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sábado, 30 de enero de 2016

Despertad al diplodocus. Talento. Human Age Institute.

Cuando despertó
el Sr. Marina todavía estaba allí


Por primera vez en años he faltado a mi disciplina personal de escribir cada semana una entrada en este blog de Antididáctica. Tocaba escribir sobre el último libro de José Antonio Marina, “Despertad al diplodocus”, un libro que compré en las vacaciones de navidad con el firme propósito de empaparme en las nuevas tendencias educativas de nuestro siglo, con la firme voluntad de no resignarme a ser un profesor “inadaptado".



Este libro es especialmente significativo, pues el Sr. Marina es una persona de renombre en el sistema educativo, postulado entre círculos conservadores para ser el nuevo ministro de Educación. Este libro pretende ser un “libro blanco de la enseñanza”, que marque (¡al fin!) las directrices educativas a seguir más allá de las diferencias políticas entre socialistas, conservadores y nacionalistas, un libro que limpie, fije y dé esplendor a la educación española.

Y la verdad es que ha sido duro leer el libro. Suponía que desgraciadamente sería otro ejemplo más de mesianismo educativo, de retórica grandilocuente, de verborrea pedante, pero lo que encontré supera todo lo imaginable.

El título no presagiaba nada bueno. De todos los animales grandes dentro (y fuera) del el Arca de Noé, para comparar el sistema educativo el Sr. Marina tuvo que elegir precisamente el diplodocus, el animal más pesado, más lento, más inútil y más devorador de recursos de toda la creación. Y encima propone “despertarlo”. ¡No se puede despertar a un animal que está muerto! Como profesor de instituto tengo la sensación de que el Sr. Marina me toma por imbécil. Pero es una percepción personal, he pagado 16 euros por el libro y aún estoy en la portada. Así pues, ¡leamos!

En la breve biografía que aparece en la solapa del libro afirma: “La función principal de la inteligencia no es conocer sino alcanzar la felicidad y la dignidad”. ¡Ah! Por lo que parece, el señor Marina, cual Gandalf el Gris en las montañas de Mordor, ha descendido en las profundidades del espíritu humano hasta llegar a las entrañas más profundas de donde manan la Inteligencia, del Conocimiento, la Felicidad y la Dignidad, para luego volver al mundo de los mortales, ya convertido en “Marina El Blanco” para compartir al mundo la epifanía de su verdad. ¡Y todavía estoy en la solapa del libro! ¡disciplina! ¡leamos!

Les invito a que lean el siguiente párrafo, de la página 21 del libro:

[...]Confieso ser un megalómano educativo, y lo hago sin arrepentimiento ni propósito de enmienda. El proyecto que les presento sin duda les parecerá megalómano, aunque yo creo que es muy sensato. Les animo a conspirar para realizarlo. Durante milenios, los docentes hemos sido una variante del servicio doméstico. Enseñábamos lo que la sociedad nos decía de debíamos enseñar. Éramos unos mandados. Pero ahora, la sociedad está hecha un lío por la plétora de posibilidades. ¿Quién debe decidir lo que debemos transmitir a nuestros hijos y alumnos? ¿los políticos? Tomarán decisiones ideológicas. ¿Los científicos? Tampoco, porque cada uno sabe sólo de lo suyo. ¿Los sacerdotes? No, porque se limitarían a su credo. ¿Los empresarios? Tampoco, porque sólo atentarían al éxito de sus negocios. ¿Los padres? Carecen de perspectiva. ¿Los filósofos? Lo fueron durante mucho tiempo, pero ahora andan distraídos con sus cosas. Entonces, ¿quién? Mi respuesta es que necesitamos una superciencia que se encargue de ello y que, a falta de un nombre mejor, propongo que de se denomine ciencia de la evolución cultural y del progreso educativo. Como ven, es una respuesta claramente megalómana, pero que me resulta sencillo justificar...[...] (Pág. 21)

Esto lo dices tu y te encierran.

[...]Esta situación da un inaudito protagonismo a la escuela, como lugar privilegiado de aprendizaje. Bien es cierto que al hacerlo rompe sus paredes, la hace ubicua, multiforme, un híbrido de realidad y virtualidad. Y que nos va a exigir a los docentes cambios transcendentales y a veces dolorosos.[...] (Pág. 18)

No, señor Marina, usted no es un docente, usted en todo caso fue un docente, que gracias al chollo de la didáctica abandonó la dura “vida obrera” de profesor de secundaria para entrar en la “clase alta” de los expertos y gurús educativos.

Otras píldoras que encontramos en el libro:

[...]Los cambios tecnológicos se irán haciendo cada vez más rápidos hasta “provocar una ruptura en el tejido de la historia humana”. Aparecerá lo que  [Ray Kurzweil, director de investigación de Google] ha denominado la “era de la singularidad”, caracterizada, entre otras cosas, por una relación diferente entre cerebro humano y sistemas de información[...]  (Pág. 17)

[...]Las investigaciones neurológicas de Rosalind Picard y sus colegas del MIT Media Lab muestran que la actividad del cerebro de los alumnos durante una clase magistral es más baja que cuando están dormidos[...] (Pág. 27)

[...]El Google Translate (servicio de traducción inmediata en 90 lenguas) va a hacer innecesario el aprendizaje de idiomas al traducir la voz en tiempo real[..] (pág. 83)

[...]Ya se están comercializando programas de realidad aumentada[...] y dispositivos como Google Glass.[...] Creo que la generalización de esa realidad aumentada va a exigir la formación de una inteligencia aumentada que sepa pensar hibridando procesos neuronales y procesos electrónicos, y que tendremos que enseñarlo en la escuela.[...] (pág. 84)

[...]La política se ve inmersa en los cambios que he detectado en el mundo educativo. Ha de ser policéntrica, vivir en una nueva inabarcabilidad, en un régimen de riesgo, pasar de la jerarquía a la heterarquía, de la autoridad directa a la autoridad comunicativa, del control unilateral a la implicación policontextual...[...] (Pág. 205)

Esta última cita tiene su mérito. Podría proponerse al récord Guinness de la mayor concentración de palabros pedantes y absurdos.

Después de más de 200 páginas de tantas sandeces, uno llega ya insensibilizado a la página 214 donde se afirma la controvertida frase:

[...]Los buenos profesores no pueden cobrar lo mismo que los malos[...] (Pág. 214)

Observen el matiz: Se acepta que existan profesores malos. Y no se trata de que mejoren, rectifiquen, avancen... se trata simplemente de que cobren menos.

El libro está repleto de retórica circular, por ejemplo cuando se habla de la família como motor del cambio:

[...]De todo lo expuesto[(24 páginas sobre la importancia de la familia en la educación)] se deduce una consecuencia buena, otra mala y otra peor. La buena es que los padres pueden mejorar decisivamente la educación y, por lo tanto, el futuro de sus hijos. La mala es que cuando las familias no ejercen esa función, la educación del niño o de la niña se resienten profundamente. Y la peor es que pueden ejercer una influencia malsana. En este caso, los sistemas sociales y educativos deben intentar compensar las carencias familiares. [...](Pág. 145)

Estos ejercicios de demagogia me recuerdan al mítico chiste de Eugenio, aquel que va un hombre al médico y el médico, después de reconocerle, le dice: “¡Uy! ¡hágaselo mirar, esto! ¡hágaselo mirar!”.

En la sopa megalómana que es este libro cabe todo, incluso la autoreferencia cínica:

[...]Ante semejante orgía conceptual y metodológica, muchos docentes sienten la tentación de replegarse a los procedimientos de toda la vida y poner a sus alumnos a salvo de veleidades. Y otros se lanzan a ocurrencias innovadoras que no se someten a evaluación y cuya eficacia está bajo sospecha.[...] (Pág. 52).

(le falta decir ¡pero lo mío es diferente! ¡Lo mío no son veleidades ni ocurrencias innovadoras! Yo soy el mesías que conducirá al pueblo docente a la Tierra prometida)

Pero si vamos leyendo, pues entre tanta logorrea podemos ver algunos conceptos que se van repitiendo insistentemente.

Un eje es el que todo objeto animado o inanimado, material o inmaterial, tiene capacidad cognitiva, y el deber de utilizarla. Aquí superamos (¡y parecía imposible!) la tautología del “aprender a aprender” para pasar a una nueva dimensión metafísica:

[...]No es verdad que la educación desarrolle las capacidades del individuo: crea esas capacidades, que serían inexistentes sin ella. Las escuelas, las empresas, las instituciones, deben ser organizaciones que aprenden.[...] (Pág. 21)

[...]La administración pública también debe aprender[...] (Pág. 203)

[...]En los centros educativos suele haber un jefe de estudios que se encarga del progreso académico de los alumnos, pero debería haber otro jefe de estudios de los docentes, que sería el encargado de investigar y proponer aquellas cosas que deberían aprender los profesores.[...] (Pág. 179) (¡Me encanta la idea!).

Así, no es de extrañar que [...]La gran profesión del futuro va a ser la de “experto en aprendizaje"[...] (Pág. 17)

Pero la palabra clave del libro es “talento”.
Talento
Talento
Talento

[...]Si tenemos el talento suficiente, vamos a ser [los docentes] la profesión de élite. De lo contrario, otros ocuparán justificadamente el lugar que nos correspondía[...](Pág. 18)

[...]Al igual que sucede con las personas, los grupos, las organizaciones, también las familias tienen que desarrollar su talento.[...] (Pág. 122)

[...]En 1992, la consultora McKinsey publicó un libro que causó sensación. Se titulaba La guerra por el talento. Su tesis era que entrábamos en una era en que el talento iba a ser la gran riqueza de las personas y de las naciones, y que era un bien escaso, y que iba a comenzar una guerra por atraer y conservar el talento. En aquel momento, los autores no se percataron de que el talento no es un bien natural, como el petróleo, ni innato, como el color de los ojos, sino el resultado de la educación, que se convierte así en la gran generadora de talento.[...] (Pág. 30)

[....]Una ciudad con talento consigue ayudar a satisfacer esas expectativas, ofreciendo unos servicios públicos de calidad, favoreciendo modos de convivencia y de solución de conflictos satisfactorios, y ofreciendo más posibilidades de ampliar sus posibilidades intelectuales, emocionales, culturas o económicas. En la página de Ciudades con talento...[...]  (Pág. 157)

Y el talento nos lleva a una institución: “Human Age Institute”:

[...]Hace un año, el Human Age Institute, una iniciativa impulsada por la multinacional Manpower para fomentar una cultura del talento, me encargó que elaborara un Handbook sobre ese tema. La palabra talento se usa mucho en el mundo del management. Se habla de la economía del talento, de la gestión del talento, de la guerra por el talento, del talentismo como nuevo avatar del capitalismo. Hay una preocupación mundial por la escasez de talento, y se publican anualmente muchos indicadores sobre el talento de las naciones.[...] En el Handbook of Talent tuve que empezar por definir esta palabra, que no tiene rigor científico. Talento es el buen uso de la inteligencia, es la inteligencia triunfante.[...] El talento no es una posibilidad: es un acto.[...]
Propongo definir el talento como la inteligencia que elige bien sus metas y moviliza la información, gestiona las emociones y ejerce las virtudes ejecutivas necesarias para alcanzarlas [...] El talento no es un don innato. Eso, en todo caso, lo serán las “altas capacidades”, que se desarrollan como talento o no. El talento sólo existe después de la educación, que se convierte así en generadora de talento. Eso da una relevancia especial dentro de una sociedad a los docentes. Somos generadores de talento, que a su vez es la riqueza de las naciones.[...](Pág 182)

¡Atención aquí!  Entre tanta maravilla (mi preferida es “El talento es la inteligencia triunfante”), aparece “Human Age Institute”.


“Human Age Institute” es una fundación dedicada íntegramente al estudio del talento. Y esta fundación es una iniciativa de Manpower, una de las multinacionales más importantes del trabajo temporal.

Y el sr. Marina es mentor del área Filosofía del Talento y Educación para el Talento de dicha fundación.

De la página web de Human Age: Se trata de la mayor iniciativa del talento de nuestro país. Un proyecto sin ánimo de lucro impulsado por ManpowerGroup, que nace con el objetivo de ser un nodo que aglutine a las personas más relevantes en el ámbito del talento. Un lugar donde se genera opinión de referencia, rigurosa, relevante, profesional y académica. Todo ello bajo una visión holística, ética y solidaria del ser humano. Human Age Institute nació el 25 de septiembre de 2014 y su actividad está abierta a toda la comunidad sobre el talento.


De una entrevista a Raúl Grijalba, director General de ManPower en España: [...]De hecho, hemos emprendido el que considero que es el mayor proyecto que existe en este país sobre el talento. A través de una Fundación, que se llamará Human Age Institute, hemos aglutinado todo el conocimiento sobre el talento de una forma holística (tanto lo que sabemos en ManpowerGroup como lo que saben los principales expertos en educación, liderazgo, selfmanagement, impacto de tendencias…) para expandirlo y ponerlo a disposición de las compañías y los candidatos, para ser capaces de ayudar a que exista una mejor conexión en el mercado y, en definitiva, promover más posibilidades de alinear las búsquedas[...]

Repasemos ahora todo pero hacia atrás: Una de las mayores multinacionales del trabajo temporal tiene a bien desarrollar una Fundación para el estudio del talento. En dicha organización figura el Sr. Marina, que se postula como el próximo ministro de Educación y Cultura del gobierno de España. Y el señor Marina escribe un libro en el que el concepto de “talento” (totalmente nuevo) será eje central de todo el sistema educativo futuro. Y pide la complicidad de toda la sociedad para conseguirlo.

Como ejercicio mental podría ser interesante reflexionar sobre las similitudes y diferencias entre una empresa de trabajo temporal (ETT) y una escuela.

Ambas las podemos situar entre la sociedad y la empresas, podríamos decir que ambas instituciones sirven de intermediarios entre la sociedad y el mundo empresarial. Como el propio sr. Marina afirma en su libro,

[...]Es aquí donde el mundo educativo-incluidos, claro está, los ministros y consejeros de Educación- deberíamos ser humildes y aprender. En investigar esta pedagogía de las organizaciones y en ponerla en práctica, las empresas han gastado mucho más dinero y mucho más talento que el sistema educativo. De ahí mi interés en aprender de ellas[...] (Pág. 183)

El Sr. Marina también ha aprendido mucho del ejército norteamericano, como podemos leer aquí.

Podríamos deducir que las grandes multinacionales del trabajo temporal saben mucho más de formación y de empleo que el sistema educativo. Y podríamos especular en un futuro en el cual el propio sistema educativo fuera parte de las empresas de trabajo temporal. En el que los profesores fueramos contratados y gestionados por la infinita sabiduría de estas multinacionales. En el que los alumnos fueran formados por sus directrices. Sería un mundo perfecto... desde el punto de vista de una multinacional del trabajo temporal, que al fin y al cabo es la que está detrás de todo esto.

[...]Una de las disfunciones más graves de nuestro sistema educativo es que se está convirtiendo en una fábrica de parados.[...] (Pág. 29)

La sentencia anterior tendría así su recíproco: “Una de las funciones más importantes de las empresas de trabajo temporal es que dan empleo”. Así pues, ¿porqué no dejar todo el sistema educativo en manos de las empresas de trabajo temporal?, que tanto conocen el mundo empresarial.

Podríamos recuperar la idea de las antiguas Colonias Industriales, en las que los hijos de los trabajadores se formaban en la propia Colonia para aprender exactamente el oficio que tendrían más adelante en la misma Colonia, para casarse y tener hijos sin salir de la colonia, en un proceso infinito, perfecto a sí mismo, pero todo a una escala planetaria.

Y ¿porqué no? Especular en una única y suprema “Empresa De Trabajo Temporal Mundial Universal”, que gestiona toda la formación y educación perfectamente sincronizada con el mundo empresarial global, que si bien está en perpetuo cambio, siempre es igual a sí mismo.

En todo caso, ninguna necesidad hay de escuchar lo que diga el sr. Marina. Más vale aprender de los que mandan, de los que están detrás: de “Human Age” y de “ManPower”. Yo estoy por enviarles mi currículum, a ver si me cogen... ¡Con el talento que yo tengo!


domingo, 11 de octubre de 2015

El batido de las competencias y el caso Volkswagen

El último anuncio de la multinacional Nestlé es alucinante: Utilizar y reivindicar la imagen de la madre “mala” que hace comer a su hijo la verdura... para vender un potingue químico azucarado que es la pura antítesis de una sana alimentación.



“Si algún día tu hijo te dice que eres una madre mala es que eres muy buena, porque alimentarles bien no siempre es fácil” se oye mientras vemos a una madre obligando a comer un plato de verduras a su hijo. Igual que hizo su madre con ella cuando era pequeña, y la madre de su madre, generación tras generación. Unas verduras que aunque no tienen el sabor de un batido azucarado industrial, alimentan, son sanas y muy baratas.
El niño,con la boca llena de verdura, diciéndole "mala" a su madre. Hace años, al niño le hubiera caído un buen "batido"...

Y todo esto para vender un producto “Meritel Junior” que es exactamente la antítesis de todo esto: Un batido hiperazucarado, carísimo, totalmente artificial pero de intenso sabor para “compensar” precisamente las carencias vitamínicas que tengan los niños que no comen las verduras.

Por un lado tenemos una alimentación “tradicional”:
  • Obligación, disciplina de comer verduras (poco sabor, o sabor desagradable al niño).
  • Producto barato no industrial basado en el mercado de proximidad.
  • Cultura alimenticia basada en los padres y los valores familiares.
  • Recetas “de toda la vida” sencillas (cocidas, salteadas, crudas)
  • Contenido rico en vitaminas naturales.

Por otro lado tenemos el batido “Meritel”:
  • No se necesita obligar, no se requiere disciplina de “sentarse a la mesa” (Sabor intensísimo hiperazucarado)
  • Producto carísimo industrial de una multinacional.
  • Cultura alimenticia basada en expertos nutricionales.
  • Sin preparación: solo hay que echar agua.
  • Contenido en vitaminas artificiales.

Dos formas de entender la alimentación diametralmente opuestas, pero que gracias a la “magia” de la publicidad se mezclan y justaponen frenéticamente hasta generar el mensaje deseado por la empresa: “Si quieres alimentación sana... compra potingues industriales”.

En la educación actual pasa lo mismo con las “competencias básicas”.

Por un lado tenemos el aprendizaje “tradicional”:
  • Obligación, disciplina por parte del alumno en aprender conceptos, contenidos.
  • Materiales didácticos baratos, de hecho actualmente a un coste cero, totalmente amortizados después de años y años.
  • Formas de enseñar “de toda la vida”, la lección magistral, con participación activa de los padres.
  • Asignaturas llenas de contenidos culturales

Por otro lado tenemos el substituto del “aprendizaje competencial”:
  • Los contenidos se aprenden "sin esfuerzo", “entran solos” (alumnos “hipermotivados”)
  • Materiales didácticos carísimos, en manos de multinacionales editoriales que sólo ellas saben qué hay que explicar y que cambian constantemente.
  • Formas de enseñar “revolucionarias” que sólo los "expertos" parecen conocer.
  • Destrucción total de la división en asignaturas: Los contenidos se aprenden en un batido informe: “aprendo cualquier cosa en cualquier momento en cualquier asignatura”...

Y sobre todo una campaña mediática brutal para imponer la idea de que la enseñanza basada en competencias es la única posible, sin la más mínima posibilidad de la más mínima posición crítica: El aprendizaje tiene que ser para el niño como el darle un batido hipervitaminado e hiperazucarado industrial. Todo lo demás es la tortura infantil de comer verduras.

La Vanguardia del 23/9/2015 lleva un editorial sobre educación:


en la que podemos leer:

[...] La OCDE define las competencias (o habilidades) como el conjunto de conocimientos, capacidades y atributos que toda persona puede adquirir y que le permiten desempeñar de forma adecuada y consistente una determinada actividad o tarea, susceptibles de desarrollarse y ampliarse posteriormente a través del aprendizaje[...]

Es la OCDE, una institución internacional de carácter marcadamente neoliberal, la que define las competencias. En realidad no es una definición, puesto que habilidades, conocimientos, capacidades y atributos que toda persona puede adquirir y que le permiten desempeñar de forma adecuada y consistente una determinada actividad o tarea, susceptibles de desarrollarse y ampliarse posteriormente a través del aprendizaje... Es cualquier cosa, es todo. A ver quien es el guapo que es capaz de decir qué no es un conocimiento, capacidad o atributo que toda persona puede adquirir y que le puede permitir en algún momento desempeñar de forma adecuada... bla, bla, bla...

Es decir, hasta aquí estaríamos hablando de un ejemplo más de retórica pedagógica tan pomposa como vacía, típica de la didáctica, nada más.

Pero el editorial continua:[...] Las competencias, en un mundo tan acelerado tecnológicamente como el actual, se han convertido en el elemento impulsor clave del éxito económico y del bienestar personal en el siglo XXI, en la medida que impulsan la productividad y el empleo de calidad[..]
 
Un mensaje que serviría igual para vender un producto educativo, un complemento vitamínico o una bebida energética.

Hasta ahora, “el elemento impulsor clave del éxito económico y del bienestar personal en la medida que impulsan la productividad y el empleo de calidad” tenía un nombre: se llamaba Cultura. Y las personas se dividían en cultas e incultas. Y la cultura es adquirir conocimientos, con estudios, con asignaturas, mediante esfuerzo y disciplina personal.

Pero ahora no, ahora hay que vender el nuevo producto “competencial” basado en la negación absoluta del esfuerzo del alumno (productos didácticos motivadores, “hiperazucarados”). Y para venderlo hay que mezclarlo bien mezclado con un montón de conceptos que más bien son deseos, resortes emocionales: “bienestar personal”, “éxito económico”, “productividad”, “empleo de calidad”... ¿Quién puede rechazar todo esto? Como diría Groucho Marx, yo quiero todo esto... ¡y dos huevos duros!

Me pregunto cuales son los referentes educativos para este nuevo escenario de “bienestar personal” basado en el “éxito económico” y la “productividad”. Ya no serán, esto está claro, las personas cultas, los sabios, no. Serán individuos como los ingenieros y directivos de la multinacional Volkswagen, que manipularon durante años los motores de los automóviles que fabricaban para engañar los sistemas de medición de humos contaminantes, para mayor gloria del “éxito económico” y la “productividad” de la compañía. Propongo traer a estos ingenieros y directivos a nuestras escuelas e institutos para que compartan con todos nosotros, profesores y alumnos, sus "competencias y habilidades", para que nos hablen de su altísimo nivel de competencia y sobre todo de su sin duda altísimo nivel de “bienestar personal” alcanzado. Todo un ejemplo para nuestros jóvenes.Un mal ejemplo.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Neoliberalismo contra la escuela (PISA)

Leemos en “El Periódico de Catalunya” del 26 de Agosto del 2015, en la presentación del nuevo currículum de Secundaria catalán:

Irene Rigau (Consellera de Ensenyament): “Los nobres de las asignaturas son casi los mismos y apenas cambian los horarios y los temarios. Lo realmente nuevo en este decreto es el cambio de modelo metodológico que plantea[...] que se rige por el principio competencial que recomienda la OCDE[...]”.

Es curioso que una nación como Catalunya, que en estos momentos se encuentra en pleno debate de reivindicación soberanista, supedite su modelo educativo a una institución internacional como es la OCDE, de la que, por cierto, sabemos tan poco.

En esta “adaptación a la OCDE” el concepto clave es “competencias básicas”. Todo el nuevo currículum gira entorno a las “competencias básicas”. Ya no se estudian contenidos, sino competencias. Se aborrece de forma radical el objetivo clásico de la educación, la acumulación de saberes, para formar individuos “competentes”, aceptando el dogma neoliberal de que en el futuro “los individuos ya no serán remunerados por lo que saben, sino por lo que saben hacer”.

Las “recomendaciones de la OCDE” giran entorno a su producto educativo estrella: Las pruebas PISA. Estas pruebas, que la OCDE desarrolla cada tres años desde el 2000 en más de 65 países de todo el mundo se han convertido en el referente mundial de evaluación y comparación internacional de sistemas educativos.

El libro de Julio Carabaña “La inutilidad de Pisa para las escuelas” es un estudio crítico de estas pruebas y a las políticas educativas que pretenden utilizar PISA como instrumento de mejora de sus sistemas educativos.En el capítulo 4 de este libro el autor analiza el concepto clave de las pruebas PISA: la palabra inglesa “Literacy”.

Literacy sería lo que en español entendemos por Alfabetización.Ahora bien, la palabra “literacy” permite estar acompañada por una serie de complementos que su equivalente español “alfabetización” no permite: Podemos hablar de  literacy (lo que entendemos por alfabetización, es decir, la capacidad de un individuo para entender un texto), pero también permite la “numerical literacy” que sería la capacidad de un individuo para entender mensajes numéricos, que en español se podría traducir por “alfabetismo numérico”. Así podríamos hablar de “analfabetos numéricos”, que serían aquellas personas que son incapaces de entender documentos con gráficos, fórmulas, tablas numéricas, etc...

Las posibilidades del concepto inglés “literacy” son infinitas, permitiendo por ejemplo hablar de “digital literacy”, es decir, de las capacidades de las personas para poder entender mensajes dentro de canales informáticos.

Es el concepto inglés “literacy” el que se traduce en español por “competencias”.

La OCDE declara desde el primer momento que su objetivo no son los saberes, todo aquello que se ha aprendido, sino la capacidad de los estudiantes para poder aplicar estos aprendizajes a situaciones de la “vida real”:

La evaluación directa del conocimiento y destrezas al final del periodo de educación básica permite al proyecto OCDE/PISA examinar el grado de preparación de los jóvenes para la vida como adultos y, hasta cierto punto, analizar la efectividad de los sistemas educativos. La meta del proyecto consiste en la evaluación del rendimiento de los sistemas educativos en relación con sus objetivos subyacentes (tal y como los define la sociedad) y no en relación con la enseñanza y aprendizaje de un cuerpo de conocimientos. Esta medición de los resultados auténticos es necesaria si se pretende animar a los centros y a los sistemas educativos a centrarse en los retos actuales (OCDE, 2000:24)

A la OCDE le importa un rábano lo que saben o dejan de saber los ciudadanos, y así lo manifiesta sin ningún tipo de pudor. Lo que analiza es el grado de capacidad de aplicación de estos aprendizajes a la “vida real”.

Y aquí llegamos al “corazón de la bestia”: ¿qué entiende la OCDE por “vida real", por "retos actuales"?

No podemos dejar de tener en cuenta que en la OCDE la “C” no es de “cultural”, ni la “E” es de educativa, ni la “D” es de democrática. Estamos hablando de una organización de un marcadísimo carácter económico, capitalista, neoliberal, cuyo objetivo es buscar la máxima competitividad laboral en un contexto de globalización internacional.

Llegados a este punto es imposible permanecer “neutros”. Cualquier paso en el estudio de las pruebas PISA nos lleva inexorablemente a aceptar que para la OCDE el aprendizaje, entendido en su forma “clásica” de acumulación de saberes es no solo inutil, sino ya manifiestamente perjudicial para el futuro laboral de nuestros jóvenes, que la escuela debe abandonar su pretensión de llegar la cabeza de los jóvenes de contenidos y saberes, pues estos son considerados auténticos “lastres” mentales.

Un sistema empresarial que pretende trabajadores "alfabetizados" pero incultos. ¡Pero si esto es más viejo que el cagar sentado! ¿Acaso no era el sentido del sistema educativo precisamente luchar CONTRA semejante pretensión?


Hay que remarcar que no estamos hablando en ningún momento del clásico debate sobre contenidos teóricos vs. contenidos prácticos. En un gag de la serie “Big Band Theory” encontramos a un ingeniero, dos físicos y un astrónomo que van en un coche. El coche se para. Todos conocen perfectamente como funciona un motor de explosión de un automóvil, pero ninguno tiene la menor idea de como arreglarlo.


Es obvio que una de las decisiones más importantes que una persona debe asumir en su vida es qué estudiar, y si sus futuros aprendizajes serán teóricos o culturales (y mal remunerados), o más bien prácticos, aplicados (y bien remunerados). ¿Un buen nivel cultural o una buena nómina a fin de mes?

Pero este no es el debate que plantea la OCDE. La OCDE da por muerta cualquier posibilidad de alternativa, de reivindicación de la cultura por la cultura. Se puede aprender una cosa u otra, pero dejar de aprender, aprender menos, ser más ignorante, es un camino que no lleva a ningún lado. Axiomas educativos como el “aprender a aprender” son puras tautologías lógicas: no te puedes comer tu propio hambre.

Pero pongámonos en el "mejor" de los escenarios: aceptemos por un momento las pretensiones de la OCDE y todas sus “recomendaciones”, y lancemos todas nuestras pretensiones culturales a la hoguera de las vanidades de la productividad empresarial. Convirtámonos en el “capital humano” que pretenden los empresarios. ¿Realmente la OCDE va a garantizar una buena posición económica para nuestros jóvenes? ¿No son acaso estos mismos expertos los que han sido incapaces de preveer ninguna de las crisis económicas que han sucedido en los últimos años?

Si estos pretenciosos gurús de la OCDE no aciertan en sus pomposas “recomendaciones”, nos encontraremos en el futuro con una sociedad con tanto paro y precariedad laboral como ahora... y con un nivel cultural penoso. ¿a quién exigiremos responsabilidades? A ellos seguro que no.

Por increíble que parezca, al mismo tiempo que el empobrecimiento cultural de nuestra juventud es cada vez más notorio, los currículums se van reduciendo más y más, se eliminan de la enseñanza más y más asignaturas “humanísticas”, y las asignaturas que permanecen están sometidas a una terrible presión para adaptarlas sólo a “situaciones reales”, es decir, desproveerlas de todo contenido propio 





Finalmente, el experto en educación E. D. Hirsch desarrolló en los años 50 el concepto de "cultural literacy", para reivindicar el conjunto de saberes que todo individuo ha de atesorar para poder ser un ciudadano de pleno derecho. El círculo se cierra y volvemos a la necesidad de atesorar conocimientos, y la escuela como el mejor sitio para recibirlos.