en la ortografía perpetúa la separación de clases. Solo los estratos altos (ojo, no en lo económico sino en lo cultural; pues, a estos efectos, es más clase alta el hijo de humildes maestros que de constructores millonarios pero sin estudios) manejan un vocabulario rico y hábitos de lectura. Eso no los hace más creativos, ni más listos (Amancio Ortega no tiene titulo universitario pero tiene una gran creatividad empresarial); sino más cultos.[...]"

Inútil es insistir que las élites no pueden comprar cultura, podrán comprar bibliotecas enteras, o pianos de cola, pero no pueden comprar cultura. Toda la diarrea mental de este sujeto la deja sintetizada en una frase definitiva: "Insistir en la ortografía perpetúa la separación de clases". Hay que tener cuajo.


domingo, 1 de abril de 2018

Catalan On The Moon

Leo en Internet que el proyecto americano Apollo necesitó 5230 millones de horas/hombre.

5,232,387,169.17 para ser exactos (Link1) (Link2)

Los catalanes hemos dedicado al "procés" (en estimación propia)

7.5 millones de catalanes
por 2 horas diarias de "procés" por persona (estimación por lo bajo)
por 6 años

7500000 x 2 x 6 = 90000000 millones de horas/hombre.

Dicho así, no parece mucho.

Por regla de tres, los catalanes necesitaremos 350 años de "procés" para igualarles. Todo es ponerse.




"Man on the Moon" también es una divertida película de Jim Carrey sobre la vida del cómico Andy Kaufman, el título se refiere a la canción homónima de REM. Copio de la Wikipedia:

El título, la letra y el vídeo hacen referencia a la teoría de la conspiración del aterrizaje del hombre en la Luna. También hay rumores que afirman que Andy Kaufman falsificó su muerte, en la canción no se hace referencia directa a esto, pero sí a que Kaufman debe ser visto como alguien que tenía algo bajo la manga (citándose esto indirectamente en versos como If you believe there's nothing up his sleeve, then nothing is cool, "Si crees que no hay nada bajo su manga, entonces nada está bien").



Todo esto, naturalmente, It you believe they put a man on the moon...





sábado, 24 de marzo de 2018

Historia 1:1

Me he inventado la "Historia 1:1", léase "historia escala uno uno": Estudiar historia para aprender del pasado, hasta aquí nada nuevo, pero a escala uno uno, es decir, en lo concreto de un día determinado, evitando así la trampa de la generalización, el engaño pedagógico. Aprender historia directamente, sin intermediarios.

Retroceder en el tiempo y situarnos exactamente cien años antes, y mirar a nuestro alrededor,  lo podemos hacer gracias a las estupendas hemerotecas digitalizadas. También podría existir una "Geografía 1:1", conocer la geografía, sí, pero a pie, caminando paso a paso por los caminos y senderos alrededor de un punto concreto, a escala uno uno. Geografía e Historia con mochila y cantimplora.

Leer, por ejemplo, el diario La Veu de Catalunya del 23/3/1918, el diario oficial de la Lliga Regionalista, el partido catalanista fundado por Cambó a principios de siglo.

  

El diario se felicita por la entrada de Cambó como ministro de Fomento en el gobierno español del conservador Maura, la imprescindible integración del catalanismo dentro de la política española:


En la editorial, Cambó señala el principal problema español: La falta de autoridad democrática del parlamento:
 

La debilidad de la autoridad del parlamento español se convierte en un creciente poder de las oscuras, siniestras "juntas de Defensa" militares. La incorporación del catalanismo en la Cortes españolas se entiende como fundamental para fortalecer la autoridad democrática del Parlamento, para evitar que los militares acaben alzándose con el poder, como tristementemente sucedió, finalmente, en 1923, a petición del propio rey Alfonso XIII. Hablaba un amigo argentino de "fracaso de la democracia", en català: "acaba manant la criada".

Decía Cambó: "En España no hay más que un profundísimo deseo de ser gobernados por quienes no lo entiendan por una industria sino por un sacerdocio". Y cien años después, seguimos deseándolo. La palabra prohibida en España,"patriotismo", es decir, la política entendida como sacrificio para la comunidad, y no como medio de enriquecimiento personal. Qué triste es la política española.




jueves, 22 de marzo de 2018

Cotidianas



Cotidianas


Si nuestros abuelos pudieran levantar la cabeza siquiera para convivir de nuevo con nosotros unos días, habrían de volverse á morir del pasmo de conocer el progreso humano en estos últimos cincuenta años.

Les encantaría el viajar en tren, en tranvía ó en automóvil, y por mar en rápido y lujoso steamer; subir á un cuarto piso en ascensor; se admirarían de ver las espléndidas iluminaciones urbanas y las cómodas instalaciones domésticas de la electricidad que da calor, luz y fuerza motriz para mil pequeños usos; se maravillarían de oír un fonógrafo ó una pianola, artificios que atribuirían á arte de encantamiento; se sorprenderían de ver resueltos los entonces arduos problemas de la navegación aérea y submarina; atribuirían á brujería el poder comunicar á centenares de leguas por medio de un sencillo hilo telegráfico ó telefónico, y su sorpresa subiría de punto al poderse comunicar desde tierra con un buque en alta mar.

Se encantarían en un cine al ver moverse las figuras, ellos que tuvieron por gran adelanto los primeros pasos del arte fotográfico. y les caería la baba al conocer los progresos verdaderamente notables de la Industria, de la Mecánica, de la Biología, de la Cirugía, de la Química.

Supondrían muy lógicamente que todos estos progresos y adelantos realizados en interés del hombre, para su comodidad, para su recreo y para defensa y salvaguardia de su vida, misma, habrían atenuado tos sufrimientos y disminuido la mortandad entre el género humano, que habría desterrado definitivamente. las guerras fratricidas.

Y al decírseles que hace cuatro años se están matando entre sí millones de hombres, preguntarían contristados, cómo, en medio de  tanto alarde de civilización y cultura, la diplomacia no ha adelantado un paso en medio siglo.